El blog de Federico

Jornada de irreflexión: los juntacadáveres vuelven a hacer fortuna en el cementerio

La entrecortada y llorada, aunque leída y archicocinada alocución de una hija del último asesinado por ETA tenía una sola pero trascendental función política: absolver al PSOE en los telediarios del pecado mortal y criminal de tratar como si fuera un político más al pistolero que ha matado al padre de la muchacha. Seguramente, la manipulación ha sido eficaz: la identificación con la última víctima del terrorismo era automática, y la empatía con las huérfanas y la viuda alejaba o difería cualquier reflexión racional sobre la auténtica razón del crimen, que es que la ETA va a seguir negociando con el PSOE, golpe a golpe y muerto a muerto, porque el PSOE así lo quiere. Y habrá más muertos, más viudas, más huérfanos, y los zetapés, pachis y eguigúrenes seguirán demostrando que la capacidad para hacer el mal contenida en esas siglas es virtualmente ilimitada.

En esta jornada de reflexión de 2008 se ha propiciado, como en el 13-M de 2004, la irreflexión, mediante un uso calculado del terror y un uso artero de la manipulación. Los terroristas y el PSOE compiten –no compinchados, eso ya me parece disparatar– en astucia y malevolencia para aprovechar el asesinato. Los etarras para debilitar al PSOE, favorito electoral este domingo. El PSOE, para deslegitimar a su rival, el PP, utilizando la dureza que un partido decente reservaría para ANV y PCTV, representantes políticos de ETA en las instituciones. Pero, claro, Zapatero y Pachi Nadie son los responsables de que ETA tenga parlamentarios y dinero, así que no van a criticar a ANV, que existe gracias al PSOE, Cándido y los garzones judiciales sociatas. Tienen que escenificar una dolida oposición al PP, por el delito de querer dar el pésame a la familia del muerto. Es una prueba de buena fe, pero también de pasmosa ingenuidad, pensar que el PSE-PSOE, que si no culpable sí es responsable en muchos sentidos de la capacidad de matar de la banda, iba a comportarse decentemente con el asesinado aún de cuerpo presente. Es un error no haber calculado que gente tan malvada actuaría como Pachi Nadie, de forma calculada y maligna. Pero es que el PP sigue dirigido por gente que sigue sin saber o sin querer saber cómo las gasta esta cuadrilla. Y mira que han tenido ocasiones de aprender.

En la medianoche de este día aciago, con la emoción sustituyendo a la reflexión, y el cálculo adivinatorio ocupando toda la energía intelectual que precisa la política, uno se va a la cama con la amarga sensación de que aunque no sabemos lo que influirá en las urnas el último asesinato etarra, que no será el último, y la última manipulación del PSOE, que a estas horas ya debe de ser penúltima, España se ha convertido en algo así como una república iberoamericana, sometida al terrorismo y a la corrupción, o en una Sicilia sometida a un terror corruptor informe e ilimitado, de cuya tenaza no logra escapar y que cada vez tiene menos fuerzas para hacerlo o, al menos, intentarlo.

He oído al secretario de Estado de Información decir con emoción de guión malo que a los treinta y cinco millones de españoles que pueden votar les falta uno: el muerto. Es falso, faltan cientos de víctimas, faltan todos los asesinados por el terrorismo, que, de no padecer esa lotería de la muerte reservada a los españoles del común, habrían ido a votar mañana. Pero ellos no cuentan para esa máquina de mentir cuya eficacia sólo es superada por la máquina de matar, a la que sus mentiras alimentan.

No sé qué sucederá este domingo. Sólo sé que votaré lo que creo que será más eficaz para echar del Poder a esta partida, que no partido, de profesionales de la manipulación. Por la noche contaremos los votos, por si se hace el milagro. Que milagro será si de las urnas sale no ya un voto de castigo sino una condena a quienes han convertido a España en lo que ahora es: un laboratorio para el despotismo de nuevo cuño, una funeraria de su propio cadáver, un páramo moral donde reina impunemente la mentira y en el que toda indignidad tiene su asiento.

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