El blog de Federico

El pacto Rajoy-ZP sobre el cadáver de la Justicia garantiza que el caso Liaño se repetirá

En lo personal, me ha causado gran alegría la extraordinaria victoria moral que para Javier Gómez de Liaño y María Dolores Márquez de Prado, víctimas de una de las más sucias campañas de destrucción personal y profesional perpetradas por el imperio prisaico, que ya es decir, ha supuesto la sentencia del Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo. Tanta alegría he tenido, que sólo me faltaba la erupción de la ira legendaria del Imperio del Mal, que es el que debería hacerse cargo de la multa a España, ya que usó descaradamente la administración de Justicia para sus turbios asuntos particulares. Nunca como en vida de Polanco un tío llegó a tanto y un Estado a tan poco.

He tenido que esperar dos días. En el primero, escondieron la noticia, para ver si los demás, acostumbrados a hacerles la ola, jugaban también al escondite. Pero la muerte del Emperador Polanco I y la privanza de Mediapro en la Moncloa le ha quitado fuerza al cebrianismo, enfermedad senil del polanquismo, y los demás medios lo han contado mucho y con cierta decencia, tal vez para ocultar la indecencia de diez años atrás. Al fracasar el chitón, se ha impuesto la rabieta y al segundo día, sobre una apenas noticia El País ha publicado todo un editorial que es casi una confesión: "Prevaricó, claro que sí", y que el mundillo mediático atribuye a Cebrián. Si así fuera y el estilo del escriba, amén de la responsabilidad empresarial, permite sostenerlo, cabría preguntarle: ¿pero cómo se puede presentar, Don Académico, incluso a los lectores de su diario, como "juez delincuente" a una persona que, según sentencia el Tribunal de Estrasburgo, no ha tenido un juicio justo y ha sido condenado por jueces carentes de independencia? ¿Cómo siguen ustedes llamando "delincuente" a alguien que, aunque lo mandara el PRISOE, nunca debió ser juzgado por un supuesto delito del que no hay más pruebas que las que se inventaron los condenadores? ¿Pero es que en ustedes no existe siquiera la posibilidad estructural de reconocer una derrota legal o moral?

Liaño, como recordamos cuantos vivimos aquella carnicería contra la Justicia, fue víctima de todos los errores, horrores y prevaricaciones de dos órganos tan atrozmente politizados como son el Tribunal Supremo y el Tribunal Constitucional. Y ambos han sido condenados por un caso, el del "juez delinquido", no delincuente, que apesta a prevaricación. Y no por el condenado, obviamente, que nunca prevaricó, sino por los condenados prevaricadores del TS y del TC –con pocas pero muy notables excepciones– a los que nadie, por desgracia, puede juzgar y condenar. Y bien que lo merecen. Al que quiera saber por qué, le basta asomarse a los votos discrepantes de Martínez Pereda en el Tribunal Supremo y de Pablo Cachón en el Tribunal Constitucional.

Pero la mayoría de los que condenaron a Liaño en el Supremo o se negaron a defender sus derechos cívicos en el Constitucional tendrán para siempre en su biografía la roja mancha cainita, la letra escarlata de haber "dictado una resolución injusta a sabiendas", que es lo que generalmente se entiende por prevaricación. Si hubiera justicia en Europa, que aún no la hay, y con esas mismas reglas de detectar prevaricaciones que se inventaron los bacigalupos del PRISOE, las ilustrísimas máquinas de prevaricar que participaron en el linchamiento de Liaño serían juzgadas y condenadas, aunque las jubilaciones y defunciones de estos diez años transcurridos impusieran una condena de efectos únicamente morales. Que no deja de ser condena ni, en cierto modo, Justicia.

Pero en vez de sacar las consecuencias políticas de esta infamante condena europea a los condenadores de Liaño, lo que Rajoy y Zapatero han repactado, sobre el cadáver de la Justicia, es que la politización del CGPJ, el Supremo y el Constitucional continúe, más reforzada si cabe. Queda, pues, garantizado que el Caso Liaño se repetirá.

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