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Dejen en paz a 'The Hour', esto no es 'Mad Men'

Si le han hablado de The Hour como ’la nueva Mad Men británica’, se la han colado. Ya, ya sé que el sambenito se lo endosaron hasta en la BBC, y que es imposible leer algo sobre la producción británica sin mentar a los Draper y compañía. Pero es una comparación tan ramplona como afirmar que la uva es la versión frutal del huevo, porque ambos son redondos y se comen.

Similitudes, haylas, aunque sean superficiales: Mad Men y The Hour están ambientadas entre los años cincuenta y sesenta, son elegantes y nos remiten a esos tiempos en los que nada se hacía sin encender un cigarrillo tras otro, dándole duro a la botella del cajón del escritorio. Tienen un protagonista atractivísimo y una estética fetén. Y ya. A partir de aquí, conviene que dejemos de mirar a The Hour como la hermana pequeña y británica de los ejecutivos de Madison Avenue, para juzgarla por lo que es: una estupendísima serie de la BBC con personalidad propia y galones más que suficientes para ser tenida en cuenta.

Corre el año 1956, y la crisis del Canal de Suez está a punto de estallar. En el Londres convulso de la época, la BBC decide alumbrar un nuevo programa informativo, The Hour, más arriesgado y rompedor. La trama principal bebe del cine clásico remozado con toques contemporáneos: los periodistas investigarán sucesos aparentemente inconexos y acabarán envueltos en una trama de espionaje y secretos de Estado, al estilo del thriller político de los setenta. Raciones de topos, presiones políticas y juego sucio. Pero no sólo es esto, ni mucho menos. Como suele ser habitual en la BBC, el plato fuerte son los personajes, secundarios incluidos.

Al frente del equipo está la bellísima Bel interpretada por Romola Garai (estupenda ‘Sugar’ en The Crisom Petal and the white) , ganándose su estatus de actriz de moda a golpe de traje de época. Productora con garra que tratará de desenvolverse en un mundo de hombres con pocas ganas de ponerle las cosas fáciles. Robando planos y enamorándonos un poco más, entra en escena un repeinado Hector Madden (Dominic West), el presentador del espacio cuyo personaje va ganando enteros cuando más avanza en su espiral autodestructiva. (Seguimos prefiriendo la dipsomanía de Mcnulty que aquellos peinados que lucía en Appropriate Adult). El tercer componente del trío es para mí la verdadera joya protagonista: el incombustible Freddie, tan enamorado del periodismo como de su amiga Bel. Ben Wishaw vuelve a romper las costuras del personaje como ya hizo en la maravillosa The Hollow Crown, presentándonos al periodista entregado y avezado, al que aún le guían la fuerza de sus convicciones y sus sueños. Exasperante a ratos y enternecedor a tiempo completo. Mi actorazo del año.

Entre los muchos méritos de The Hour, destaca el haberme hecho disfrutar y emocionarme con la manida trama del triángulo amoroso, que en contadas ocasiones tolero. Esta se merece la excepción. Si la dinámica entre Bel, Freddie y Hector les suena a Al filo de la noticia, han dado en el clavo, porque está inspirada en ella, a la que hace un dignísimo homenaje.

En el plantel de secundarios deslumbra esa Lix Storm (Anna Chancellor), periodista curtida que se las sabe todas, con la facultad de invisibilizar al que comparta escena con ella. Su pasado nos intriga, nos inquieta con las breves píldoras que se adivinan: queremos ración doble de la workalcoholic que es mucho más que una Bel dentro de 20 años. (Mini-espoiler: en la segunda temporada nos calman un poco la avidez).

El equipazo trata de sacar adelante un programa demasiado valiente para la época y en una BBC controlada por un poder político tambaleante. Aquí radica otra de las virtudes de The Hour: la valentía de retratar a la cadena pública como un fétido entramado de intereses y chanchullos políticos, precisamente en un momento como el presente en el que la BBC atraviesa una profundísima crisis de credibilidad. Ni hagiografías ni dulcificaciones… No, mejor no hacer paralelismos con la versión española.

Repasemos: tenemos intriga, suspense, espías, periodismo, corrupción política, dosis justa de melodrama y mucho thriller. ¿Más? Pues sí, hay más. El retrato de la sociedad de la época -o más bien de las sociedades- aunque en ocasiones superficial, también consigue cogernos por la solapa. Y no tanto lo que dice, como por lo que sugiere y deja en el aire: el difícil papel de la mujer en un un mundo cambiante, los estándares sociales, los retos de una Londres que empieza a ser multicultural, las heridas abiertas de la guerra, el alcoholismo, las transformaciones del periodismo…

Con una ambientación de nota y una atmósfera cuidadísima, The Hour recrea un momento histórico que, sin llegar a ser protagónico, sirve de telón de fondo para el desarrollo de las tramas principales. En general, salvo algún patinazo concreto, la serie nos emociona sin empalagar y nos intriga sin hacernos trampas. Es ambiciosa, pero no compleja, y consigue superarse en cada episodio.

Por si aún no les tengo de mi lado, acabaré diciéndoles que además, The Hour cuenta con las mejores virtudes de la seriefilia británica, cuya máxima es el menos es más. Pocos episodios, bien trazados, sin paja, ni añadidos, y libres de condimentos innecesarios. La verá y la devorará.

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