El blog de Federico

Un regalo de ultratumba de Batya Gur: Asesinato en directo

Mujeres que cuentan crímenes

Cuando nadie lo esperaba y casi tres años después de su muerte, Batya Gur nos manda desde el cielo de los judíos ateos, que debe de ser más intransitable que la UNESCO, una novela póstuma que no es el clásico descarte o el no menos clásico borrador. De ser esto último, hay que felicitar a los que han completado una obra que en nada desmerece de las mejores de su autora, con la única excepción de la maravillosa Asesinato en el kibbutz (Siruela, 2000), ya comentada en esta serie y cuando nada hacía sospechar la temprana muerte de la autora. Tras ella sólo habían aparecido Piedra sobre piedra, una cosa pacifista y palestinoide, y otra novela de cuyo nombre no quiero acordarme que describe la cotidianeidad de los ambulatorios ginecológicos israelíes y otras miserias sociopolíticas. Muy adecuada para Gallardón; lectores inocentes, abstenerse.

La televisión se ha convertido en un tema recurrente y va camino de ser un subgénero de la novela negra. Sólo este año 2008 hemos visto aparecer tres en las librerías: la gran novela de Ann Holt, ya reseñada aquí; la última y no mala de Petros Markaris, y esta de Batya Gur, que me parece excelente. Como suele (solía, ay), Batya hace una descripción soberbia de ambientes y personajes, penetrando poco a poco en las diversas capas que van configurando un perfil humano borroso, vulgar, pero nunca exento de interés si se buscan pistas para esclarecer un crimen. Sobre los personajes, a veces fundiéndose con ellos, se nos presenta también una terrible panorámica sociolaboral de la televisión pública israelí, cuya degradación implacable se produce ante los ojos y a manos de los mismos que la crearon. No hay trampa moral, triquiñuela profesional o argucia política que no veamos desplegarse, triunfar o, más a menudo, naufragar a lo largo de la novela.

Para los que no conozcan a la autora judía, éste es un libro excelente para adentrarse en su obra. Los argumentos que se desarrollan son los mismos: la reflexión sobre el sentido histórico de la creación y la difícil continuidad del Estado de Israel; los avatares del cambio generacional y la pérdida o desvanecimiento de los valores fundacionales; la profesión periodística como ámbito laboral e ideológico; la militancia partidista con sus trampas y obligaciones; la complejísima vida cotidiana, en fin, de un intelecto despierto en una época y un país acechados por el terrorismo y por el miedo fatal a lo cotidiano. Toda una novelística está aquí. Y es un escalofriante regalo de ultratumba poder recordar cómo era; cómo, gracias a la modesta inmortalidad de la palabra escrita, sigue siendo, Batya Gur.
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