El penúltimo raulista vivo

Léete esto también, Cristóbal Soria

Cristóbal Soria dijo anoche en El Chiringuito que si él fuera madridista estaría muy preocupado porque, al ochenta por ciento de posibilidades, Sergio Ramos está fuera del Real Madrid. Pero Cristóbal Soria no es madridista, ¿verdad? Quiero decir que Cristóbal Soria no puede ponerse en los zapatos de un socio, seguidor o aficionado del mejor club deportivo de la historia, no puede sentir lo que él siente ni pensar las mismas cosas. El madridismo, como decía anoche, es diverso, heterodoxo y complejo, tanto como para que Santiago Bernabéu se quejara del trato dispensado hacia su persona por algunos aficionados blancos. Y si don Santiago mostró su descontento por eso, de ahí para abajo: a los demás sólo nos queda aguantar... y, eso sí, seguir dando nuestra opinión con libertad. De modo que Cristóbal Soria no puede estar preocupado como madridista por la sencilla razón de que no lo es, más bien es todo lo contrario, un furibundo y persistente antimadridista. Cristóbal puede estar preocupado porque sea amigo de Ramos y, como amigo suyo, quiera lo mejor para él. E interpreto que él piensa que lo mejor para Sergio es que siga en el Madrid. Pero no puede estar preocupado como madridista, eso no. No puede estarlo porque no lo es.

Si es verdad que, según dijo ayer Cristóbal Soria, Ramos está fuera a un ochenta por ciento, lo que sí se puede asegurar es que el día que Sergio dijo que él jugaría gratis en el Madrid estaba diciendo un veinte por ciento de la auténtica realidad. Y la realidad, que probablemente sólo sepan Florentino Pérez y el propio Ramos, es que el futbolista quiere más años de contrato de los que el club está dispuesto a darle: el Real Madrid ofrecería uno y el jugador querría entre dos y tres. Otra de las cosas que decía ayer Cristóbal Soria es que Ramos no quería más dinero, pero eso no es cierto porque si Florentino te ofrece un año y tú pides entre dos y tres, al club de tus amores le estás exigiendo entre 30 y 60 millones de euros brutos más, y eso en época de pandemia. Ojo, entiendo el argumento de Ramos: está probablemente ante su último contrato potente y tiene que exprimir los años que le queden de carrera, pero compruebo, no sin cierto asombro, que, en este asunto de la renovación de Ramos, España se ha convertido en un gigantesco gabinete psicológico en el que todo el mundo se posiciona de un lado como si el otro no existiera, no importara y no tuviera, como tiene, también sus propias razones.

Antes decía que el madridismo es diverso. Y complejo. En vista de mi opinión sobre la situación de Ramos ha habido muchos madridistas que se han dirigido a mí, unos con educación y otros sin ella porque probablemente no la conozcan, pidiéndome que respetara al capitán. Es, insisto, como si Ramos estuviera negociando con Joan Gaspart o con Bartomeu y no con Florentino Pérez. Es como si, para respetar a Ramos, uno tuviera que pasar por el aro de tener que decir que el Madrid está obligado a darle lo que pida. Es como si el Real estuviera en permanente deuda con Sergio cuando, y que me perdone el capitán, yo creo que es justamente al revés: Sergio Ramos, como les sucede a todos los futbolistas que han pasado por ahí, tiene con el Real Madrid Club de Fútbol una eterna e impagable deuda de agradecimiento. Porque, y esto creo que ya lo aclaré en su día pero vuelvo a insistir en ello, yo soy del club, del Real Madrid, no de Ramos o de Cristiano. Quiero decir que si Benzema jugara de azul y grana y De Jong lo hiciera de blanco, yo animaría a Frenkie y querría que a Karim le fuera fatal y fallara todos los goles. Lo único que les diferencia a mis ojos es el color y el escudo de la camiseta que llevan. De hecho, y cuando jugaba a las chapas, las mías iban siempre de blanco.

Esto es así por una cuestión muy sencilla: el Real Madrid no me ha decepcionado nunca y, sin embargo, jugadores que han llevado la camiseta del Real Madrid sí lo han hecho. Me decepcionó Casillas. Me decepcionó Raúl, que se hizo una foto con Stoichkov y que mintió cuando aseguró que él quería que ganara el Barcelona. Me decepcionaron todos los futbolistas que, por uno u otro motivo, se creyeron más importantes que el Real Madrid. Casillas se fue y ahí siguió el club, ganando títulos y dando ejemplo. Lo mismo pasó con Raúl. Incluso los que jamás me decepcionaron, que han sido la inmensa mayoría, acabaron colgando las botas por una cuestión puramente biológica. Así que sí, yo respeto a Sergio Ramos y respeto también por supuesto su derecho a negociar lo que crea más justo para él y para su familia. Pero respeto y quiero más al Real Madrid, que seguirá ahí cuando (y espero sinceramente que eso no suceda nunca) Sergio se vaya o cuando cuelgue definitivamente las botas. A un lado de la mesa hay un madridista que defiende sus intereses individuales y luego los del club sobre el campo, al otro lado de la mesa hay otro madridista más antiguo que sólo defiende el interés general y, por ende y sin ellos saberlo, el interés de aquellos socios que afirman alegremente que a tal o cual futbolista hay que darle todo lo que pida.

Alguna vez he hecho referencia a una escena de una película que me encanta y que se llama Candidata al poder en la que la protagonista dice más o menos lo siguiente: "Los principios hay que ponerlos en práctica también cuando duele". El Real Madrid tiene unos principios sólidos, unos que no son de quita y pon. Y, por elevación, afectan a todos por igual. Luego, abajo, en el césped, la calidad marca la diferencia y a los mejores se les da más, por eso Ramos cobra 14 y el resto no. Ramos cobra 14 porque es el mejor pero el Real Madrid no ofrece más de un año de contrato a aquellos futbolistas con más de 30, y Sergio va a cumplir los 35. Si, como aseguró anoche Cristóbal Soria, Ramos está fuera al ochenta por ciento es por la sencilla razón de que al Real Madrid le quiere un ochenta por ciento menos de lo que aseguró en aquella famosa rueda de prensa. Si se va, gracias, suerte y hasta luego, porque seguro que volverá. Y si se va para luego regresar, lo hará a un club saneado económicamente y que seguirá siendo propiedad de sus socios, o sea una rareza en el fútbol mundial. Respeto todo, porcentajes y jueguecitos ni medio.

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