El blog de Federico

'El linchamiento': libro, memoria y curiosidades

El jueves 1 de Diciembre sale a la venta mi último libro: El linchamiento, cuyo subtítulo es "De la liquidación de la COPE a la aventura de esRadio". También podría haberse subtitulado "El estado comatoso de la libertad de expresión en España" o "El episodio de lucha ideológica más duro y decisivo de los años del zapaterismo", pero la lucha –en realidad, guerra de posiciones, con trincheras, alambradas y gas mostaza como incienso- tuvo lugar dentro y fuera de la COPE durante casi tres años; y, como el resultado de nuestra derrota fue el venturoso nacimiento de esRadio, un subtítulo explicativo resulta más claro aunque menos brillante o estrepitoso. Sin embargo, la aventura es una sola y casi intemporal: la de la libertad, tan enclenque, contra sus fornidos enemigos, y llega desde aquel "milagro de la COPE" que conté en De la Noche a la mañana, hasta el último capítulo de El linchamiento, que cuenta cosas de hace muy pocas semanas.

El Mundo pre-publica este domingo dos fragmentos de los que sólo conozco uno, el de la comida con Cañizares el otoño pasado en el Vaticano (uno de mis pasajes favoritos), pero veo que en LD Pablo Planas se ha adelantado un día –el vicio del periodismo es adelantarse- con el fragmento de un capítulo dedicado a lo que, visto desde hoy, resulta lo más sórdido de todo El Linchamiento: la venganza de los policías implicados en terribles irregularidades y presuntos delitos para manipular las pruebas del 11M. Y tras leer el adelanto de LD me toca hacer lo que me había prohibido: leer y escribir una sola palabra más sobre el libro que más me ha costado escribir en toda mi vida. Y he escrito –y me han costado- unos cuantos.

Aparentemente, lo que publica LD –fragmento de un capítulo mucho más amplio- es la fechoría menor de un personaje menor que no merecería una sola frase si no formara parte de algo mucho mayor y más siniestro: la amalgama de intereses políticos y periodísticos que utilizaron y utilizan la masacre del 11M para arrimarse a los encubridores y pasapáginas políticos de la masacre, que son toda la Izquierda y buena parte de la Derecha. La fórmula usada es la habitual: atacar a los que critican a los poderosos que quieren halagar. He leído en este blog que hace unos días Javier Algarra, Federico Quevedo y Enrique de Diego montaron un numerito ferocín en Intereconomía TV contra Pedro J. y contra mí, por un delito tremendo que lamentaría no haber cometido: no apoyar a Rajoy cuando, sobre los hombros y paellas de Camps, dio el cambiazo en Valencia tras la derrota del 2008. O sea, cuando echó a María San Gil, Ortega Lara, Acebes y Zaplana; y de milagro no echó a Esperanza Aguirre, aunque lo anunció en Elche, neopatria de Enrique De Diego: "que se vayan al partido liberal o al partido conservador", dijo.¡Como si el PP fuera otra cosa!

Desde entonces, en poco tiempo, ha llovido mucho, España se ha arruinado del todo y la catastrófica gestión económica del PSOE y la ruinosa campaña electoral de Rubalcaba, junto a la estrategia de invisibilidad de Rajoy en todos los asuntos delicados, singularmente en el debate electoral por TV –Faisán, corrupción, 11M, politización judicial, Estatuto catalán, apaño con la ETA- han llevado al PP a su segunda mayoría absoluta. Sin embargo, en el País Vasco, tan importante política y moralmente para el partido, no se olvide, de Miguel Ángel Blanco- el PP ha sufrido una catástrofe sin paliativos. Ni gana escaños ni deja de perder votos desde la ruin expulsión de María San Gil y la imposición de la línea zigzagueante de Basagoiti y Oyarzábal. Si el Trío Algarrobo -como lo llaman dentro de Intereconomía- hubiera esperado unos días a la salida de El Linchamiento, habría tenido más y mejor material para servir a las cloacas de Interior y a las zahúrdas de Génova. No obstante, espero que se valore su esfuerzo como y cuanto ellos quieren.

Los asuntos fundamentales del libro

Pero vayamos al libro y evitemos menudencias. Desde el primer capítulo, dedicado al ataque del Rey contra la COPE y contra mí, frenado por Aguirre y que publicó El País la última vez que tiró un millón de ejemplares, hasta el preacuerdo con Vocento para asociar Punto Radio y nuestra cadena este Septiembre, en El Linchamiento se habla mucho y con detalle de periodismo y política, guerras de medios y paces belicosas, del apocalipsis cotidiano que vive el mundo de la información y la opinión, mediatizado hasta la náusea por la casta dirigente. Las rocambolescas relaciones con Unedisa e Intereconomía –aparte del episodio sórdido pero minúsculo de la algarrobía– son, o eso creo yo, bastante entretenidas. Y los encontronazos con otros periodistas –desde Luis del Olmo, con el que yo empecé en la radio cuando era relativamente joven y parecía absolutamente un crío (una foto del libro lo demuestra), hasta el Ku-Klux-Klan de Prisa y de La Sexta, más los infinitos medios nacionalistas y gallardonistas– son, o me parecen, de lo más revelador. No hablo de la campaña permanente contra la COPE y especialmente contra mí en sus norias televisivas y asnos radiofónicos, porque estoy a dieta audiovisual de todo lo que altera gravemente la sensibilidad humana. Si alguien se anima, ya lo contará.

