El blog de Federico

Un año electoral decisivo para el nuevo PP y el nuevo régimen

Para meditar en estas entrañables fechas sobre asuntos reales, ciertos, próximos y tangibles (no con esas fantasías autoalimentadas sobre el 11-S que yo creía reservadas a los paranoicos de la extrema izquierda antisemita, esa que dice que el Holocausto fue una conspiración judía para crear Israel) deberíamos acercarnos al calendario electoral cuyo inicio acaba de decretar Touriño: 1 de marzo, elecciones gallegas. Verosímilmente, las vascas serán el 8 o el 15 del mismo mes, y quedarán menos de tres meses para las europeas, que decidirán lo que este año de traiciones al electorado, vilezas y linchamientos en la derecha política, o sea, el PP, ha dado de sí. Si el PP recupera Galicia, que sería lo normal en plena crisis económica, habiendo quedado a sólo un escaño de la mayoría absoluta hace cuatro años y tras los continuos escándalos de corrupción y despilfarro en la Junta PSG-BNG, Rajoy saldría muy fortalecido como líder del PP y sería menos importante el resultado de las elecciones vascas, salvo victoria del PSOE. Incluso así, Rajoy tendría un margen político holgadísimo para las elecciones europeas.

Si el PP no fuera capaz de recuperar Galicia, las elecciones vascas serían un calvario para Rajoy, porque pegarse al Gobierno en el avión no significa pegarse a los resultados electorales del PSOE, y es muy probable que la campaña de Patxi López se haga contra el PP, al modo de Cataluña, donde el consenso nazi identifica en el PP al judío expiatorio y necesario. Entonces se contarán minuciosamente los votos de Basagoiti y si baja de los que obtuvo María San Gil, contarán en el debe de Rajoy. En el político y en el moral, porque el comportamiento de Génova 13 con la presidenta del PP vasco fue inolvidablemente repugnante. Inolvidable y repugnante.

Desconozco si Mayor Oreja estará al frente de la lista europea del PP el 1 de Marzo. O si estará en las listas pero no al frente, que tampoco sería descartable. Es tan delicado el tránsito electoral del PP hasta junio que toda precaución es poca, y sería bastante normal que Rajoy insistiera en poner a Gallardón al frente de la candidatura europea. Para tratar de ganar en junio o para amortizar al peligrosísimo sucesor, que ambas cosas puede necesitar.

En cualquier caso, la doble derrota autonómica y la derrota nacional en las europeas precipitarían la crisis sucesoria en el PP. El tiempo que Mariano Rajoy consiguió con malas artes en Bulgaria, capital Valencia, habría durado un año. Un tiempo escaso para que se hunda un gran partido. Un tiempo excesivo para que ese partido pueda recuperarse como alternativa al PSOE y, lo que es más importante, al cambio de régimen que Zapatero ha puesto en marcha con el beneplácito y la delictiva o delictuosa complicidad de prácticamente todas las instituciones del Estado. La vuelta al PP de Aznar y a una cierta idea de España, tarea acaso asequible para Esperanza Aguirre si derrota al rajoyismo gallardonista en un congreso a cara de perro, es una posibilidad, pero está mucho más lejos y más difícil que hace un año. La continuidad rajoyesca con Gallardón dejaría en manos de UPyD la última posibilidad de combatir el cambio de régimen del 78 y de defender el orden, algún orden, constitucional. Pero el futuro de UPyD pasa también por el del PP. La incógnita empezará a despejarse el 1 de junio. Si es que en estos seis meses vertiginosos puede despejarse alguna incógnita. O si algo que no sea incógnita sobrevive en los empobrecidos escombros de la antiguamente llamada España. Mañana, vaya usted a saber.

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