El blog de Federico

Trueba en Egipto

Ni Tintín en los Andes exhibió tan morosa obstinación contra el oxígeno como Fernando Trueba esclareciendo la distinción entre Izquierdas y Derechas. El oscarizado director de "Belle Époque", en la que ideológicamente pernocta, ha dicho que "todas las dictaduras son de derechas".

-¿Por qué ese desprecio a nuestra roja condición? –se dirán Lenin, Stalin, Mao, Ho Chi Minh, Pol Pot, Kruschev, Chernenko, Andropov, los norcoreanos Kim, los cubanos Castro, Abimael Guzmán, "Tirofijo" Marulanda, Farabundo Martí, Honecker, Gomulka, Ceaucescu y tantos otros que desde el Gobierno o la Oposición, siempre comunistas, masacraron a más de cien millones de personas en el ejercicio de la "dictadura del proletariado", auspiciada por Marx y Engels.

Porque Trueba lo necesita para acertar a engañarse o mentirse de verdad: "Todas las dictaduras, las de derechas y las de izquierda, son para mí de derechas" –ha declarado a El Mundo- "porque nadie que diga que es de izquierdas o revolucionario tiene a la gente sojuzgada. Eso es reaccionario". Es chocante que sosteniendo que las izquierdas son siempre buenas y si son malas, no son izquierdas, se atreve a decir eso de "las dictaduras de derechas y las de izquierda". ¿"En qué quedamos", le dirá desde el Averno el Che Guevara, que firmaba sus cartas "Stalin 2"? "¿Ahora resulta que no es de Izquierda la dictadura del proletariado? ¿Habrase visto boludez más grande o pendejada mayor?"

Trueba podría decirle que él nunca ha sido un enemigo de la Revolución Cubana, como demostró saboteando arteramente una manifestación anticastrista en la Puerta del Sol y como demuestra ahora cuando, en la misma entrevista y al preguntarle por esa dictadura que diga lo que diga, no es de derechas, se sale por la tangente: "Me parece cojonudo que en Cuba todo el mundo tenga acceso a una educación y así debería ser en todas partes del planeta". En realidad, no le habían preguntado por el derecho al adoctrinamiento, que es lo que existe en Cuba y que no cabe confundir con el derecho a la educación. Si cupiera, la dictadura de derechas de Franco (como todas pero la que conoce mejor Trueba) sería un espejo en el que mirarse la dictadura castrista. La prueba es que de ella ha salido gente como Fernando Trueba. Que, por cierto, me ha sorprendido al no citar la Sanidad Pública, otro mantra aún más falso de la infecta progresía.

De todas formas, Trueba padre –no confundir con el hermano o el hijo- musita: "El problema de Fidel es que considera a los cubanos incapaces de ir por el buen camino si no está él para decirles qué hacer. Deseo que de una vez cambie eso y que allí haya libertad". Uno creería que hasta ahora los Castro se han limitado a "decir" a los cubanos lo que tienen que hacer, sin llegar a fusilarlos, torturarlos, encarcelarlos o forzarles al exilio –donde hay nada menos que tres millones de sordos que no oyeron decir a Castro lo que dice Trueba. Pero el problema no está en la tradicional vileza de la izquierda que defiende a las dictaduras más atroces si son comunistas y condena a las dictaduras, regímenes autoritarios o simplemente rasgos de las democracias que no les gustan y que generalmente están asociados al combate contra las dictaduras comunistas o islamistas.

Pero hay algo peor que lo que Jelen llamó "la ceguera voluntaria" de la Izquierda ante el Gulag -famosa red de campos de concentración derechistas- y es la voluntad de ignorar la realidad para que coincida con los propios deseos. Y eso no es privativo de la izquierda, aunque ella sea la especialista en hacerse trampas en el solitario. Esta última semana estamos viendo a gente a la que no insultaremos equiparándola a Trueba, pero que tampoco es capaz de reconocer la realidad política, porque prefiere inventarse otra que, por desgracia, no existe.

Es el caso de los sucesos recientes en Egipto, en cuyo análisis coinciden progres a lo Trueba y liberales de casa, sobre cuya buena voluntad no cabe duda alguna pero cuyo error debería habérselo probado ver con quiénes lo comparten. Después de la experiencia iraní, los amigos de la libertad deberían estar más que vacunados contra los entusiasmos desnortados o sin norte conocido. Entonces, aún cabía alegar desconocimiento sobre el terror islamista al llegar al Gobierno pero no ahora. Nadie sabe en qué sentido puede encaminarse Egipto después de Mubarak, pero el mejor termómetro para los liberales europeos debería ser el de Israel.

¿Y qué ha dicho el socialdemócrata Simon Peres? Que a Mubarak, al menos, lo conocían, pero que ahora temían lo que pueda venir. También los USA en su vertiente sensata y pro-israelí –Hillary Clinton- manifestó que sobre Egipto se estaba formando "tormenta perfecta", mientras que Obama, el mismo zascandil del discurso proislámico en El Cairo, comparaba nada menos que con la Caída del Muro la revuelta egipcia que, al socaire de la inacción del Ejército, (el bloque soviético lo constituyeron hasta el final el Ejército Rojo y la policía política comunista) ha acabado fácilmente con los Mubarak. Términos como "pueblo" o "libertad" deben ponerse en cuarentena cuando los enarbola una pequeña parte de la población, cuya mayoría no es fervorosa partidaria de la libertad. Y no deben suscribirse emociones libertófilas siguiendo los criterios casi siempre desinformativos y libertófobos, de los periodistas occidentales.

¿Estamos "dejando solo a Egipto en su lucha por la libertad"? ¿Qué lucha? ¿Qué libertad? ¿La de los hermanos Musulmanes? Si Irán está feliz e Israel preocupado, está claro el peligro de lo sucedido en Egipto. Siempre es buena la caída de un tirano, salvo que pueda heredarlo otro muchísimo peor. Que al Shah le suceda Jomeini; que a Mubarak acabe sucediéndolo un Jomeini nilótico. Como ha planteado César Vidal en LDTV, lo importante es cómo se defiende Occidente del Islam. El resto es voluntarismo, sea progre a lo Trueba o liberal. Evitemos el segundo, ya que el primero es imposible.

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