El blog de Federico

El aquaplaning de Bermejinski

Tras vencer heroicamente a la fiebre, Bermejinski ha comparecido al fin ante los medios para explicar la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad acerca de las suntuosas obras en la casa-mansión del Poder Civil que tanto han dado que hablar en los últimos días. Un cuarto de millón de euros no es para menos. Ni siquiera llega a eso lo que cuesta la hipoteca de su primera casa a muchos jóvenes y aún así se endeudan por décadas. Bermejinski, ministro del Zar, se mueve en otros parámetros inmobiliarios y financieros. El piso de 220 metros cuadrados es, según dice, "normal y corriente", si bien asegura también que es "un piso muy grande". ¿En qué quedamos, Barin? ¿Es muy grande o es normal y corriente? ¿O es normal que sea tan grande? ¿O es grande que sea tan corriente? A lo peor aún no ha vencido a la fiebre. El ministro de Justicia aún delira.

Todas las obras, un cuarto de millón de euros, se han dedicado a un único y muy perentorio fin, que es el de sanear una temible filtración de agua procedente de la terraza, también enorme, o sea, corriente. Pero en su afiebrada comparecencia Bermejo ha dicho que desde 1983 no se hacían obras de fuste en la casa, cuando sabemos que hace diez años y también hace seis, siempre bajo la férula despótica y derrochona del PP, se acometieron obras en "algunas partes" de la casa corriente, que ha resultado serlo de agua. ¿Y nadie se dio cuenta, nadie notó nada? ¿Chapoteaban en el barro Trujillo y su hijo, afrontaban cada día cataratas de agua terracera y saltaban zanjas de escombros y fangos para ir, qué paradoja, al baño? ¿Funcionaba el agua pese al desastre acuático? ¿Se dedicaban a hacer aquaplaning el joven Trujillo y sus amigos los fines de semana?

Me temo que el que ha hecho aquaplaning, deslizándose por el líquido elemento sin control alguno, es Bermejinski, al que hay que reconocer una cosa: no ha convencido ni a un solo periodista de los que acudieron a su llamada, y eso que algunos vienen ya convencidos de fábrica. Por lo visto, el ministro rojo ha olvidado que su Ministerio ya emitió una nota en la que no hacía ninguna mención de la única razón de acometer el tremendo obrón o la onerosa obraza, que según Bermejo ha sido únicamente el agua, o sea, los ríos babilónicos que caían desde la terraza. ¿Nadie los vio antes? ¿Hozaba o no hozaba en el barro Trujillo y su retoño mientras los vestíbulos se convertían en charcos y los baños devenían requetebaños, multibañeras y archilagunas. ¿Funcionaba la luz bajo la riada? ¿Veían los Trujillo, en un DVD de pilas, una y otra vez, la película Splash de la sirenita Darryl Hannah. ¿Y, por cierto, no protestaban los vecinos por el continuo homenaje a Noé? ¿Qué hay de la administración de la finca? ¿Y del permiso municipal de obras, que algunos medios dicen que ni siquiera pidió para emprender tan larga y costosa intervención?

¿Será que la inundación se produjo por la rebelión de esas "estructuras" aludidas por Bermejo, obviamente reaccionarias, cuando se anunció la llegada del inquilino rojo? ¿O la inundación la trajo la sequía, por culpa del cambio del clima climático? ¿Que cómo va a traer agua la sequía, dice el ignorante en materia ecolaringológica? ¡Ah, merlucín! ¿Crees que vamos a conceder más credibilidad a los medios fachas que a un ministro de Justicia de un Gobierno del pueblo, democrático y progresista? ¿O no es progresista y ecologista aprovechar tanta agua para poner en la terraza casi un millón de pesetas en jardineras? Lo malo será regarlas ahora sin agua, dirá el cenizo. Ni caso. La reacción neoliberal añadirá que Bermejinski hace aquaplaning al explicarse. Falso. En realidad no ha salido del charco. Tiene mérito en un ático.

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