El blog de Federico

Dorothy L. Sayers o la evasión edificante

Nota Preliminar

Está claro que a muchos de los que escriben en este blog no les importa ni lo que se plantea ni debatir sobre ello, sino continuar sus peleas particulares, siempre sobre el 11-M, a espaldas del blog de Luis del Pino. Me parece deprimente y lamentable; para septiembre me parecerá seguramente intolerable y acabaré con la falta de respeto de unos pocos a los que escriben o pudieran escribir sobre el asunto comentado y comentable, en este caso Soljenitsin, Milena, Auschwitz y Pekín. No menos penosa me parece la copia paranoide de las novelas siniestras de la extrema izquierda sobre el 11-S, culpando a los USA o a no se sabe qué poderes secretos, por no hablar de su extrapolación a cualquier misterio o caso sin resolver, que a veces está resuelto, sólo que el visionario no lo sabe. No es el caso del 11-M, pero, por favor, no vuelvan a tratarlo aquí a garrotazos hasta que no tengan algo más concreto que los odios peoneros. A algunos que no parecen mala gente debería darles vergüenza esta utilización o usurpación de un espacio que cuesta mucho mantener abierto.

En fin, para compensar el día triste y las cosas penosas, recupero para el blog una serie que interrumpí hace un par de años. En las próximas semanas iré actualizando las novedades de los últimos meses, o años, porque he seguido frecuentando el género. Pero comenzaremos con las grandes: Sayers, Holt, Cromwell, Ann Perry, Fred Vargas y demás. Y demasas.

Mujeres que cuentan crímenes

Dorothy L. Sayers o la evasión edificante

Luna de miel es la quinta novela de Sayers recientemente editada –no simplemente publicada– por Lumen. La han precedido El misterio del Bellona Club. Los casos de lord Peter Wimsey (2005), Veneno mortal (2006), Un cadáver para Harriet Vane (2007) y Cinco pistas falsas (2007). La entrega de este año tiene varias peculiaridades que la distinguen de sus predecesoras: fue concebida o adaptada para el teatro por Sayers y su amiga Muriel Saint-Clare Byrne (una de las tres dedicatarias del relato), la propia autora la consideró una novela sentimental más que policíaca, "con una pizca de investigación detectivesca a cambio de una cantidad intolerable de sacarina"; y PD James, su heredera literaria, en el breve ensayo que antecede a toda la serie en Lumen, considera que tanto en Luna de miel como en Un cadáver para Harriet Vane los métodos de asesinato son "complicados de modo innecesario", amén de otros graciosos defectos que no empañan el que considera su mérito mayor: rescatar toda una época de Inglaterra, la de los años treinta, con tanto de crepúsculo imprevisto como de forzada aurora. Vamos, que podría decirse que es la menos policíaca de las novelas policíacas de Sayers. Y sin embargo...

Sin embargo, Sayers, un modelo de mujer rigurosamente opuesto al de Bibiana Aido o Fernández de la Vega, que tradujo brillantemente al inglés nada menos que la Divina Comedia, que alcanzó gran prestigio como teóloga dentro de la ortodoxia anglicana pero que también fue madre soltera a escondidas (tuvo un niño en 1924 que entregó a un primo para su crianza, y se casó en 1926 con el periodista Oswald Arthur "Mac" Fleming, que reconoció al niño pero nunca vivió con ella), está tan llena de amor como de talento. Y eso la lleva al pecado más venial y perdonable de los autores policíacos: enamorarse de sus personajes. De ambos, porque Wimsey es el hombre que no puede tener y Harriet la mujer que, por muchas hermosas y feas razones, no puede ser y que describe encantadoramente PD James: "una falda que ondea alborotadamente alrededor de los tobillos, un sombrero enorme, uno de cuyos bordes oscurece su rostro mientras que el otro se vuelve hacia atrás, dejando al descubierto una cascada de rizos negros, zapatos de tacón beis, medias de seda y guantes con bordados". "Un poco estrafalaria –concede– incluso para una mujer decidida a cazar a un sospechoso de asesinato".

Yo no estoy seguro de que en esta novela sentimental y policíaca D. Leigh Sayers trate de su propia vida sentimental, tan azacaneada y tormentosa. Ni, aturdido por la tragedia aérea de Madrid, me atrae zambullirme en internet para averiguarlo. Lo que aprecio es que en este libro (que trata efectivamente de una luna de miel con infinitos problemas técnicos para consumarse, incluido el sórdido asesinato rural, pero en el que no hay una sola palabra de sexo) y en toda su obra, Sayers inventa para nuestro recreo y descanso un mundo más civilizado, inteligente, simpático y habitable que el de cada día. El de los atribulados años treinta del siglo XX y la primera década de este ruin y fulgurante siglo XXI que parece haber prohibido como pecado el matiz y como sacrilegio la libertad de juicio. En fin, para regalar este verano (a una pareja que veranea con su primer niño, a una mujer que nos gustaría conocer más, a un amigo que nos conoce de sobras) no se me ocurre nada mejor que la serie de novelas de Sayers en Lumen. Luna de miel es en ella una pieza algo menor, un típico pecadillo de autor, pero adorablemente perdonable.

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