El blog de Federico

Cuba en Madrid y la dictadura en Barcelona

Cuba es desde hace cincuenta años la piedra de toque, la prueba del algodón de la limpieza política de todos los partidos, de todas las tendencias, de todos los países, de todas las estrategias, verborragias y diplomacias. Las movilizaciones de este fin de semana en Barcelona y Madrid, a favor y en contra de la dictadura castrista, nos lo han vuelto a demostrar. Pero algunas veces los árboles no nos dejan ver el bosque, que es la deriva de la Izquierda en todo el mundo, y singularmente en España, hacia posiciones territoriales que dábamos por enterradas hace cuatro décadas. ¿Alguien puede creer que el PCE de Cayo Lara es hoy algo más que un grupo de viejos chequistas soñando con torturar como Fidel y fusilar como el Che? No. Pues bien, hace cuarenta años, el mismo partido, dirigido entonces por Carrillo y La Pasionaria, condenó oficialmente la invasión de la entonces Checoslovaquia por la URSS. No es que Carrillo fuera mejor, aunque moralmente nunca ha sido peor que ahora, pero entonces, al menos, tenía que disimular. Las bases, clandestinas pero fuertes, del Partido en el interior de España y las necesidades políticas y propagandísticas de la lucha contra la dictadura no hubieran permitido otra cosa. Ni siquiera abstenerse, no celebrando pero tampoco condenando la entrada de los tanques en Praga. Si el PCE quería salir aquí de la dictadura, no podía celebrar la represión allá. El PCE y su política de "reconciliación nacional" no eran compatibles con el aplastamiento militar por la URSS de cualquiera de sus "satélites" que quería buscar una órbita distinta y más alejada del hielo del Gulag. El satélite más activo del Imperio Soviético, que era la Cuba de Fidel y la foto del Che fue entonces el primero en felicitar a los tanquistas del Kremlin. Pero el PCE, no. En cambio, ahora, sí.

Las razones son muchas, pero el hecho evidente es que desde la caída del Muro de Berlín, que muchos creyeron su derrumbe definitivo, la Izquierda en todo el mundo ha acelerado una reconversión ideológica y propagandística que al principio parecía que iba a seguir las pautas morales lógicas tras el inmenso fracaso del llamado, y con razón, "socialismo real". Sin embargo, la inmensa superioridad psicológica y mediática de la Izquierda de todas las tendencias, que en lo ideológico muestra una unidad que no ha tenido nunca, ni en la Primera Internacional por el cisma Marx/Bakunin, ni en la Segunda, por la ruptura que supuso la aparición de la Tercera o Komintern de la mano de Lenin. Esa unidad en torno a proyectos que parecen menores –ecologistas, sexistas, antibelicistas– va acompañada de una gran violencia verbal e incluso física (de hecho, la izquierda actual renace en los violentos alardes callejeros contra la globalización) y exhibe una agresividad propagandística que le ha permitido recuperar las posiciones ganadas por la derecha liberal-conservadora a raíz del triunfo moral que supuso la implosión de la URSS. En realidad, hoy, en todo el mundo la Izquierda está al ataque y la derecha a la defensiva.

En España, mucho peor. El PP oficial se ha instalado en la rendición incondicional, tras admitir la supuesta superioridad moral de un discurso rabiosamente inmoral, a ver si así le perdonan la vida y no lo echan de política. ¿Para qué, si él mismo se sale? Padecemos la Izquierda más retrógrada desde antes de empezar la Transición; pero también sufrimos a la Derecha más inane, lerda, cobarde y políticamente miserable desde hace veinte años. Y empeorando, por años, por meses, casi por días. En la Izquierda, hay al menos una escisión, UPyD, que se ha manifestado contra la dictadura en Madrid, al lado de Esperanza Aguirre, la verdadera convocante de la movilización cívica contra la dictadura comunista. Pero sólo una figura importante le ha acompañado: Mayor Oreja. El resto, o sea, Rajoy, Cospedal, Gallardón, Soraya y demás "tenían otro compromiso".

Con la libertad, evidentemente, no. Tal vez nunca, pero ahora menos. Si Zapatero está resultando con respecto a Cuba más infame que el más infame de los González –que al colocar en Exteriores al proamericano Francisco Fernández Ordóñez evolucionó de la vulgar complicidad a cierta hostilidad hacia el castrismo– la Derecha del PP oficial está desmantelando de hecho, aunque no de dicho, todas sus bases ideológicas; por supuesto, las liberales y nacionales, pero también la batalla de la deslegitimación de la Izquierda, que tiene en la grotesca, sangrienta y mugrienta dictadura castrista uno de sus puntos débiles. Si estará débil la Derecha, que Zapatero, entre borde y autista, maligno y zote, no se ha molestado siquiera en contraatacar. En Barcelona hemos tenido la prueba: un centenar escaso de matones y viejos comunistas del partido de Saura arramblados por el Consulado castrista, han mantenido a raya a otras pocas docenas de anticastristas, abandonados por el PP oficial y desprovistos hasta de la tradicional ayuda de Ciudadanos a todo lo que suponga antinacionalismo. Pues bien, en pleno Paseo de Gracia hemos visto a la dictadura nacionalista catalana proteger con su policía todos los desmanes de la dictadura comunista. El Gobierno Tripartito, antisemita por acción u omisión (se ha quemado por segunda vez una sinagoga y han apaleado a uno de sus empleados, sin que mueva un músculo la consejería pro-Hamas de Saura, sus armados encapuchados y sus Mozos de Escuadra) se ha movilizado simplemente lo justito a favor de Castro. No necesitaba más, porque la Oposición, que correspondería fundamentalmente al PP, no ha hecho absolutamente nada. Resultado: en Madrid, bajo la nieve, liberales y conservadores, junto a seguidores de UPyD, han insultado a los verdugos y han derrotado moralmente a los chequistas de la víspera. En Barcelona, se han hermanado las dictaduras, como es natural; pero liberales, conservadores y socialdemócratas no han sido capaces de obtener una fácil victoria. Hubiera bastado con que la mitad del esfuerzo para imponer a Sánchez Camacho se hubiera empleado en combatir a Castro. Será cualquier otro día. O cualquier otro año.

Sí, la lucha por la libertad de los cubanos sigue siendo la piedra de toque, la prueba del algodón de cualquier política. Y en Barcelona ha salido más polvo que otra cosa, mientras que en Madrid el algodón caía del cielo, aunque, eso sí, acompañado de agua, frío y chuzos de punta. Pero es que nada contra la dictadura castrista podía ni puede ser fácil. Cuba, ay, lleva ya más de cincuenta años retratando a todo el mundo.
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