El blog de Federico

El triunfo del separatismo a plazos

Ante la indiferencia de casi la mitad del censo electoral, que suele renunciar a la democracia y a la política, el separatismo catalán ha conseguido un triunfo sin discusión. Porque separatista sin prisa es Artur Mas, que quiere negociar antes la independencia económica, vulgo cupo, para que la pague España. Separatista con karaoke es Herrera. Separatista con corona de espinas es Puigcercós. Separatista piafante es Laporta. Y de Montilla nunca sabremos si fue separatista con el Estatuto o dejó de serlo al perder el poder. Probablemente, el "increíble hombre normal" es exactamente eso: un tipo de lo más corriente en Cataluña: que no se mete en política y que aceptará lo que decidan los que mandan. Y los que mandan, por mayoría creciente, camino de aplastante, son los separatistas.

Enfrente, Ciudadanos, que sube votos y mantiene escaños pero que tendrá que invitar a Mourinho al Grupo Mixto para frenar a Laporta. Y también se supone que enfrente, el PP. Cuatro más que ahora aunque sólo uno más que Vidal Quadras en el 95, que con los 3 de C´s y la docena menos nacionalista de las dos y media del PSC, juntarán cuarenta. De 135, los separatistas sacan casi cien. Aun si el PSC se hiciera todo español y Durán se separase de Lleida, los doblan. Con mucho menos apoyo en las urnas, Maciá y Companys proclamaron dos veces el Estat Catalá. Por las bravas, claro, y así les fue. Pero si Mas no lo ha hecho es porque le conviene esperar y porque, como ha dicho con absoluta claridad durante la campaña, la mayoría de los catalanes no lo votaría hoy en referéndum. En pocos años lo harán. Sólo la impaciencia podría arruinarles y los separatistas viven así muy bien. Nunca se jugarán la última copa, esa que en los USA llaman "para el camino". El suyo está claro: que la independencia la pague –y negocie– España.

El problema es que España, como institución legal, ha dejado de existir gracias a la partitocracia PSOE-PP y a un estatuto catalán que aparentemente frena el separatismo pero que en realidad lo legitima y lo asegura en cómodos plazos. El dilema al que se enfrentan ahora los españoles con vocación de ciudadanos sólo está claro en Cataluña: resistir a la tiranía, porque la tiranía es separatista. En el resto del aún Estado, en liquidación política sobre ruina económica, y de la Nación, soberanamente asolada, la tarea es complicada: resistir a un sablazo separatista que sin duda aceptaría un ZP al borde de la fosa política y con el que Rajoy podría sentirse "muy cómodo". Mucho más lo estará el separatista Mas. Pero con el cambio de inquilino monclovita en Madrid se nos volverá a olvidar el desahucio en Barcelona. Así llevamos desde 1977. Y así vamos: de cráneo.

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