El blog de Federico

Mortadelo, Filemón, Marianelo y Gallardón

Rubalcaba, el héroe del 13-M, portavoz del Gobierno del Gal, ministro de Deseducación, siervo fecundo del imperio prisaico y, por tanto, el jerarca socialista favorito de Soraya, tiene el año ingenioso. Le han sentado bien los turrones, se ve comiéndolos muchísimos años más y disfruta horrores (es lo suyo) haciendo la descarada y maliciosa evaluación de las desgracias del PP. Creo que es la única evaluación en la que no suspende, aunque como ministro del Interior y responsable de la seguridad de todos los españoles, debería haber sido expulsado de la clase hace tiempo. El problema es que Alfredito, un alumno de cuidado, es también el profesor Rubalcaba, jefe de Estudios y director del centro, al que no se le conocen tentaciones suicidas. La probabilidad de que se autoexpulse es, aproximadamente, cero; y la posibilidad de que Soraya intente echarlo, ninguna. Es más, casi los veo como protagonistas de una versión actualizada de Portero de Noche.

Pero hay que reconocer que Dirk Bogarde era guapo, más de conserje que de nazi, y que Rubalcaba hace muy bien su papel al reírse de Granados, que ha atribuido el espionaje fantasma de El País a "alguien muy poderoso" y que el ministro del Interior ha identificado como Mortadelo y Filemón. Que, por cierto, era la lectura favorita de Felipe González para conciliar el sueño cuando Rubalcaba era sólo uno entre mil ministros felipistas. Rubalcaba citando a Mortadelo es como si un consejero de la Comunidad de Madrid cita a Von Mises, el pensador liberal favorito de Aguirre: un acto de devotio ibérica actualizada, un alarde de disciplina política y adulación secular, no una referencia intelectual.

Rubalcaba se ríe de que los verdaderos artistas de esta tragicomedia mejicana, digna del Ibargüengoitia de Los relámpagos de Agosto y Las muertas, el lelo Mortadelo y el melón Filemón de este esperpento arrojadizo, no son de su ministerio, aunque lo sean, ni del CNI, que comparte abogados con el candidato de los poderes fácticos a la Moncloa, obviamente Gallardón. La información de El País hasta ahora es objetivamente nula, el delito, de existir, se comete contra dirigentes del PP y si este partido existiera habría puesto el grito en el cielo y en las Cortes culpando a Rubalcaba y Zapatero. Pero como Rajoy y/o Gallardón se lo han cargado, el bicéfalo aguilucho cenizo se ha apresurado a culpar a Esperanza Aguirre de no se sabe qué, salvo, tal vez, de haber sido agredida por unos delincuentes políticamente adversos. Los que realmente han perpetrado la crónica de las andanzas colombianas de Mortadelo y Filemón no se han inspirado en los héroes de Felipe González, ni siquiera pertenecen al PSOE. Son los jefes del Partido P´ayudar y, por seguir con las bromas de Rubalcaba, podríamos llamarlos Marianelo y Gallardón.

Y es que lo políticamente importante de este episodio de tebeo es el respaldo político incondicional que han dado a las dizque informaciones de "El País" Rajoy y Gallardón. Éste habló de una "unidad parapolicial" en la Comunidad de Madrid, a la que empezó llamando "unidad paramilitar". Para mí que recordaba su primer servicio al Fraga de AP y origen de su carrera política: secuestrar dos veces Cambio 16 para proteger el honor de Almirón, un escolta de Fraga al que en Argentina denunciaron como miembro de los "escuadrones de la muerte" de Videla. Eso sí eran "unidades paramilitares" y firmaban sus crímenes AAA, siglas, si no recuerdo mal, de Alianza Anticomunista Argentina. Ya se ve que la defensa del honor, el de Almirón o el suyo, contra el periodismo descarado fue vocación temprana en el joven fiscal, carrera que apenas ejerció, y abogado político de Fraga, al que en AP llamaban "Gallardín", dejando el aumentativo para su padre.

Pero más grave que lo de Gallardón (cuyo Ayuntamiento debe, según algunos medios, mil doscientos millones de euros a la Caja de Blesa) y lo de PRISA (que debe, según se ha publicado, no menos de quinientos millones a la Caja), créditos que no pueden pagar pero que tal vez Blesa, atendiendo a su importancia social, nada personal, renegociaría, es lo de Mariano Rajoy, que de nacer personaje de Galdós en vez de funcionario político podría haber sido la entrañable cieguita de Marianela o el patético cesante de Miau.

La nota de Génova 13 es una condena política de Esperanza Aguirre, la enésima desde Elche, no se sabe por qué ni a raíz de qué datos (salvo los sugeridos por El País, que acusó a la Comunidad de Madrid de una trama de espionaje, datos que ahora niega), sintetizada en cinco puntos rigurosamente contradictorios y zarrapastrosamente escritos (dato que exime de responsabilidad directa a Carmen Martínez Castro, que redacta muy pulcramente) en vez de defender a unos dirigentes del PP que están siendo objeto de un presunto delito y de una nada presunta campaña de liquidación política. Fernando Garea, que ha pasado de El Mundo a El País sin que se advierta diferencia, ha escrito que Rajoy "se ha lanzado a la yugular" de Aguirre y es un dato rigurosamente cierto. Tan cierto como que Aguirre es el último obstáculo para que Gallardón se siente, sin consulta democrática al partido, después del 1 de Marzo o cumplido Junio, en el sillón semivacío del présbite Mariano Marianelo (la mitad ocupada es la del alcalde de Madrid). Yo comprendo que Rubalcaba se muera de risa. Y los votantes del PP de asco.

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