El blog de Federico

El suicidio intelectual de la derecha española

Hay dos blogs que hoy no puede perderse el lector de LD. Uno es el recién nacido de Alaska y Mario, que comienzan lo más parecido a una correspondencia amorosa poco convencional que ha de procurarnos no pocos placeres bizarros, visuales y escritos. Me encanta la factura cromatica y el fondo exasperadamente romántico, como tejido en frivolité, que es una antigua forma de hacer puntilla recordada por Rosa Chacel en una de sus dos grandes novelas autobiográficas: Memorias de Leticia Valle y Al Amanecer; creo que la primera. Si lo cuidan, que por lo que voy viendo no es precisamente fácil, se hará indispensable y casi tan adictivo como el chocolate a la taza.

Otro blog de lectura obligatoria hoy es el de Pío Moa, al que a veces me cuesta asomarme por la cantidad de basura estalinista que se acumula contra su puerta (debo evitarla en el mío) pero del que ayer recomendaba aquí un bloguero su penúltimo texto, que es soberbio: La falsificación del ayer envenena el mañana. No sólo tiene una gran síntesis de lo sucedido en los años de la República y la Guerra Civil, sino que contiene la introducción del que probablemente es el problema esencial de la política española: el interminable suicidio intelectual de la derecha. No sólo política, sino social, ideológica, cultural, moral y hasta confesional.

Pío reseña que el complejo no viene de ahora, y quizás habría que hacer el libro genealógico del complejo de Derecha en España (aunque no sea sólo producto español), pero sí enlaza el complejo romanonista y anicetero (Por Romanones y Alcalá Zamora) con el que sufre la derecha franquista de Suárez y casi toda la UCD, que después de traer la democracia contra la Izquierda rupturista, se rinde intelectualmente a ella. Pero el momento clave de esa rendición ideológica lo protagoniza la derecha de Fraga, aquella Alianza Popular enfeudada a los democristianos aniceteros de Oscar Alzaga y el PDP, hermanos mayores de la cofradía del Complejo, cuyas hazañas han sido retratadas en La derecha sin remedio, de Ricardo de la Cierva; un gran libro tan inencontrable como su lógica continuación; De Fraga a Fraga, de Luis Herrero y Carlos Dávila.

El tercer momento del complejo de derecha, y que no ha tenido aún su crónica, es el de Aznar, en cuya primera etapa de liderazgo marcada por el congreso de Sevilla de 1990 se marca un rumbo claramente liberal y nacional y se apuesta por el debate de ideas dentro y fuera del partido. La hegemonía ideológica liberal parece incuestionable al ver que Esperanza Aguirre y Vidal Quadras son dos de los presidentes de FAES, la fundación que unifica a las tres preexistentes: liberal, democristiana y conservadora. Sin embargo, la eficacia burocrática en la producción de papeles y hasta de revistas –la más significativa es Nueva Revista, del clan de Valladolid y Fontán, con Pilar del Castillo– es pura hojarasca oficialista, como se demuestra cuando Aznar llega al Poder y perpetra la gran traición ideológica: el sacrificio de Vidal Quadras en el ara impía de Jordi Pujol, cuyos efectos llegan hasta hoy y resultan terriblemente actuales tras el 9-M. Sin embargo, la rendición total en la definición ideológica de la Derecha se produce en la segunda legislatura de Aznar y se manifiesta en la fundación de una internacional que sucede a la Democristiana –donde estaba el PP– y que llaman Internacional Centrista.

Para entonces, ya existían La Ilustración Liberal, donde publiqué el Viaje al centro de la nada, crítica del democristiano Eugenio Nasarre, clave en la alzaguización del aznarismo, y Libertad Digital, donde tratamos como se merecía a aquella estúpida Internacional del Complejo que, lógicamente, vio la luz en México. En ese momento, LD empieza a convertirse en el único think tank realmente importante en la Derecha española dentro de esa línea liberal y nacional que Aznar supo avizorar pero no servir. Siete años después, lo es mucho más, nunca contra el PP, cuyos militantes lo siguen en su gran mayoría y participan en sus páginas, pero sí a pesar de la dirección del PP, que nos guarda hosca y disimulada animadversión. Y por una buena razón: no nos controla.

Probablemente, lo que distingue a LD es que nació contra la traición de la clase política de la derecha a su base social y de una forma bastante espontánea, por agrupación de afines y refugio de exiliados internos, se ha convertido en un polo de atracción de liberales, conservadores y hasta de socialdemócratas y democristianos, todos ellos con un sentido nacional español, unos valores básicos compartidos y muchas ganas de luchar contra ese complejo maldito de la Derecha que permite la hegemonía mediática y educativa de la Izquierda, clave de su despotismo ideológico y político. LD no es una secta, ni las permite dentro de sí. Es un lugar de encuentro intelectual donde se pueden seguir los blogs de Pío Moa y Luis del Pino, pero también el nuevo de Democracia en América sobre las elecciones USA, el de la objeción de conciencia a la EpC, o el nuevo de Alaska y Mario que, como el estupendo Chuecadilly de Luis Margol, muestran la diversidad real de esta libertad en la que vivimos porque queremos, aunque concite la incomprensión, cuando no el odio, de algún sectario exhibicionista que necesita desprogramarse con urgencia y de algún meapilas con vocación de ayatolá del Santo Oficio al que no vamos a dar cobijo gratis. Si quieren atacarnos, a El Plural.

En unas horas, Rajoy pondrá el huevo de sus designaciones para el partido y el Parlamento. Por lo lento del proceso debe de ser un huevo de avestruz. Y tiene muchas probabilidades, si no todas, de demostrar lo que venimos diciendo: que el gran problema del PP, de la derecha española y de la libertad en España es ese maldito complejo ante la izquierda, cuya elucidación y análisis son pasos necesariamente previos para combatir y erradicar el cáncer que padece el moribundo sistema constitucional español. Ese al que Kevorkian Zapatero, el "Doctor Muerte" de estas postrimerías de la nación española, técnicamente asistido por el Doctor Montes, planea dar definitivo matarile. Tal vez lo consiga, pero no será con nuestro apoyo. Y, mucho menos, con nuestro silencio.
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