El blog de Federico

Barack Obama y Barakka Aguirre

Sin suerte no se hace nada en la vida, y en la vida política, menos. Lo que pasa es que a la suerte hay que ayudarla y en la política, más. Que Esperanza Aguirre está protegida por una barakka especialísima lo demuestra haber sobrevivido sin un rasguño a dos situaciones de riesgo mortal, el accidente con Rajoy en helicóptero y el asalto al hotel en Bombay, no sólo salvándose ella sino salvando a los de alrededor. La gente con suerte es la que se salva sin provocar la ruina o el desastre de los que le rodean, y sin duda Aguirre está entre esa pequeña tribu de afortunados. Y los que le rodean, claro. No sé si contar entre ellos al PP actual, pero no le vendría mal a Mariano contagiarse de Aguirre, porque además en la Derecha no triunfan los opositores, sino los rebeldes con suerte.

Franco era la barakka en legionario, como demostró en más de cien combates en África, sobre todo en un balazo recibido en uno de ellos y al que sobrevivió de milagro. Pero además de suerte tenía un valor frío, o un desprecio por la muerte, que pasmaba a moros y cristianos. Si en el famoso salto desde su trinchera cuando lo cazó una bala en la tripa no murió fue porque antes de ir al combate, si era por la tarde, no comía. Lo hacían los toreros antes de Fleming, porque cornada en la tripa después de comer, ya se sabe: sepsis y adiós a la afición. Otros legionarios, antes de jugarse la vida, se iban de colipoterras o se amorraban al coñá o ambas cosas, por si era la última vez, pero Franco se quedaba en la tienda, sin cultivar rabizas ni coger curdas castizas, leyendo de política o escribiendo cartas cursis a la novia. Y preparando el próximo combate, claro.

Aznar se libró de ser asesinado por ETA por una milésima de segundo y medio metro de coche mal blindado. Eso también es barakka, o sea, suerte. Pero si no hubiera estado donde estaba, no habría tenido ocasión de demostrar que la tenía. Mario Conde, que llegó a tenerlo contra las cuerdas en el PP, se burlaba mucho del escaso carisma de Aznar, pero lo cierto es que, al final, Aznar acabó en la Moncloa y Conde en la cárcel. Y es que Aznar estuvo donde tenía que estar y en el momento en que debía hacerlo. En cambio, Mario Conde estuvo en todas partes y acabó por no quedarse en ninguna. No le faltaron oportunidades, pero nunca cogió una y apostó por ella, esperando quizás que le llamaran para salvar a España. Buena es la señora, como para que le elijan los caudillos.

Pero hay otros casos de progres con suerte, con barakka, que ilustran la necesidad de unos astros favorables pero una vez en faena. Lo de Zapatero ha sido una ruina para la nación española, pero su llegada al Poder en el PSOE fue algo total y absolutamente inesperado... salvo para él, que creyó que podía ganarle a Bono, a Rosa Díez y a Matilde Fernández. Y les ganó. De rebote, con la ayuda del árbitro González, por la campaña de todos contra Bono, pero el caso es que ganó. Por cierto, que el que presentó a Bono en Madrid en vísperas de lo que esperaba apoteosis fue el enemigo íntimo de Aguirre y acreditado liberticida Alberto Ruiz Gallardón, que tiene suerte pero que alrededor suele sembrar la ruina. O el déficit, que es la ruina de los contribuyentes.

Fuera de España, dos progres con suerte han sido Clinton y Obama. Pero el simpático cuatrero de Arkansas se presentó a las primarias demócratas cuando los barones del partido daban por perdidas las elecciones contra Bush, reciente aún la victoriosa guerra de Irak. Clinton fue a la guerra que nadie quería librar y la ganó. Obama fue más lejos: se presentó siendo un don nadie contra los Clinton y el aparato del partido; y, tras una durísima pelea, les ganó. Obama arriesgó y ganó, porque sin riesgo, nunca hay victoria. A las pocas horas de lo de Bombay, ya corría por Madrid el dicho: ellos tienen a Barack Obama, pero nosotros a Barakka Aguirre. Claro que, a cambio, también tenemos a Rajoy y Gallardón, pero Aguirre, además de valor, tiene barakka. Estas Navidades le va a tocar firmar muchos billetes de lotería, porque la suerte se pega. Si sabes con quién.

A continuación