El blog de Federico

Los libros zejateros: El Secreto (1)

(Cuya estupidez sólo es superada por su éxito)

El secreto de Rhonda ByrneEl Secreto, de Ronda Byrne y dos docenas más
Editorial Urano
(Género: Ficción Zejatera)

Un descenso a las simas más hondas de la idiotez humana, un modelo de estafa universal y una prueba palpable de que Moratinos no está sólo en el mundo.

Hace algunas semanas, cuando acababa de salir La ciudad que fue, Tomás Cuesta llegó a la hora de los libros en La Mañana de la COPE con este irresistible reclamo:

Traigo –y usted me perdonará– el libro que ha conseguido que el suyo sea número dos en varias listas de "No Ficción" y no número uno, como sin duda merece.

Naturalmente, presté atención. Mi noble ambición y mi estúpida vanidad habían quedado satisfechas al colocarse el libro sobre la Barcelona de los 70 como el libro más vendido en El Corte Inglés y La Casa del Libro de Barcelona. Misión cumplida. Pero tenía curiosidad por saber quiénes eran en esta ocasión los rivales, que dentro de ese género impreciso que las listas de ventas llaman de "No ficción" les salen siempre a los libros de ensayo, de divulgación histórica, crónicas y reunión de artículos políticos. Hasta ahora, mis criaturas de papel han tenido que luchar contra enemigos clásicos: libros de recetas de cocina, el clásico anual de la depresión de Enrique de Rojas y otros del género nacional. Pero en los últimos años tropiezo con un enemigo invencible: los libros de autoayuda, alguno no lo es. Escribir sobre Aznar o la COPE, reunir artículos y chats me han permitido luchar dignamente contra las recetas de Arguiñano. Pero es de justicia reconocer que contra un libro de trucos para dejar de fumar o para desengordar (este subgénero podría incluso cultivarlo yo mismo) nadie, ni siquiera Cervantes, puede competir. Padecí ¿Quién se ha llevado mi queso? durante más de dos años, tiempo de su reinado indiscutido e indiscutible. Afronto, pues, curtido por la experiencia, la lucha desigual con los canelones, la depre, el queso, el cruasán y, faltaría más, El Secreto.

– Mientras el libro no sea de Suso de Toro o de Petit, estoy dispuesto a leerlo.
– Lo disfrutará. Es una pieza inolvidable. Es uno de los libros del club de Oprah.
– ¿La María Teresa Campos de color? ¿La abogada televisiva de Obama?
– La misma.
– Bueno, pues hazle la autopsia. Al libro, quiero decir.

Y Tomás se la hizo. Todavía conmocionado, me llevé el libro a un viaje en avión dentro de España. Malo será –pensaba– que en una hora de ida y otra de vuelta no lo termine. Y si es insoportable, lo dejo a las veinte páginas y lo tiro a la papelera en el aeropuerto apenas aterrizar. No hay que facilitar una nueva vida a los alien intelectuales.

Como de costumbre, me equivocaba. El mundo es ancho y ajeno, pero no en la clave semirrural de la antaño popularísima novela de Arguedas, sino por su condición extravagante y poblada de enajenados. Tras leerlo, no sé qué hacer con El Secreto, si enviárselo a Gallardón o tirarlo a la basura. Lo decidiré después de terminar esta reseña.

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