El blog de Federico

Tenían que haber echado antes a Bárcenas. ¿Por qué no lo hizo Rajoy?

Nadie en su sano juicio puede dudar de que el Supremo acabará imputando al tesorero del PP en la trama delictiva del Caso Gürtel, que no sabemos si financiaba ilegalmente al PP o sólo a sus recaudadores, que robaban el dinero sin ponerse el pasamontañas. Lo normal es que Gürtel funcionara como Filesa, una estructura de financiación ilegal del PSC-PSOE que fue creando otra paralela de conseguidores y comisionistas sociatas, que robaban para el partido y para sí mismos, sobre todo tras descubrir que, después de la segunda victoria electoral de un partido, casi todos tienen un precio. Es posible que en Gürtel la situación fuera inversa: empezaron cobrando comisiones unos golfos y taparon sus fechorías dándole dinero al partido a través del tesorero mientras el tesorero se hacía con una parte suculenta del tesoro en dinero negro. Incluso cabe la hipótesis de que nadie diera dinero al partido pero sí a los dirigentes del PP que "estaban en el secreto" o a los que eran importantes aunque se enterasen de la mitad. Lo iremos viendo, pero en los juzgados. Porque sin prejuzgar a nadie, esto va a juicio. En realidad, está ya en él.

¿Por qué Rajoy no apartó de su cargo a su tesorero? Tal vez porque éste sí pertenece a su equipo, el que nombró él personalmente después de cuatro años sufriendo, al parecer, a los que le tocó heredar de Aznar, antes de descubrirse un corazoncito búlgaro en Valencia. Llevaba –lleva aún en el momento de escribir esto– un cuarto de siglo en las máquinas financieras del partido, a las órdenes de Lapuerta, "el Chato de Cameros". Pero su ascenso fue reciente, búlgaro o casi. ¿Por qué no fingió sorpresa y lo destituyó Mariano, como una parte más de la indeseable herencia de Aznar, al que le debe todo? Hay dos hipótesis, a cuál más sórdida, que, en la medida de lo posible, cabría elucidar.

La primera es la que, como dijo el torpe escriba sorayesco cuando parecía inminente la decapitación del tesorero, Luis Bárcenas es "el hombre que lo sabe todo de todos". Tanto que nadie se atreve a echarlo. Rajoy, que ha dirigido las campañas electorales de Aznar, sería demasiado sensible a ciertas revelaciones que, aun no siendo delictivas, resultaran comprometedoras políticamente, así que hasta las europeas ganó tiempo, que es lo que se le da mejor. Por poco, pero llegó. Lo malo es que a veces los dioses o la suerte abandonan a sus favoritos, como a Marco Antonio en Alejandría, cerca pero, ay, lejos de la huida Cleopatra y lejos pero, ay, demasiado cerca del implacable Octavio. Parodiando a Monterroso en vez de a Kavafis: cuando Mariano se despertó del sueño electoral, Bárcenas seguía ahí.

La segunda hipótesis es la de la utilización de la fragilidad de Camps tras el Caso Gürtel y la ignominiosa persecución prisaica para apuntalar el débil liderazgo del propio Rajoy. Por si el resultado era malo, debía asegurarse la fidelidad de Camps y Arenas si quería llegar a 2012. De ahí tanto, tan exagerado y contraproducente gesto de arropamiento al presidente valenciano, que si todo lo que tiene que reprocharse es lo de los cuatro trajes dichosos, hubiera saldado el caso mandando un cheque a Milano y pidiendo disculpas. Pero al apoyar a Camps para apoyarse a sí mismo, Rajoy incluyó en la ayuda a Bárcenas, que es lo que ahora estalla en su románica faz. ¿Y por qué? ¿Le chantajeó Bárcenas con supuestas revelaciones sobre Camps? ¿Le pidió Camps que no lo abandonara o simplemente Mariano unió los destinos de ambos en un convoluto que podía salvarlos o hundirlos juntos? No lo sabemos, pero iremos enterándonos si, como se dice, Correa y otro de los huéspedes de la cárcel están dispuestos a cantar lo que sea.

La diferencia aparente y seguramente real entre los casos de Bárcenas y Camps es tanta que sólo una maquiavélica –o sea, marianesca– asociación de ambos puede haberlos asociado en alguno de los desenlaces posibles. El más probable es que siga apoyando a Camps y defenestre a Bárcenas. Pero si este está casi imputado en el Supremo, Camps lo está ya en el TSJV. Si se aparta del cargo a quien, por estar imputado en un caso de corrupción, perjudica al partido, ¿no debería temer Camps el mismo trato que Bárcenas? Aunque Rajoy no se lo dispense, ya se lo darán el PSOE y sus aliados mediáticos. No le espera una grata temporada al presidente de Valencia, sometido al desgaste personal que los rajoyanos han infligido a su propia gente, como María San Gil o Esperanza Aguirre. Pero si, al despertar, el dinosaurio iba a continuar ahí, ¿por qué Mariano no lo echó antes de irse a dormir? Uno de estos años nos lo explicará. O nos lo explicaremos.

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