El blog de Federico

El partido de Aznar se extingue

Si en el hilo anterior del blog insistía en la ausencia de Aznar es precisamente porque la tarea que están acometiendo Rajoy, Gallardón y Fraga es, precisamente, la de liquidar la herencia política de Aznar, que es el propio PP, con la única excepción de los sueldos que piensan conservar y ampliar gracias a la liquidación del aznarismo. Algún merluzo de los que reciclan las vulgaridades del psicoanálisis sin haber leído a Freud viene diciendo desde que se fue Aznar que el PP "debe matar al Padre". Naturalmente, el genio vienés se refiere al hecho simbólico y no a la realidad; Freud habla de la necesaria maduración personal sin vinculaciones que acaben con la libertad individual; es decir, que hay que vivir autónomamente y no enfeudado fantasmalmente a una instancia ajena y antropófaga. Entre Edipo y Cronos se sitúa, también, el psicoanálisis.

Pero lo que quieren remarcar estos solapados solaperos bibianescos es que el partido de Aznar, el refundado en términos políticos en el Congreso de Abril de 1990, es el único obstáculo a los planes de Zapatero para el cambio de régimen y como tal debe ser apuntillado en la propia dehesa donde pace, porque una vez en la plaza es muy capaz de llevarse por delante al matador y a su cuadrilla. Hay que acabar con Aznar y su herencia política, el PP, porque sólo así podrá asegurarse el éxito de una operación mortal pero aparentemente indolora, una eutanasia opiácea, un españicidio voluntario.

Primero lo intentaron desde fuera: el Pacto del Tinell prueba la determinación de todos los partidos políticos de acabar "como sea" con el más poderoso de todos ellos. El aislamiento a que lo han sometido durante la legislatura pasada no consiguió, sin embargo, el efecto deseado. Primero, porque dentro del PP había focos de resistencia que, viendo venir el asalto, se parapetaron y contraatacaron, dejando más de una vez en ridículo al ejército tinelliano. Segundo, porque había algunos medios de comunicación, los que mantuvimos la necesidad moral y política de saber qué pasó el 11-M (El Mundo, Libertad Digital y la COPE, amén de algunos diarios asturianos y la emisora City FM), que mantenían conectados a esos focos de resistencia con sus amplísimas bases de militantes y votantes. Este abastecimiento mediático fue determinante en la subsistencia del PP como alternativa en las elecciones del 2008. Y del buen resultado obtenido.

Pero tras el 9-M el diseño del Tinell y la eliminación del PP de Aznar tenían ante sí el mismo problema: un partido nacional con más de diez millones de votos y, encima, un proyecto pequeño pero peligroso de alternativa nacional de izquierdas, UPyD. Había, pues, que volver a intentarlo, pero al modo troyano: abriendo desde dentro la fortaleza que no podía tomarse desde fuera. La diferencia con la Iliada es que han convencido a Héctor de que se suba al caballo de los griegos y acabe con el palacio de Príamo. Sí, ya sé que Rajoy es cualquier cosa menos un héroe, pero ese es el papel que el destino le deparó y que fingió aceptar hasta el 9-M. Después, tras pasar por Cumas (México) pensó sobrevivir jugando a Ulises en campo enemigo y contando con la magnanimidad de Menelao, que le ofreció respetar el reino de Troya y asociarlo al poder de los griegos. Esta vez es Hectoriano el que ha puesto el caballo y ha hecho que su guardia incendie la ciudad para llegar a un trono mancillado con la sangre de Príamo y la traición a Troya.

Naturalmente, la toma de Troya, es decir, del PP desde dentro debía comenzar por el lugar sagrado, el depositario físico de su legitimidad, que es el PP del País Vasco. Y está siendo allí donde la liquidación del partido de Aznar está a punto de culminarse, para refrendarse luego en el congreso búlgaro de Valencia, donde se ratificará el cambio radical de rumbo y de la política de alianzas en el partido: del liberalismo nacional español a las taifas amañadas y apañadas con los separatistas. Es decir, dar marcha atrás en la refundación de la derecha y volver a la Alianza Popular de Fraga, que ya trató de extender el modelo de UPN a otras regiones creando partidos regionalistas de derechas como Unión Valenciana y apoyando a otros similares como el PAR. Partía del análisis democristiano y arriolesco de que la derecha nacional nunca le ganaría a la izquierda, y que para llegar al Poder debía asociarse al nacionalismo vasco y catalán, llegando si era menester a desaparecer en esas comunidades diluyéndose en el separatismo de derechas dizque para moderarlo; en realidad, para compartir poder a cualquier precio. No, no es casualidad que Antonio Basagoiti, el penúltimo desertor del PP vasco de Mayor Oreja y María San Gil, propugnara tras la derrota electoral su reconversión en una UPN vasca. Es que la vuelta a la AP de Fraga, los garbanzos y los complejos, se produce en todos los ámbitos. Con una terrible diferencia: aquella AP llenaba en parte el hueco dejado por la implosión de UCD, mientras que esta AP tiene como objeto hacer estallar el PP.

No se trata de la aniquilación del partido de Aznar, que eso era el pacto del Tinell, sino de la interiorización de la derrota, de la extinción por consunción, de un cambio radical de política y de la eliminación de los vínculos de esa casta política de la derecha con su base social. Esos vínculos eran la COPE, EL Mundo y Libertad Digital. Por eso, junto a la captación de los generales traidores había que cortar las líneas de abastecimiento y suministros de la Numancia popular. Por eso se produce también la aparentemente absurda campaña de Rajoy contra la COPE y El Mundo y su acomodo al protectorado de Prisa y otros multimedia derechófobos que respaldan entusiásticamente su tarea parricida, la eutanasia activa del partido de Aznar. Sí, ése al que llamábamos PP aunque era otra cosa; ése al que, siendo muy otra cosa, seguimos todavía llamando PP.

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