El blog de Federico

Esperanza

Que en todo el grupo de Libertad Digital hay debilidad por Esperanza Aguirre es evidente. Para una liberal que ejerce, sólo faltaría. Pero que la tienen mayor nuestros lectores, oyentes y televidentes lo hemos comprobado desde el momento en que adelantamos la noticia, poco antes de las 11 de la mañana. Adriana Rey, que estaba en el acto en el que Aguirre anunció que le habían detectado un cáncer y suspendía temporalmente su actividad política, le pasó a Dieter la noticia, él a mí y a los diez minutos se daba en el informativo.

Pero apenas la había avanzado yo, me estaba llamando Regino García Badell, su jefe de gabinete, para decirme que el bulto era pequeño, que la operación se presentaba sencilla y que se había detectado a tiempo en una revisión rutinaria.

–Y te paso un momento a la Jefa.

–Ah, sí, claro, claro...

–Oye, que te he oído dar la noticia y parece que me estoy muriendo...

–Si no pudieron ni el helicóptero ni Bombay, no va poder un bultito maligno. Pero ¿cómo estás tú?

–Hombre, cómo voy a estar: tengo un cáncer, pero, vamos, con muy buen pronóstico. Y muy animada. Por supuesto que saldremos de ésta. Hala, un beso.

–Adiós, adiós...

Pero ya había puesto el turbo camino de otra parte. No hay mejor señal de que estaba bien, o sea, que estaba como es. Pero mi pronóstico particular es bueno por dos razones: primero, porque reconocía el cáncer, lo que supone que seguirá el tratamiento médico sin elusiones ni acelerones electorales; segundo, que un cáncer de mama cogido a tiempo se cura en España –y más en Madrid– en la inmensa mayoría de los casos. Añadámosle el excelente estado físico de la presidenta, que se cuida mucho, amén de su costumbre de atacar el hoyo de golf con determinación implacable y tendremos un panorama muy favorable.

Ahora, que el susto te lo llevas.

Como la lucha contra el cáncer tiene un aspecto físico y otro psicológico, la incógnita radica siempre en la reacción del enfermo y en su voluntad de luchar y no afligirse, aunque también es necesario afligirse, siquiera un poco. No tengo duda de que Esperanza se afligirá lo justo, o sea, lo sentimentalmente higiénico, como hizo al dar la noticia apenas tuvo los datos del análisis. Actuó en esto a la británica, sobre todo a la americana, nunca a la francesa. Y además de evitar los rumores y chismorreos, aprovechó para insistir en la necesidad de que todas las mujeres deben hacerse las revisiones periódicas de mama, del mismo modo que los hombres debemos hacernos las revisiones anuales de próstata. En esto, como en tantas facetas de la vida pública, Aguirre ha resultado ejemplar.

Pero el cáncer es también la plasmación de una vieja fantasía barroca y romántica: asistir al propio entierro. Es muy difícil que el comentario no tenga algo de obituario reversible y que los mensajes de la gente no sean una especie de encuesta sobre lo que uno ha hecho en la vida y cómo lo valoran los demás. Pues, bien, la respuesta inmediata de la gente tras conocer la enfermedad de Esperanza ha sido y es todavía mejor que sus encuestas electorales, aunque parezca imposible. Uno de los primeros mensajes que llegaron a LD decía: "No saben esas células neoplásicas con quien se juegan los cuartos". Era el mismo espíritu de Aguirre la penúltima vez que hablé con ella, el 5 a las 5, cuando apareció sin avisar en la gran manifestación de las víctimas del terrorismo convocada por Alcaraz contra la negociación faisanesca del Gobierno y ETA:

–Presidenta, ¡qué sorpresa verla aparecer en esta manifestación!

–¡Pa' que tú veas!

Esto sólo se puede oír en Madrid y sólo te lo puede decir Esperanza Aguirre. ¿Cómo no la va a querer la gente? ¡Y cómo la quiere la gente!

En cuanto a las células neoplásicas, se van a enterar.

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