Hay aspectos del "linchamiento" infinitamente peores. El más grave es la utilización de la Justicia para conseguir lo que no lograba el Ku-Klux-Klan: acabar con nosotros y, si era posible, meternos en la cárcel. Puede verse en los capítulos dedicados a Gallardón, Cebrián y Zarzalejos, de los que acaso se tiene noticia, pero limitada, y en el penúltimo capítulo con las condenas de algunos jueces –casos de ERC, Fanlo y Ruiz– revocadas por otros jueces mucho más justos –en mi opinión, claro, pero creo que las sentencias judiciales lo demuestran–. Al final, me han absuelto de prácticamente todo lo que me habían condenado, salvo de lo más injusto e ilegal de todo: el caso Gallardón; pero nadie me compensará nunca por lo que me han juzgado, en rigor, linchado. El encubrimiento del 11M, que serpentea en todo el libro, de principio a fin, y la continua manipulación de la Justicia por políticos y medios de comunicación sin escrúpulos son los aspectos más sombríos del libro. Pero así fueron y como fueron los cuento.

Las intrigas clericales dentro y fuera de la COPE

Hay cosas en el libro mucho más divertidas, porque en estos años ha pasado de todo. Por ejemplo, las traiciones del PP son más esclarecedoras si las cuenta Nacho Villa; lo que seguimos sin saber sobre el 11M nadie lo puede relatar como Luis del Pino; la construcción, paso a paso pero a toda velocidad, de esRadio para el 7 a las 7 sólo podía contarla Javier Somalo; y nada habría cumplido mejor el papel del blog del Padre Bru, nuestro avieso inquisidor particular, como foro de la lucha entre dos ideas de la Iglesia o dos bandos del catolicismo español. Tampoco podría haber imaginado yo –creo que nadie– las sorprendentes y entrañables aportaciones del blog del exorcista Padre Fortea. Ni hasta la crisis de la COPE el periodismo había creado un nuevo género, gemelo del timo del tocomocho: la crónica "mitad real, mitad imaginada" del ex-cura Vidal en "Religion Digital". Pocas cosas más delirantes y más hilarantes he leído que la supuesta transcripción de la conversación de Bertone y Monteiro el día en que el Secretario de Estado vaticano llegó a Madrid dizque para decidir el destino de la COPE que, según Vidal, ya estaba decidido. El diálogo de un tío que no habla español y otro que lo entiende con dificultad comentando lo que yo digo a las seis de la mañana es una trola con ínfulas, una estafa periodística, pero, pasados tres o cuatro años, resulta mitad ruborizante, mitad desternillante.

Las razones de la campaña política contra la COPE, el papel decisivo del PP post-2008 y de Coronel de Palma, por qué me quedé cuando quería irme y por qué me fui tras recibir una gran oferta para que César y yo nos quedáramos, la razón acaso última de Rouco para ceder la plaza, el empeño de Barriocanal por evitar nuestra marcha, la traición y caída –al menos en el micrófono– de Nacho Villa, el infructuoso advenimiento de Burua, en fin, las mil y una peripecias trágicas y tragicómicas de estos últimos años creo que proporcionarán al lector de El linchamiento el entretenimiento que merece y que, de antemano, le agradezco. Hay cosas que parecen haber sucedido hace siglos y son de hace meses. Hay una radio en la que fuimos mucho, sufrimos mucho, pero de la que, en conjunto, guardo un recuerdo emocionado y agradecido, porque hicimos grandes cosas buenas que sólo podíamos hacer allí. Y hay una radio nueva, esRadio, que acaba de nacer pero que ya tiene mucha vida detrás y muchísima por delante. El amplio cuadernillo de fotos dedicado a los que cada día hacen y hacen posibles los programas de nuestra cadena ha quedado muy bien. El DVD que acompaña al libro, una hora que recoge los fragmentos más emotivos de mi último día en la COPE, los premios y discursos controvertidos o los juicios infames –grabaciones rescatadas por LDTV–, se lo recomiendo, aunque yo no lo haya querido ver. Bastante he tenido con vivirlo y contarlo: ¡seiscientas páginas!

Si no hay dificultades legales o técnicas, el mismo día 1, a las siete y siete de la tarde, Libertad Digital colgará un anexo documental con muchas más fotos que no cabían en el cuadernillo o sólo valían para internet y con las sentencias condenatorias y absolutorias de este calvario judicial de seis años al que he conseguido sobrevivir y que, en lo esencial, he podido relatar. En los peores momentos, que no han sido pocos, me ha ayudado mucho el apoyo de algunos seguidores habituales de este blog y se lo agradezco muy sinceramente. En realidad, leer LD, ver LDTV y escuchar esRadio es la mejor recompensa que este negrito de Alabama, en realidad blanquito y de Teruel, pudo soñar cuando estaba rodeado por los sayones del Ku-Klux-Klan. Aquel linchamiento triunfó a medias pero, al final, fracasó. Espero que El linchamiento tenga cierto éxito. Si no el autor, la historia lo merece.

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