El blog de Federico

Los libros zejateros: El Secreto (2)

El secreto de Nora Byrne y sus amigos que conoce medio mundo desde siempre

Lo primero que hay que decir sobre El Secreto es que, de creer a la autora y sus cómplices, no hay secreto. El libro se refiere a un depósito de sabiduría tan diminuto como el núcleo de materia del Big Bang una milésima de nanosegundo antes de empezar y tan gigantesco como el Universo desde su estallido. Las palabras de su presunta autora Nora Byrne –en realidad el autor del Secreto es el propio Secreto en su desvelamiento y democratización, los escribas son sólo médiums– lo dicen con claridad:

Tuve una fugaz revelación de un Gran Secreto: El Secreto de la Vida. Esa fugaz revelación me llegó gracias a un libro centenario que me regaló mi hija Hayley. Empecé a buscar los orígenes de El Secreto en la historia. No podía creer que hubiera tantas personas que lo conocieran: Platón, Shakespeare, Newton, Víctor Hugo, Beethoven, Lincoln, Emerson, Edison, Einstein.

Todavía incrédula pregunté: "¿Por qué no es de dominio público?" Me consumía un ardiente deseo de compartir El Secreto con el mundo y empecé a buscar personas que lo conocieran.

Las encontró. Y colaboraron en un documental para televisión de Byrne que está en el origen de este fenómeno. Son éstos, tal y como vienen en el capítulo "El secreto revelado". La cita es textual:

Bob Proctor
Filósofo, escritor y coach personal.
Su frase: "El Secreto te concede todo lo que deseas: felicidad, salud y riqueza".

Doctor Joe Vitale
Metafísico, especialista en marketing y escritor.
"Puedes tener, hacer o ser lo que quieras".

John Assaraf
Empresario experto en ganar dinero
"Podemos tener lo que queramos. No me importa su magnitud. ¿En qué tipo de casa quieres vivir? ¿Quieres ser millonario? ¿Qué tipo de negocio quieres tener? ¿Quieres más éxito? ¿Qué es lo que realmente quieres?"

Doctor John De Martín
Filósofo, quiropráctico, sanador y especialista en transformación personal.
"Este es el Gran Secreto de la Vida."

Doctor Denis Waitley
Psicólogo y entrenador en el campo del potencial de la mente.
"Los líderes del pasado que conocían El Secreto no querían compartir su poder. Ocultaban El Secreto a los demás. Las personas iban a trabajar, hacían sus tareas y regresaban a sus casas. Seguían una rutina carente de poder, porque El Secreto era sólo para unos pocos."

Michael Bernard Beckwith
Visionario y fundador de Ágape International Spiritual Center.
"He visto muchos milagros en las vidas de las personas. Milagros económicos, de curaciones, tanto físicas como mentales y de las relaciones."

Jack Canfield
Escritor, maestro, coach de vida y orador motivacional.
"Todo esto ha sucedido por saber aplicar El Secreto."

¿Es El Secreto un libro de No ficción o de Ficción? ¿O es sólo del género zejatero?

La clave del éxito de este libro, aparte de su sabiduría, que consiste en entender la infinita voluntad de ser engañado que alberga el ser humano, está en la edición. Como un Codigo da Vinci en versión infantil, las páginas van teñidas de rastros amarillentos que, pese a estar recién editado el libro, parecerán pergamino a los que nunca vieron un pergamino. La portada exhibe un lacre rojo neoarcaico y, atención, en grueso relieve para resaltar la mayúscula de Secreto. Todo lo referido a lo que José Blanco llamaría el conceto del libro va siempre en mayúsculas. El lector, que recibe tratamiento divinal: Tú, Ti, Te. Y cada vez que uno de los maestros reseñados y otros del mismo tenor que van apareciendo dice algo, aparece junto a su nombre en mayúsculas algo menores que las del Lector, un motivo gráfico en colores sepiosos, atejados, amarillentos o mostosos.

Otra clave no desdeñable para triunfar entre la gente con menos luces es evitar cualquier lógica o racionalidad discursiva. Por ejemplo, despreciar la coherencia en los razonamientos. El primero no se le habrá ocultado al avispado lector: ¿por qué si tantos sabios del pasado han convenido sin conocerse (Platón no podía conocer a Shakespeare, ni siquiera sospechar a Einstein) en que El Secreto jamás debía darse a conocer a todo aquel que pudiera pagarse el libro o robarlo, sería juicioso propagarlo a todo el mundo, o como diría la autora, siempre mayuscular, Mundo. ¿Son más listos Nora y sus amigos los "coach" (anglicismo esencial en esta traducción de Urano, seguramente patagónica), oradores motivacionales, metafísicos, quiroprácticos y sanadores del cuerpo y la mente que los más santos y sabios que en el mundo han sido? En otro pasaje del libro se asegura que Jesucristo, Mahoma, Buda y otros grandes profetas divinales conocían El Secreto. Pero creyeron que no debían divulgarlo. ¿Acaso eran menos piadosos, menos santos, menos favorables a la salvación de la humanidad que Nora y Asociados?

La respuesta es no. Y sí. Y no. Y sí, pero no. O no pero sí. En realidad, todos lo sabían y nadie lo sabía, todos yacían enervados, arruinados, aburridos, sin iluminación trascendente e inmanente, pero al tiempo cerca, cerquísima de alcanzar la felicidad y la sabiduría con sólo un acto de voluntad. El problema del Mal en el mundo, que a tantos aleja de la Fe, se revela como oblicua y artera esquivez. ¿Por qué han dejado los guías espirituales de la Humanidad de comunicar tan ancestral secreto si no lo era, porque en los primeros vestigios de escritura babilónica ya se ve que estaban al cabo de la calle?

– Pero, ¿en qué quedamos? – dirá el lector poco zejatero, inmune a la alegría de la sabiduría – ¿Se sabía o no se sabía?

– Las dos cosas. Se sabía y no se sabía, se olvidó y no se olvido, era secreto pero público. Era y no era. En catalán bastante antiguo solía decirse: "aixó era, / i no era, / quan neixia la primavera". Edgar Allan Poe le dedicó su relato La carta robada. O sea.
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