El penúltimo raulista vivo

El tic de Ramos y el clic de Florentino

Que Sergio Ramos jugaría gratis en el Real Madrid no lo dije yo la semana pasada, no, lo dijo el propio Sergio Ramos hace un año y medio en mitad de la rueda de prensa posterior a su frustrada y fantasmagórica salida a un misterioso equipo de la potentísima Liga china. Cuando, citando textualmente a Ramos, dije que él, y no yo, había dicho que jugaría gratis en el Real Madrid se me explicó que esa era una forma de hablar, pura poesía, que la afirmación de Ramos no podía cogerse al pie de la letra, que era su modo de explicar el cariño que le tenía al club. Yo no trabajaría gratis, no me lo puedo permitir ni en sentido literal ni tampoco como una declaración de amor; yo trabajo por dinero y luego tengo la suerte de que me gusta mucho mi trabajo, pero yo no diría nunca que trabajaría gratis: Ramos lo dijo, pero no se lo tendremos en cuenta porque, tal y como me han explicado en Primero de Ramorología, era una forma de hablar.

Hace año y medio dijo que él trabajaría gratis y hace nueve meses, en vísperas del partido contra el City de Champions, afirmó que entendía perfectamente la filosofía del Real Madrid de renovar de año en año a los jugadores mayores de 33. Miedo me da preguntar a los catedráticos de Ramorología si aquello también era una forma de hablar y, en realidad, no quería decir lo que dijo porque, de ser así, estaríamos ante un defensa central descomunal pero, al mismo tiempo, alguien que tiene un problema evidente a la hora de, digámoslo finamente, expresar sus verdaderos sentimientos. Si Ramos dijo que él jugaría gratis en el Madrid pero en realidad no quería decirlo y luego afirmó que él entendía perfectamente la filosofía del club acerca de la renovación de año en año de aquellos futbolistas que habían cumplido una edad determinada pero en el fondo tampoco lo entendía, ¿cómo podemos fiarnos de lo que diga en el futuro Sergio Ramos?

Y esto no afecta en absoluto a la calidad del jugador, que es extraordinaria, sino a su coherencia negociadora. Si te sientas a negociar con alguien que sugiere que el dinero no es lo más importante pero resulta que, en plena negociación, empiezan a surgir informaciones que apuntan a que este jugador en concreto tiene ofertas muy suculentas de competidores directos tuyos, siguiendo exactamente el mismo modus operandi de anteriores negociaciones, te das cuenta de que no es coherente. Si, además, piensas que es sincero cuando dice que entiende la política de renovación de año en año cuando se cumple una determinada edad pero luego te das de bruces con la realidad de que no sólo no entiende dicha política sino que te pide dos años más otro opcional, cuando no tres directamente, te das cuenta de que algo falla.

Quiero volver a insistir en una idea que ya esgrimí aquí el otro día: negociando con Sergio Ramos no está un antimadridista sino alguien que es más madridista que él. Y hoy quiero añadir otra idea: quien piense que el Real Madrid no quiere que Ramos siga en el equipo se equivoca, quiere que siga pero no con unas condiciones que no se asoman ni siquiera aproximadamente a la cruda realidad económica y sanitaria mundial que afecta, como no podía ser menos, a los clubes de fútbol. A un lado de la mesa negociadora tenemos a un profesional que vino al Real Madrid muy jovencito, que en el Real Madrid creció hasta convertirse en un jugador legendario y que siempre deja la estela de unas negociaciones de su contrato complejas y que han dejado cicatrices; ese futbolista, como no podía ser menos, tiene una visión particular del problema, una que le afecta a él y a su familia. Por supuesto que Ramos se va a dejar la vida en el campo defendiendo esa camiseta pero cada gota de su sangre deportiva la cobrará a tanto el litro. Al otro lado de la mesa negociadora tenemos a un madridista por convicción, uno que ya lo era antes de que Sergio naciera, que carece de un interés profesional y que, puesto que es el presidente del mejor y más influyente equipo deportivo de la historia, está en la obligación de aparcar sus amistades o su cariño para aplicar a sus decisiones una visión general.

Josep Pedrerol decía ayer a eso de la una y media de la madrugada que Florentino Pérez le habría dicho a Ramos que si recibía una oferta mejor la aceptase. Y Florentino dice eso porque el póquer lo inventó él. Dicen los que lo practican que en el póquer todo el mundo tiene un tic, uno que te permite saber si la mano que llevas es buena o es mala; hasta tal punto es esto así que muchos jugadores profesionales llevan gafas de sol a las partidas. El entorno de Sergio ha repetido exactamente el mismo tic en cada partida negociadora que le ha tocado jugar, de ahí probablemente que Florentino Pérez le haya dicho que si tiene una oferta mejor acabe aceptándola. Ramos, o su entorno, que para el caso es lo mismo, tienen un tic, y el presidente del Real Madrid hizo clic la primera vez que un jugador quiso amedrentarle bajo la amenaza de irse a otro sitio.

Cuando un futbolista sube tanto la apuesta, Florentino siempre acaba aceptándola poniendo encima del tapete el estadio Bernabéu, Valdebebas, trece Copas de Europa, treinta y cuatro Ligas, el trofeo de la FIFA al mejor club del siglo XX y el nombre del Real Madrid, y entonces salta la banca. Por allí han pasado los mejores, por allí seguirán pasando los mejores. El Real Madrid seguirá cuando ya no estemos aquí ni Florentino, ni Ramos, ni yo, ni tú, ni tú, ni tú. Y seguirá siendo la cima del fútbol mundial, no habrá otro equipo igual en todo el planeta. Y eso seguirá siendo así entre otras cosas porque, muy por encima del resto, Bernabéu y Florentino supieron decir que no. O sí con condiciones, las condiciones que pone el club. Porque, incluso para uno de los mejores defensas de la historia, debe ser un verdadero privilegio seguir vistiendo esa camiseta. Y si efectivamente el PSG se ha vuelto loco, a aprovechar la locura del jeque... en el fútbol francés. Decía Ronaldo el otro día que su fichaje por el equipo blanco fue un acierto porque aquí están la ciudad de Madrid y el Real Madrid. En París sólo están París y el París Saint Germain. No están mal. La ciudad de la luz. Muy romántico todo. Pero la capital mundial de la Champions está aquí, no en las Tullerías.

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