El blog de Federico

Que el 2010 sea como 2009, pero algo menos heroico

Ya sé que las felicitaciones tienen algo de banal y que cuando todos se felicitan es como si no se felicitara nadie, pero quiero daros las gracias, de verdad, a los que en este año tan duro, tan hermoso, tan inolvidable, nos habéis acompañado en la aventura de esRadio, la más quijotesca de todas y la que menos se parece a las desventuras del personaje cervantino, espero que por parecerse algo más al libro. En los peores meses del tránsito de la COPE a la nueva radio –de final de mayo a final de agosto–, he entrado a menudo en el blog para animarme con la confianza de Vicky y demás blogueros buenos, que sois muchos. Lo habríamos intentado en cualquier caso, pero hay apuestas que, por arriesgadas, necesitan a veces algo más que la voluntad o la única ambición a la que nunca renunciaremos: decir lo que nos dé la gana. Y en ese riesgo, anima mucho comprobar la confianza, la buena compañía tanta buena voluntad.

No creo que el 2010 que llega sea mejor que el 2009 que se va, pero si nos permite asentar e ir consolidando lo que, casi de milagro, hemos puesto en marcha, nos daremos por satisfechos. A cada uno de vosotros, y en vosotros a cada uno de los lectores de nuestra revista y de nuestro periódico, a cada veedor de nuestra televisión y a cada escuchador de nuestra radio os agradezco, todos os agradecemos a todos todo. Como símbolo de amistad y buen humor os regalo esta foto de los primeros años 80, en Las Ventas, cuando el gran Andrés Amorós aún no era el crítico taurino de ABC, aunque lo merecía.

Postpost: En aquellos años, había tal decadencia de la afición que podían comprarse abonos en cualquier parte de la plaza y media entrada era buena.

Sin embargo, en los medios de comunicación, los predios intelectuales y en los Aficionados de Guisando, que eran, como los toros o verracos célebres, vettones, numantinos y prerromanos en general, cundió un movimiento de represtigio de la fiesta, es decir, de recuperación del toro bravo y del arte de jugársela a la fiera según los cánones. Andrés y yo alternábamos en una columna titulada “Al alimón” dentro de la de toros de Diario 16 que llevaba Alfonso Navalón y luego Barquerito. Dragó pastoreaba “Disidencias” en el mismo diario y escribía de toros a menudo; como él, muchos otros buenos.

Pero no estábamos solos: en “El País”, aparte de las críticas de Joaquín Vidal –el mejor crítico si no habías visto la corrida- podían leerse durante la Isidrada a Javier Pradera y M.A. Aguilar, con los que coincidíamos en antoñetismo. En “ABC”, donde recalé en 1987, además del titular Vicente Zabala (q.e.p.d.) y del procónsul en Sevilla Antonio Burgos, afilaban sus péñolas futuros columnistas como Ruiz Quintano, Tomás Cuesta y Oti Rodríguez Marchante. En Antena 3 de Radio grandes aficionados eran Martín Ferrand y José María García, y el que no iba a los toros no ascendía.

En fin, que aquello como la España de hoy pero al revés: se hundía pero había fuste para rehacerlo. Y se rehízo. Lo poco que yo sé de toros lo aprendí con Andrés durante aquellos años, disfrutando catástrofes. Porque las catástrofes, como los mansos, tienen su lidia. Y, sin ser de Esquilo, puede ser interesantísima.

Lo esencial era mirar con lupa al toro y abroncar a la Presidencia cuando no cumplía los requisitos de envergadura -física y de la otra-, que merecían las Ventas. En la foto, Andrés y yo estamos o fingimos estar cumpliendo el rito de escandalizarnos ante la birriosa condición del toro. Diálogo o fraseo más que posible:

- ¡Utreros en Las Ventas! ¡El año que viene, erales y el siguiente, añojos!.

- Pues yo toros no veo. Un gato por el ruedo, errabundo como Melmoth. ¿O es sardina?

- No. Vertebrado no es y a raspa no llega. Será babosa zaína. Mira, mira cómo se arrastra, pobre criatura.

- Para mí que es bacteria. Traeré mañana el microscopio, no sea virus y nos contagie. Desde luego, en el Arca de Noé no estaba.

- Es que los del Antiguo Testamento eran veterinarios. Y no esto.

- ¡A lo que ha llegado la primera plaza del mundo!

- ¡Primera y última! ¡Qué vergüenza!

- ¡Eso: qué vergüenza!

- ¡Y qué gentuza!

- ¡Eso: qué gentuza!

Total, que lo pasábamos divinamente.   

 

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