El blog de Federico

Libertad y mercado

Es posible que la apertura generalizada de fronteras comerciales y la liquidación del proteccionismo desbocado que se está imponiendo en los USA y otros países occidentales no solucione la crisis a corto plazo. De hecho, mientras no sepamos hasta dónde llega el agujero crediticio y financiero internacional será imposible saber cuál es la magnitud de la enfermedad y el tiempo y la medicina necesarios para la curación. Por supuesto, eso es imposible si se administran a un enfermo de neumonía toneladas de antipiréticos, como si eliminando la fiebre se curase la infección. Y tampoco es posible que esta crisis ocasionada por la FED y los últimos Gobiernos norteamericanos que, por razones políticas, mantuvieron artificialmente bajo el precio del dinero y animaron a los bancos a dar créditos con escasa o nula posibilidad de recuperarlos –las "subprime" de allí y de aquí- pueda solucionarse con más dinero entregado masivamente, sin control ni criterio y por intereses puramente electorales del Gobierno y de buena parte de la clase política, a las mismas instituciones quebradas que lo han malbaratado. ¿Pero cómo no se van a subir los sueldos los ejecutivos de AIG y otras empresas si se les ha premiado por arruinarlas? Si para curar al heroinómano se le dobla la dosis y gratis, ¿cómo podrá desengancharse? Ahora bien, incluso si el adicto trata de hacerlo, no sabemos el tiempo que llevará conseguir una cierta estabilidad para buscar cada día algo más que su droga, que en el caso de la crisis es el dinero barato o regalado. Y a largo plazo, mientras eso no se admita en serio, el proteccionismo generalizado sólo alargará y ahondará la crisis.

La razón del proteccionismo es, en el fondo, la misma de la crisis. Es el empeño del poder político en aumentar su control de la sociedad, privándola de una autonomía real a cambio de una protección económica casi infinita e infinitamente ilusoria. Juan Ramón Rallo ha recordado en LD cómo los vaivenes de la Bolsa previos a la Gran Depresión del 29 (un leve disgusto si se la compara con la que tenemos encima) fueron paralelos a la negociación entre republicanos y demócratas de la barrera arancelaria Smoot-Hawley, levantada desde años antes del Crack y rematada poco después, que universalizó, con la eficaz ayuda de Inglaterra, un problema que podría haber sido sólo regional. Cada vez que se reforzaban los aranceles proteccionistas y tras algunos días de euforia artificial, acababa bajando la Bolsa. Como ahora Wall Street con los distintos planes derrochadores de Obama. Y es natural, porque un observatorio del mercado al que se le niega el principio mismo de la economía de mercado acabará por hundirse.

Krugman, uno de tantos progres que se niegan a aprender de sus derrotas –el negocio de la progresía es ese: la negación del principio de realidad económica o política y la afirmación del principio del placer de sentirse superiores moralmente a los demás- ha llegado a España, cuya economía dice que le aterra, de la mano del terrorífico Zapatero. A tal señor, tal honor. Y critica a su adorado Obama por la misma razón de fondo por la que critica los diez años de Depresión tras 1929: porque el New Deal rooseveltiano no se atrevió "a ir hasta el final" en su intervencionismo. Lo hicieron soviéticos, fascistas, nazis y demás depredadores de la libertad social y defensores de la idolatría del Estado. De eso no hablan los progres, pero en última instancia lo que se critica en Roosevelt es lo que define a keynesianos a lo Krugman: nunca se atreven a llevar hasta el final su ataque al libre mercado: son totalitarios pero sin valor para reconocerlo, una cobardía subvencionada respetuosamente por los liberales de boquilla, que suelen ser tan intervencionistas como todos los políticos de cualquier condición. Y si hay algo clarísimo es que el proteccionismo da más poder al Poder y quita poder al ciudadano. Por eso la libertad y el mercado o se asisten mutuamente o se hunden juntos.

Esta próxima semana aparecerá en las librerías y presentaremos en sociedad el formidable Informe Recarte 2009, cuyos primeros avances han aparecido ya en LD y que parte de unos principios liberales exactamente opuestos a los de Krugman y toda la patulea académica progre, tan pomposa como ruinosa. No sabemos (y nunca sabremos del todo, porque son infinitos millones de decisiones los que la conforman) lo que pasa en una economía global, pero Recarte explica con claridad lo que vamos sabiendo y lo que no sabemos sobre lo que nos ha conducido a esta crisis. Que es casi exactamente lo que se nos vende ahora como la forma zapatobamakrugmaniana de solucionarla. Digo casi porque hay muchos aspectos que debatir, desde el punto de vista liberal, sobre el fallo de unas instituciones que deberían haber velado por la libertad del mercado pero que se han dedicado a hacer felices a los Gobiernos y a los particulares (a muchísimos millones de particulares) mediante una fórmula que adivinó, como casi todo, Alexis de Tocqueville: privándolos amablemente de libertad hasta dejarlos sin mercado. La crisis económica sólo tiene un aspecto positivo, y es lo apasionante de su análisis intelectual. Ningún espacio mejor para hacerlo o intentarlo que el que nos brinda Libertad Digital.

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