El blog de Federico

Haikus de tres poetas japonesas para una mañana de Navidad

Uno espera de la Navidad, como del Año Nuevo, mañanas de sol y calles desiertas. Las fiestas de Nochebuena y –sobre todo– Nochevieja son melancólicas adivinaciones de catástrofe. En cambio, las mañanas de sol después de las noches eufóricas y turbias son una fiesta para el espíritu. Yo he dedicado una de estas mañanas perfectas, solitarias a un libro muy breve de tres poetas o poetisas japonesas dedicadas al haiku: Suzuki Masajo, Kamegaya Chie y Nishguchi Hachiko, agavilladas en 70 haikus y senyrûs de mujer (Ed. Hiperión), título atroz que inhibe cualquier afán lector pero compensan los traductores: el benemérito Vicente Haya y Yurie Fujisawa.

¿Haikus en una mañana de Navidad? Sí, porque tras pasar una noche de noches, el mundo continúa como si no estuviéramos en él o como cuando ya no estemos. Y esa contemplación de la indiferente belleza del día es lo que ilumina la sombra que no vimos, que no habíamos encontrado dentro.

El haiku, memoria del instante, es también un conjuro contra la memoria. Si la poesía busca dar trascendencia a lo fugaz ("sólo lo fugitivo permanece y dura", dijo Quevedo), el haiku florece cuando todo ha pasado y todos se han ido, cuando alguien, uno, percibe la soledad serena y quebrada de las cosas, cuando en la piedra de los seres sólo quedan las grietas de la vida.

Este libro, que padece una llamativa, por no decir escandalosa, ausencia de prólogo, notas y datos biográficos es, pese al título, extraordinario. Lo son las tres poetas y los haikus seleccionados. Lo son también las disparidades dramáticas de sus vidas. Lo es la acendrada sinceridad de su obra solitaria.

Tras esta mañana de Navidad que me han procurado sus noventa páginas, me he adentrado en la red para ver qué pasaba con el prólogo que falta y las notas biográficas de las autoras que sólo aparecen en la contracubierta, bien que a la carrera y con una línea última capaz de ultimar a cualquiera que no sea un progre irredento: "Tres maneras de ser ignoradas como mujer en la cultura japonesa". ¿Qué significa eso de "ser ignoradas como mujer"? ¿Que todas las mujeres son ignoradas en Japón? ¿Qué hay japonesas ignoradas sólo por razones de sexo? ¿Pero cómo se puede ignorar como mujer a quien sólo se identifica como mujer? Me parece estar viendo a la feminista de guardia redactar penosamente estas banalidades que, al final, sólo desembocan en colocar nulidades en puestisueldos de pompa, derroche y desbaratamiento.

El prólogo desaparecido y una breve selección

Como era de suponer en el que seguramente es el mejor conocedor y divulgador del haiku en España (v. prólogo de mi libro de haikus La otra vida), Vicente Haya escribió un prólogo del que se ha extractado esa contracubierta desmañada y convencional sobre las tres escritoras japonesas. No lo he encontrado en su web El alma del haiku, donde aparece una primera versión del último poema de Kamegaya Chie, Cáncer, y supongo –no se cita– una foto de ella misma en las postrimerías. Maravillosa imagen, por cierto. Pero el prólogo fantasma aparece en otra web dedicada al haiku: El reflejo de Uzume. El texto perdido e, internet mediante, hallado con las biografías de las tres escritoras lo he encontrado en uno de los tres blogs de Mercedes Pérez "Kotori", que tiene más, y en el que da muchas direcciones de amigos del haiku en España y alrededores.

Pero por los vericuetos de la edición hemos perdido de vista lo esencial: el haiku, según estas tres notabilísimas escritoras. De Suzuki Masajo me gustan los de la página 9, 11 y 13, el de la p. 17 ("Sopla el viento / de otoño. Mi amor / va dentro"), y lo que diríase una sola historia de amor contada en ocho haikus y senryûs, los de las páginas 19, 20, 21, 22, 23, 26, 27 y 33.

Noche de invierno.
Cosas que se reflejan
en el espejo: yo.

Un cojín para el esposo
que he tomado prestado.
Cielo nublado.

(el último verso es tal vez el kigu interior/exterior que echa en falta Haya)

Bola de arroz hervido.
Hasta al hombre que amo
le estoy mintiendo.

Esta esposa infiel
ha limpiado tu tumba
con mucho esmero.

Una estrella fugaz
para una mujer
que no sabe qué pedir.

De Kamegaya Chie los de las páginas 39, 40, 44, 47, 52, 53 y 55, el último.

En el espejo,
al cambiarme de ropa,
se podía ver la nieve.

Baño de luna.
Una sombra negra,
De pie, embelesada.

El relámpago
deslumbrante, y luego...
la negrura del cielo.

Tan vieja estoy...
Ni me inmuté al saber
que tengo cáncer.

Y de Nishiguchi Sachiko, sencilla y enigmática, moderna de puro antigua, me gustan sobre todo los de las pp. 59, 63, 69, 75, 83 y 84, 87, 88, 89 y 90.

Silencio en la montaña.
Sólo el ruido que yo hago
recogiendo helechos.

Crece de pronto
el ruido de la perforadora.
Llovizna en la aldea.

Se oye el canturreo
del pintor de paredes.
Otoño suave.

Traza el milano
un círculo. En su centro
recojo boniatos.

El río turbio
arrastra los regalos
del Día de Difuntos

Brisa en los árboles.
En el pie del bebé
el nombre de su madre.

Susuki en flor.
La esposa, con veinte años,
y desaparecida.

Dicen que otra familia
deja el pueblo.
Paulonia en flor.

Acaba el año.
Muchas ollas al fuego.
Comida de funeral.

Naturalmente, estos poemas no eximen de comprar el libro ni de tratar de ver la luz de la mañana al trasluz de la Navidad. Felices Pascuas.

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