El blog de Federico

Los dos votos ocultos y la doble incertidumbre electoral

Por lo que vemos y por lo que barruntamos, diríase que el PSOE da por hecha una holgadísima victoria, absoluta o casi, casi. Dicen también que Gallardón ha convocado a sus huestes en "Ambiciones" en la misma mañana del lunes, sin duda para ir preparando el entierro de Rajoy. Ésta última es una gran noticia para Mariano, porque el fefealcalde de Madrid suele equivocarse siempre en las grandes ocasiones, así que lo mismo gana el PP las elecciones, forme o no forme Gobierno después. Pero de creer casi todas las encuestas de los últimos días, la suerte está ya echada a favor del embustero Zapatero.

Yo tengo mis dudas, no solamente por el clásico optimismo de la voluntad, sino por el fundadísimo pesimismo acerca de la condición humana que caracteriza a los liberales en general y a los españoles en particular. No hay ninguna ley que obligue a los españoles a decir la verdad a los encuestadores, pero, de haberla, sería una de las más vulneradas por nuestros conciudadanos. Han fallado tantas veces los encuestadores que uno puede precaverse o consolarse pensando en las veces que han sido engañados por los encuestados.

Sin embargo, desde las elecciones del 93, yo he observado un fenómeno que nos permite abrigar esperanzas sobre el resultado rajoyesco del 9M. Tradicionalmente había en España un voto oculto a la derecha que no se confesaba pero que se emitía. De ahí que los arúspices demoscópicos añadieran siempre algún punto más al voto previsto de Alianza Popular, y luego al del PP. Sin embargo, en aquellas elecciones marcadas por el GAL y la corrupción (poca cosa, comparada con lo que vino después) las encuestas le daban una ventaja clara al PP y González le sacó un millón de votos. Aparte de fallar en el segundo debate televisivo, era evidente que, por primera vez, se había producido una ocultación de voto al PSOE. Que además volvió a producirse en el 96.

Yo creo que en esta ocasión hay dos tipos de voto oculto: el del PP por miedo a los nacionalistas y déspotas sociatas y el de la Izquierda, por vergüenza de votar a unos tíos que les consta que son unos sinvergüenzas, pero que son de los suyos. El miedo de los votantes del PP siempre ha estado justificado, aunque en la época de la pinza Aznar-Anguita menguó bastante por la hiperlegitimidad añadida de la izquierda. Ahora, con toda la izquierda y los separatistas juntos contra el PP, es normal que haya gente que no confiese lo que va a votar, y menos aún a unos tíos de unas encuestas que saben dónde vives o tienen tu número de teléfono. Sería, pues, normal que el voto de derechas fuera mayor de lo que aparece en los sondeos, aunque no sabemos cuánto.

Pero para cualquier persona con un adarme de conciencia nacional, votar a ZP, socio de todos los separatistas en la demolición de España, tampoco es fácil de confesar. Y sin embargo, lo harán. El símbolo de esa doble moral, de esa esquizofrenia antiética podría ser Rodríguez Ibarra. O Bono. O Barreda. O Paco Vázquez. Menos Chaves, casi todos los socialistas del sur. Pero la historia demuestra que precisamente en Andalucía, y en Sevilla especialmente, no todos los que votan al PSOE lo confiesan en público. Lo mismo que los que votan al PP en Cataluña o el País Vasco, que lo ocultan y con razón.

Creo que por primera vez esa doble ocultación de voto es segura pero más difícil de cuantificar que nunca. Y creo también que puede ser la única posibilidad de victoria para el PP.

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