El blog de Federico

Zapatero I o el Socialismo Astronómico

La anunciada refundación del capitalismo en Washington se ha quedado en aclamación sin condiciones, pero también sin concreciones. Desde luego, nunca tantos países, tan importantes y, muchos, tan poco liberales o francamente antiliberales habían hecho tal profesión de fe en el capitalismo. Si lo que sugirió el demagogo Sarkozy era que iban a corregir el capitalismo, la corrección quedó en calurosa ovación. Pero si lo esperado por los últimos optimistas era una reorganización y fortalecimiento de la economía libre de mercado, la ovación fue muy sorda, más fruto de chocar muñones que de batir palmas. Del capitalismo queda en pie todo, incluída su parálisis a manos del intervencionismo. De la refundación, nada, salvo una especie de prórroga de la incompetencia acreditada por ese mismo intervencionismo.
 
No se ha concretado, como en Bretton Woods, una transparencia aceptada por todos en cuanto al valor de las monedas, ya que ni China, ni Japón, ni otros países fronterizos con el dólar, que se supone perjudican al euro, han hecho un balance real de los capitales que respaldan sus conflictivas estrategias monetarias. Y si China es un continente financiero opaco y Japón manipula el valor de su moneda con nocturnidad y alevosía, no parecemos en vías de aclarar la tormenta de arena de la crisis financiera. Al revés. La inconcreción de la cumbre de Washington pospone por un mínimo de cuatro meses el acuerdo internacional en materia de circulación de capitales, cuya condición benéfica y casi taumatúrgica también se ha proclamado con sospechosa unanimidad. Es de suponer que en este tiempo los pocos países realmente importantes hayan alcanzado un acuerdo que Obama pueda acaudillar como paradójico fruto del multilateralismo. Es de esperar, pero sin seguridad alguna. La crisis sigue su curso y lo de Washington no ha sido más que una prueba de ese tobogán por el que se desliza la economía internacional.
 
Como suele suceder en estos casos, los defectos se notan en los detalles y las carencias grandes en las estridencias chicas. El discurso de Zapatero, filtrado por el gobiernismo españoide –algo más que el Gobierno, mucho menos que español- nos ha dejado una especie de ataque de hipo ideológico infantil con cierta regurgitación sobre el babero. O sea, algo intrascendente para la criatura pero agrio, sucio y maloliente para los mayores. Lo de llamar a “consensuar las políticas fiscales” desde un Estado que niega la igualdad de los ciudadanos ante la ley, en los ámbitos legal, fiscal, judicial, económico y político es de traca. Y la invocación a “acabar con los sueldos astronómicos”, aunque se supone que hecha contra los ejecutivos de la banca, se convierte en una moción de censura a los gobiernos que chapotean en el despilfarro. Habla Zapatero I, el que tiene en la Moncloa en torno a 666 (el número de la Bestia en el Apocalipsis) asesores presidenciales, cuando bastarían 6 coordinadores de no más de 66 funcionarios para tener la misma o mejor asesoría, considerablemente más barata, o sea, menos astronómica.
 
Otro tanto cabe decir de subvencionar con fondos públicos negocios tan privados como la Patronal o los sindicatos, o de interés tan descaradamente partidista como las televisiones públicas o la llamada “normalización” de lenguas que no sean el español, que en realidad es una onerosa persecución y una artera vulneración de los derechos civiles de la mayoría de los españoles. Para “astronómico”, el despilfarro de las 17 taifas autonómicas, el derroche municipal y todas las ruinosas manifestaciones de tribalismo, de particularismo y de socialismo en general, todas ellas toleradas o propiciadas por el denunciante Zetapé. Proclamado Emperador de la Refundación del Capitalismo en trono -trona- de reventa, debemos rendir, ay, fiscal tributo a D. Zapatero I “El Astronómico”.
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