El blog de Federico

El Desgobierno Universal

Si no estuviera tan agradecido a los pacientes lectores de este blog, incluidos los que abrigan teorías optimistas sobre el naciente, vigente o creciente Gobierno Mundial, me cebaría en la prueba mayor de su porfiado error, por no decir emperrado dislate, que es el G20, metástasis de aquel G8 que se presentó hace unos años como una especie de instancia suprema desde la que se dirigirían los destinos de la Humanidad, con o sin humanidad. Tranquilícense, pues, los amigos de la libertad: no existe Gobierno Mundial, ni a ocho ni a veintiocho. Ni ha existido, ni existe ni existirá. Afortunadamente, porque supondría el triunfo de una caótica tiranía, al estilo soviético. Lamentablemente, porque nos impide remitir la responsabilidad de nuestros desastres a una lejana y nebulosa instancia de poder en la que se pierden nuestros golpes dialécticos pero se acunan nuestros sueños de ordenar el revoltijo del mundo, si quiera con un poder que lo revuelva. No hay tal. No hay Gobierno Mundial. Y el Desgobierno Universal presenta síntomas de ferocísima, escalofriante salud. Lo que no hagamos en casa, nadie lo hará por nosotros. Pero lo que hagamos bien, pueden estropearlo en otras partes, por ejemplo en el G20.

¿Pero qué es el G20? Podríamos decir que 20 Zapateros posando día y noche ante las cámaras. Que Zapatero sea un polizón en ese barco varado en el fango liberticida de la ruina no elimina el carácter ejemplar del personaje: imagen apabullante, palabrería barata, impuestos altísimos. De hecho, en el G8 había otro polizón gangsteril, que era la URSS nuclear travestida de Rusia modosita. Las otras siete economías, que correspondían a otras tantas naciones-Estado, eran bastante reales, aunque unas mucho más reales que otras. En el G20, con esa memez acumulada de los llamados "países emergentes", casi todas son ya irreales, falseadas o ruinosas. Que Argentina o Brasil sienten cátedra de algo en algún sitio que no sea la cárcel por delito continuado de corrupción resulta tan llamativo que no sé cómo alguien piensa todavía en una especie de plan para dominar el mundo. Salvo en las fantasías antisemitas, nunca lo ha habido. Que existan poderes económicos, políticos, religiosos y mediáticos al margen de los Gobiernos, democráticos o no, ni es nuevo ni deja de ser casi, casi bueno. Mejor si fuera transparente, pero reconfortante por ser ineficaz.

El informe de Lorenzo Ramírez en LD "Balas de fogueo en la cumbre del G20" muestra con datos que las aprensiones liberales e individualistas están poco justificadas. Los deseos de mangonear y robarnos son tan evidentes como su impotencia para cumplirlos. No son capaces de hacer nada: bueno, porque son malos; malo, porque son tontos; mediocre, porque los políticos son demasiado mediocres hasta para imponer su mediocridad. Y los presidentes de los bancos centrales, autores de todas las explosiones crediticias e implosiones económicas, no son más que contables corrompidos de políticos manirrotos.

Es verdad que la incompetencia de los USA deja al mundo casi inerme ante el totalitarismo islámico, pero esa misma voluntad suicida –compartida y responsabilidad de los llamados "países islamistas moderados"– es prueba evidente de su inanidad, de su incapacidad para otra cosa que la imaginería y la palabrería. En la vida de las personas, de las familias, de las empresas y de los sectores sociales amigos de la libertad se abren en este siglo XXI infinitas posibilidades de supervivencia, gracias a algo nuevo, que es internet, y a algo viejo, visoeterno, que es el empeño en no dejarnos avasallar por los poderosos. Y por los imbéciles, porque no debemos olvidar nunca el poder de la mentira y de la propaganda al servicio de la imbecilidad. Ésta sí, realmente universal.

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