El blog de Federico

A Mariano lo pueden resucitar los muertos

Acabo de hablar con Luis Herrero apenas aterrizado en Barajas –naturalmente, después de oírlo con Merlos en "La Mañana" y comprobar que estaba entero– y lo he encontrado como siempre. Es natural cuando se pasa un trago como el que le ha servido a Luis el Gorila Rojo: ante la incertidumbre última, que es la de saber si tu próximo acto será como protagonista en pie o con los pies por delante, ha reaccionado con el instinto o carácter que la vida nos fabrica al paso de los años, porque tampoco vas a inventarte uno para el último momento y que luego resulte penúltimo. Así que, ya digo, encuentro a Luis como siempre desde hace veinticinco años, un cuarto entre dos siglos: dejando "que la vida decida por él", comentando la jugada como si no estuviera en el partido y valorando lo que le ha sucedido como si no fuera lo que inevitablemente le ha tocado ser: protagonista en el césped. Creo que lo único que le falta para convertirse en político de relumbrón es esa apetencia de foco de los árbitros malos –los que prosperan en la Era Villar-Laporta– que les lleva a montar el número de la expulsión de alguna estrella en vez de hacer méritos para ser expulsados del PIP (Pesebre de Instalados a Perpetuidad).

Luis Herrero ha sido expulsado a patadas del campo de concentración de Chávez por ayudar a los disidentes y presos de conciencia que luchan contra la instalación de las últimas alambradas del Gorilato. Y lo primero que me ha dicho –luisherrerianamente– es que él está bien, que los que están verdaderamente mal son los venezolanos, a los que el Gorilosaurio, con la siniestra y corrupta complicidad del Desgobierno de España y el silencio de las instituciones que están para callar casi siempre y para hablar casi nunca, quiere poner la argolla definitiva. Como el año pasado le dijeron que no, el Gran Simio ha vuelto a intentarlo este año a sangre y fuego, a palo sucio y tiro por la espalda, a coces de dictadura sin recato contra lo que ojalá siga siendo aguijón de libertad. Luis ha ido varias veces a Venezuela estos últimos años como enviado del Grupo Popular del Parlamento Europeo para asistir en calidad de observador a los heroicos afanes de los democristianos de COPEI y otros grupos opositores al despotismo chavista. No ha ido en calidad de eurodiputado como ha dicho Elena Valenciano, de quien Luis –ya digo que luisherreriano hasta el final y por tanto infaliblemente equivocado al catalogar sociatas-, se consideraba amigo, sino en calidad de demócrata y hombre de bien al que no le da lo mismo que se instaure una dictadura o se defienda una democracia. A la Valenciano, por lo visto, sí, de ahí que se haya inventado un supuesto código de conducta del observador internacional que, si existiera de verdad, ni sería aplicable a Luis ni cabría aplicárselo a un político decente.

Pero entiendo que en el partido de ZP, Bermejo, Moratinos, Rubalcaba y demás esto no lo puedan ni quieran entender. Lo suyo es la persecución de las víctimas del terrorismo y el diálogo con los terroristas cuando "lo aconseje la jugada"; y el halago al terrorismo de Estado si el régimen es de Izquierda o está protegido por ella. De ahí su vil proceder en Cuba, Venezuela o Irak, de ahí la Alianza de Islamizaciones; y de ahí que el propio Chávez haya podido insultar a Luis con la nota infecta del PSOE en la mano. Gorilato y Zapaterato son dos caras de la misma moneda: un petrodólar que, por naturaleza, mancha siempre pero se nota menos en los chorizos, de por sí grasosos o engrasados.

Así que he quedado con Luis para la tertulia del lunes, como de costumbre y siempre que el suceso no le rebote este fin de semana en forma de migraña o gripe cautelar, porque el cuerpo también sabe –y debe– sobrevivir a los sustos de muerte. Me ha vuelto a contar la violencia que padecen los alcaldes venezolanos opuestos al chavismo y la degeneración pistoleril entre su penúltimo viaje, hace pocos meses, y éste que ha podido ser el último. Me ha prometido que apagará el móvil y dormirá quince horas, aunque confío más en sus hijas que en él para que se tome la dosis de tan necesaria medicina.

Y tras despedirnos me he quedado pensando en la extraña oportunidad que la Izquierda caníbal le está brindando a Mariano Rajoy y al PP, en esos muertos que podrían acabar resucitando o, al menos, embalsamando, al enterrador de la derecha española. Hace dos meses, sorayos y moragos, cómitres y galeotes de distinta generación, presumían de tachar a Luis Herrero de la lista del PP para las elecciones europeas antes de haber hecho la lista. También presumían de su buena relación con el PSOE tras el linchamiento de San Gil, la guerra genovesa contra Esperanza Aguirre, la identificación con el gallardonismo prisaico y la apostasía de la COPE, El Mundo y Libertad Digital. Pues bien, en sólo una semana, la campaña de Garzón y Bermejo contra el PP puede permitirle a Rajoy justificar la derrota electoral y, sobre todo, política en Galicia y el País Vasco, si finalmente se produce, volver al discurso de oposición al PSOE que tan cobardemente abandonó en Bulgaria y hasta darle a la candidatura de Mayor Oreja un fichaje gratis, de la cantera, para desahogar el juego por la banda derecha, que diga lo que diga Arriola, el Roures de Génova 13, es donde al final puede ganar el PP.

Decía en el último hilo del blog que "este", repito, este PP estaba muerto y no lo sabía. Mortus est, que non perneat, se decía en latín macarrónico Pero la parte viva de todo cuerpo aunque esté en las últimas no suspende sus funciones por una parálisis cerebral. Los abusos judiciales del Gobierno de Zapatero pueden permitirle vadear la temida ruina electoral del 1 de marzo; y los abusos del Gorilato pueden permitir al PP, con o sin Mariano, llegar a las europeas, dándole con nuestro Euroluis nueva vida al decaído Mayor Oreja, que por cierto vivió angustiosamente las dos horas de desaparición de su eurodiputado, llamando de madrugada a los amigos de Luis –no sé si en Génova le queda alguno– para contarnos lo sucedido, compartir la incertidumbre y hacer lo que se pudiera... Rezar, lo primero, me dijo César Vidal. Javier Somalo en LD –vaya forma de estrenar nuevo diseño– y Nacho Villa y los merlos serenos de la COPE, como siempre, a tope.

Naturalmente, todo depende de que el PP se bañe en el Jordán de un Congreso extraordinario, que con los nuevos estatutos debe ser democrático y sin el gorilesco trámite de los avales. Pero un congreso al que, por las volteretas de la política, incluso podría presentarse Rajoy. Hace una semana, eso parecía –y era– absoluta y totalmente imposible. Ahora puede repetirse la sentencia de las Coéforas cita por Ortega y vuelta a citar por mí tantas veces: "Sábelo, los muertos devoran a los vivos". Pues sí, porque los que sólo estaban políticamente muertos pueden devorar a los vivillos y volver a la vida política. Depende de Rajoy y los mayores: Oreja, Rato, Aguirre, los barones que huyen de la quema marianosa, e incluso Aznar. El tambaleante Gallardón, como ha podido ver toda España, bastante tiene con mantenerse en pie. Pero el PP, no este PP, quién sabe.

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