El blog de Federico

Si Aznar se desvanece, Fraga reaparece

El PP va ya camino de Bulgaria, con una sola candidatura imperial y con todos los famosos avales reducidos a uno, que es el de las listas laborales, o sea, electorales. Así las cosas, sorprende que de los dos presidentes que pueden ejercer un cierto liderazgo moral sobre la situación interna del PP, el joven y poderoso calle mientras el vejestorio inane no calla ni debajo del agua. Y no se sabe qué resulta más chocante o más decepcionante: que Aznar se desvanezca o que Fraga reaparezca. El eclipse de Aznar tras lo que muchos creyeron entrada en combate tras la salida de María San Gil y la renuncia de Ortega Lara supone para muchos un chasco monumental. No por lo que podía hacer ahora, que no hubiera sido mucho, sino por lo que podría haber sembrado para cuando Rajoy se pegue la bofetada o bofetadas electorales y designe sucesordón.

Y como en la política tampoco existe el vacío, porque no pueden abrirse agujeros en el agua, el espacio que no ha ocupado Aznar lo está ocupando Fraga con la voracidad de siempre y el estilo despótico de toda la vida. Muchos dicen que Fraga está de salud y de cabeza muy por debajo de Franco en septiembre de 1975. Puede ser, pero no lo parece. Como buen vampiro político que se alimenta secularmente de la sangre de sus víctimas, diríase que el Drácula de Perbes resucita a ojos vistas, y el día menos pensado aparece en Uruguay buscando a su abuelita corulla, dispuesto a engendrar una nueva dinastía de fraguitos naturales para suceder a los gallardoncitos de adopción. Si Tiberio Rajoy ya ha adopado a Caligulordón, Manolo César aspira a Octavio dando por Claudio a Mariano. Lo único que lamenta Fraga es que esta su decimotercera juventud no haya empezado antes, porque la está disfrutando horrores.

En cierto modo, el eclipse de Aznar, el único líder del PP que ha ganado dos elecciones generales y que se fue porque quiso de la Moncloa y de la presidencia del partido, es la mejor prueba de que el PP murió de éxito antes de 2004, porque había vedado cualquier democracia interna a sus 700.000 militantes y porque había cortado casi todas las vías de comunicación del partido con su base social por culpa del invierno mediático, es decir, por esa política de comunicación aznarista que, en el fondo, obedecía a la misma desconfianza de sus bases que sigue manifestando el rajoyismo y el gallardonismo. La derecha política ha emprendido una veloz carrera hacia atrás, hacia Alianza Popular, cambiando el "liderazgo natural" que se adjudica el déspota presuntamente olímpico por aquella "mayoría natural" que se adjudicaba el déspota de la oposición consentida y halagada por el PSOE, porque equivalía a su permanencia ilimitada en el Poder. Aznar calla y Fragamanlis no cierra la boca: en eso se resume la tragedia del PP y de toda la Derecha política. Que como es la única que cree en la nación, es como decir de España.

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