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'Appropriate Adult': lo que te pasará si escuchas al asesino

Por un segundo, imagínense ser el abogado de un asesino. Véanse a sí mismos pasando horas junto a él, preparando su defensa; escuchando cómo ha dado muerte a sus hijos, cómo ha violado jóvenes, o dónde ha enterrado sus cadáveres. Cómo les ha descuartizado. Ustedes, mientras, toman nota. Sienten frente a ustedes al ser más despreciable que puedan idear, y visualícense reprimiendo la naúsea, superándose por la pura maldad humana. Esta ensoñación tiene una escapatoria posible, es cierto: que actuaran de oficio, o que por cualquier circunstancia, no tuvieran más remedio que lidiar con la desagradable tarea.

Pero, ¿qué ocurriría si ustedes, ciudadanos de bien, padres y madres ejemplares, se presentaran voluntarios para ello? ¿Si accedieran a sentarse junto a un asesino despiadado, a escucharle, e incluso, a ayudarle? A empatizar con él. Sin contrapartida económica. Si estuviéramos en Reino Unido, ustedes podrían ser un Appropriate Adult, una especie de asistente social que se les asigna a los menores de edad ó adultos con dificultades de comprensión, para explicarles los términos legales de su acusación, aconsejarles y confortarles.

A través de esta extraña figura legal, la cadena británica ITV nos presenta la reconstrucción del caso de uno de los asesinos en serie más célebres de la historia, Fred West. Cualquier parecido con un “TV Movie – Basado en hechos reales” a la española es sólo pura coincidencia, básicamente porque esta es buena. Mucho. Muchísimo. Tanto, que haré titánicos esfuerzos que no se me escape eso de que es una joya de la pequeña pantalla, tal es mi estado de fascinación.

La historia arranca con la detención del asesino de Glouchester, interpretado por un enorme Dominic West; que se merece subir al Olimpo de los actores tanto como su peluquero arder en las llamas del averno de los estilisas. (Todo sea por la caracterización). Era difícil, pero ha conseguido ‘matar’ a McNulty, haciendo que a los pocos minutos de la serie nos olvidemos del Policía perdedor de The Wire, para descubrirnos completamente consternados por el extraño psicópata, aterrados, y culpablemente enternecidos a la par.

Al contrario que Dexter, la historia no nos es narrada desde la perspectiva del asesino, sino desde el de su Appropriate Adult, Janet Leach, una madre con todos los problemas del mundo que se estrena en la colosal tarea de comprender al asesino, y ayudarle en todos los interrogatorios en los que detallará sus crímenes. La desvalida mujer interpretada por Emily Watson (habría que investigar qué les da Lars Von Trier para dejarles ese rictus de desgraciada perpetua) sobrepasará todos los límites posibles, atrapándose sin remedio con los demonios de un psicópata, y acosada por los propios, vinculada sin remedio con él.

Si hubiera que definir con un solo adjetivo la sensación que provoca la serie, lo tengo claro: Espanto. Puro y duro, descarnado. A los que, como yo, desconocían la historia de la Casa de los Horrores británica, el impacto será demoledor, y doble: el de la narración real de los crímenes, y el del insólito relato del matrimonio West.

A la izquierda, la pareja real: Fred y Rosemary. A la derecha, su recreación en la ficción.

Durante veinte años, Fred y Rosemary asesinaron a al menos dos decenas de mujeres y niños –sus hijas, entre ellos- , que enterraron en el jardín de su casa.  Violadas, torturadas, y despojadas de sus bebés cuando aún estaban en sus vientres. La ITV nos ahorra las vísceras, y plantea la serie cómo una auténtica incursión en el mal humano, en esa vil pareja que conmocionó al país en los años ochenta y que aún sigue constituyendo un Cold Case. No hay certeza de cuántos cadáveres más puede haber, a día de hoy, bajo tierra.

La serie consigue aterrorizarnos, sin una gota de sangre, ni una concesión al dramatismo, lo cual es elogiable cuando se aborda la herida abierta que suponen este tipo de tragedias en una sociedad. El miedo es puro y diáfano, porque nos obliga a mirar al psicópata a los ojos, a tratar de comprenderle para resolver el caso, a través del viaje sin retorno que emprende la Appropiate Adult, cuyo personaje nos asfixia sin remedio. Porque si algo diferencia a una serie del montón de una verdaderamente grande es la profundidad con la que dibujan a sus personajes. Y eso no puede negársele a esta, que cuenta con unos seres plagados de matices: no comprendemos por qué este asesino hace lo que hace -al margen de sus crímenes- pero tampoco qué lleva a Jane a desarrollar un vínculo tan dañino con un carnicero, que dejará su vida tocada para siempre.

Como he dicho, para mí esta miniserie desborda el drama para ser verdadero terror. Terror realista, sin alicientes, sin añadidos, sin una coma innecesaria. La historia nos cuenta lo justo para dejarnos al pie de ese abismo humano en el que (casi nunca) nos apetece mirar. Es una serie dura, no hace falta que lo diga. Y no tanto por lo descarnado y escalofriante de la historia que aborda, sino por el hiperrealismo de su narración, y el acertado ángulo desde el que decide contárnoslo: el de una persona normal, que de repente se sumerge en el universo desvariado de un serial killer. Jane comienza siendo cualquiera de nosotros, una herramienta para situarnos en escena; hasta que pronto se va convirtiendo en un personaje que nos genera una incomprensión y una fascinación similares a la del propio asesino.

Tras verla, no puede extrañarme que haya arrasado en los BAFTA y entre la crítica, quitándole el galardón al mismísimo Sherlock Holmes, otra estupenda producción, pero cuyas interpretaciones principales han sido eclipsadas especialmente por Dominic West.  Appropriate Adult supone además, la constatación de la edad de oro que vive la ficción inglesa, que nos está regalando últimamente unos diamantes dignos de ovacionar.

Y, como siempre, nos deja una negra sensación de envidia, y una clase magistral de cómo hacer bien las cosas. No voy a pedirles que se imaginen lo que ocurriría si esta historia de asesinatos en serie fuera llevada a la pequeña pantalla en España, si nos decidiéramos a indagar en un ser tan retorcido como El Solitario, o reconstruir la vida de El asesino de la baraja. No se lo voy a pedir, porque las pruebas están ahí para el valiente que quiera verlas. Y si se atreve, que compare. O que haga un biopic.

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