El blog de Federico

¿Tiene Zapatero un proyecto político?

Acabo de leer en LD un gran artículo de José María Marco, Violencia y pedagogía, que es, como casi siempre en las mejores piezas de su autor, una incitación a la polémica. A Marco, forense del alcalaíno, le queda de nuestro muy visitado Azaña una cierta forma de exponer las ideas políticas entre provocadora y paradójica. Lo que, aludiendo a la oratoria al tiempo sutil y estrepitosa de Azaña, el gran Josep Pla definía como "una mica desenfocada". Pero sólo un poco y, en realidad, no tan desenfocada.

He pensado muchas veces en esa definición de Pla. Y la interpretación que se me ocurre es que Azaña era, en feo, como Marilyn y las bellas miopes, que se acercan a su interlocutor un poco más de lo normal para ver mejor y provocar que el otro vea peor, que, atontado por una subyugante cercanía, vea poco, sienta mucho y padezca bastante, huésped de las feromonas. Azaña no era présbite o astígmata, o no sólo, sino que su estrategia intelectual era la de acercar demasiado al lector u oidor al objeto debatido, hasta hacerle perder de vista la perspectiva y la distancia. Así captaba su voluntad. No sé si con el mismo mecanismo que usan ciertos magos pobres para hipnotizar gallinas.

La técnica de ZP para hipnotizar a esta plebe gallinácea en que se ha convertido buena parte del otrora singular y tantas veces heroico pueblo español es del mismo tipo miope o miopizador: un acercamiento excesivo al objeto para difuminar la perspectiva. Ayer era el Prestige, la Guerra de Irak, el 11-M o conseguir la paz con la ETA. Hoy son los obispos, o de nuevo la guerra, o de nuevo el terrorismo, de una u otra forma. El caso es coger un aspecto de la realidad y, previa manipulación, elevarlo a categoría de realidad total y electoralmente decisiva. La izquierda de Zapatero, Llamazares, Roures, Polanco y los infinitos titiriteros del régimen progre –o sea, regre–, se ha rendido sin lucha a los enemigos de España, gobierna ya y aspira a seguir gobernando con ellos y contra el PP porque –como bien dice Marco– es lo mismo, son dos caras de una misma moneda, esa que, cuando le toca a España, siempre sale cruz.

Pero conviene insistir en algo que señala Marco y que el PP ha sido y es incapaz de entender y, lógicamente, de combatir: que esa violencia que padeció la derecha en los últimos años de Aznar, especialmente en la campaña electoral de 2004, antes y después del 11-M, se ha desarrollado de forma implacablemente pedagógica desde la Transición, centrada en el campo simbólico y cultural, amplificada continuamente en los ámbitos educativo y mediático. Se trataba y se trata siempre de estigmatizar como malo, viejo, franquista, despótico o simplemente ridículo todo lo que se refiera a la Derecha política. Lo pasado es malo por lo presente, lo presente es peor por lo pasado. Suárez era malo por venir de Franco y Franco era malo por traer a Suárez. En la misma medida en que la Transición deslegitimaba la Dictadura, la Izquierda identificaba a la Derecha con esa ilegitimidad. En cambio, la Izquierda se salvaba de la violencia simbólica o real porque la derecha nunca atacaba a la Izquierda por venir de los rojos, ni siquiera a los rojos por traer a la Izquierda. Asimetría letal, suicida, desde UCD al PP, y base de la indefensión del PP ante el "cordón sanitario" nacional-socialista. Los nacionalistas, de derechas o de izquierdas, que se oponían a la legitimidad del PSOE y la izquierda española acabaron por reconocerla pero a cambio de algo sustancial: que la izquierda asuma la ilegitimidad de España. Hoy lo comparten todo, especialmente la violencia pedagógica, contra el PP.

Ahora bien, la gran pregunta es si realmente Zapatero tiene un proyecto político. Marco dice que sí, pero que es esencialmente negativo y destructivo. Que en realidad se limita a impedir por todos los medios que gobierne el PP; y que actúa, incluso desde el Gobierno, como oposición permanente al PP y a la media España que éste representa. Pero teniendo en cuenta que, tanto para llegar al Poder como para conservarlo, Zapatero necesita apoyarse en todos los nacionalistas enemigos de España, y que, haciendo de esa triste necesidad dudosísima virtud, el PSOE ha asumido como propios prácticamente todos los objetivos antiespañoles de los separatistas e incluso no pocos de los islamistas, diríase que estamos ante una carrera contrarreloj en la que el PSOE camina velozmente hacia el suicidio con España a rastras, salvo que el PP logre impedir el 9-M tan sentido homenaje al Doctor Montes.

Pero imaginemos que lo logra. ¿Cómo revertir el proceso infeccioso sin entender la etiología de la enfermedad? ¿Es capaz el PP de combatir esa violencia pedagógica y esa pedagogía de la violencia que han llevado a España al borde de su disolución? Soy pesimista. Hay además un tipo de izquierdismo, el de los trotskistas y los maoístas, los únicos comunistas que le gustan a Zapatero, que define la lucha de clases no al modo de Marx, como el motor de la Historia que la aboca a un final ineluctable, el comunismo, tras el paréntesis sangriento de la dictadura del proletariado, sino como algo muy distinto: un proceso en el que la contradicción burguesía-proletariado se plantea una y otra vez, y la lucha de clases no es sólo el motor sino el origen y el fin de todo el proceso histórico. La revolución es interminable, la lucha de clases continúa en el socialismo, la burguesía subsiste incluso después de fusilar a todos los burgueses.

Esto hace del sectarismo, del chequismo, de la violencia pedagógica izquierdista que encarna ZP algo ilimitado, al margen de las épocas y de las campañas electorales, un proyecto entre mesiánico y satánico que ataca el presente por el pasado y viceversa. Justo lo contrario del PP, que, como demostró Aznar con su mayoría absoluta, cree que con ganar las elecciones ya lo ha ganado todo, que ya ha terminado con una época, con un enemigo y con cualquier otro obstáculo para la administración de la siesta. Frente a la voluntad de exterminio perpetuo de la Izquierda, la voluntad de victoria sin lucha de la Derecha me hace prever, y temer, lo peor: el fin de España, pero no el fin del PSOE.

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