El blog de Federico

El blog y la vivencia del propio entierro

Aunque he seguido el blog todos los días que he tenido internet en estas vacaciones, me propuse no escribir para leer, auscultar y tomarle la temperatura al enfermo bloguero de este mal de la comunicación que encuentra en la Red su droga y su desintoxicación, según los días y las páginas. Naturalmente, celebro que los habitantes de esta casa más o menos deshabitada sean tantos y la pueblen con tanto entusiasmo. Entiendo los alardes de afecto como una forma de agradecer esa hospitalidad a Libertad Digital, y eso porque yo mismo la agradezco a diario como lector, como liberal y como lugar de encuentro de tanta buena gente y con tanto talento. Es verdad que en todos los blogs, de vez en cuando, se cuela para sabotearlos algún hijo de perra, con perdón de los cánidos, pero el invento es así, para mal y, sobre todo, para bien. No conviene perder el tiempo con los provocadores, porque es lo que buscan. Así que en ese apartado ni entro.

Más interesante me parece la preocupación, creo que sincera, de algunos leales seguidores de LD y de la COPE sobre el peligro de endiosamiento que acarrea un blog como éste, lo que algunos denominan como el peligro de que el personaje se coma a la persona y que yo llamo, por seguir a los clásicos del mal, el culto a la personalidad. No es que la vanidad, el orgullo o la simple búsqueda del éxito intelectual o político puedan descartarse nunca, pero, sinceramente, yo creo que hay dos clases de blog: el que se crea para adquirir popularidad en internet y el que se crea a pesar de la popularidad que ya se tiene y de las obligaciones que acarrea en internet. Para mí, que soporto con paciencia pero con poco entusiasmo una popularidad disparatada que, según los días, me asombra, me abruma o me aburre, este blog es, sencillamente, la forma de mantener una relación directa y fluida con los lectores de LD, que antes se encauzaba semanalmente a través de los chats. Los dos últimos libracos publicados, De la noche a la mañana y La ciudad que fue, me han costado muchas horas, y han impedido la continuidad de los artículos exclusivos para LD en los últimos años. Y una cierta decadencia de los chats en beneficio de los blogs aconsejó a la empresa un cambio de género, que no de autor.

Para quienes teman un extravío narcisista que acabe por volverme majareta, aclararé que, según el psicoanálisis, si no existe un cierto narcisismo es imposible la constitución del sujeto. Cualquier libro zejatero de autoayuda diría que sin autoestima no se puede estimar realmente a nadie. Pero un blog tan poblado como éste permite ir mucho más lejos, hasta alcanzar una experiencia intelectual olvidada tras el Barroco y el Romanticismo, que es la de asistir al propio entierro. Si la memoria no me falla, desde El diablo mundo de Espronceda no se ha tratado ese subgénero literario a buen nivel. Pues bien, les aseguro que asomarse al propio blog, visitarlo por simple curiosidad, se parece bastante a leer las esquelas del propio funeral. Uno puede ver con claridad y no sin provecho lo que dirían o dirán los demás sobre nuestro paso por la tierra, disfrutar las loas, endechas y amorosas elegías de algunos y también constatar el odio de otros hasta el final e incluso más allá. Y eso que a los románticos los volvía melancólicos, a los intelectuales del gremio liberal, siempre individualista, no nos sube los humos sino que nos los baja. Y nos vuelve, creo yo, menos pedantes y pagados de nosotros mismos. Así que agradezco el afecto, aunque sea inmerecido, y desprecio, por estúpido y obsesivo, el desafecto. Pero además creo que promueve más el narcisismo y, por tanto, el apego casi animal a la vida una descalificación post mortem que un elogio fúnebre.

Dicho lo cual, tras agradecer que las distintas facciones de peones o ex peones negros hayan dejado de pelearse en este blog, y tras lamentar que un propagandista de la secta Moon se haya atrevido a usar un lugar de encuentro liberal para predicar su tiranía coreana, con repugnantes insultos a los homosexuales que en el futuro no pienso tolerar, mañana, si el tiempo no lo impide y con permiso de la autoridad competente, volverá el blog a su funcionamiento normal, es decir, a hablar del Gobierno y de la Oposición, de España y de la Libertad. Y también de uno mismo, de los otros y, a veces, de los demás.
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