Atlética Legión

La prueba del nueve

Mientras el Madrid y el Barça dan hilo a la cometa de una tediosa teoría de la conspiración para proporcionar carnaza a los perros de prensa, el Atleti prefiere ir a lo suyo sin entrar en polémicas, aspavientos o enhebres. Lo suyo, este domingo, era dejar atrás el exigente primer tramo del maratón liguero dándole una alegría con mayúsculas a la parroquia colchonera al vestirse de gala desnudando al Valencia.

Se puede discutir o no si, como afirma Simeone, su equipo llegó a cuajar un gran partido, el mejor, cuando menos, de los últimos tiempos. Pero, dejando a un lado los yerros del rival y la enigmática estrategia que el contestado Nuno se sacó del caletre, lo que resulta indiscutible es que este nuevo Atleti ya no es sólo un proyecto y que la inspiración de Griezmann no será el único remedio que el Cholo tendrá a mano cuando los choques se indigesten.

En la victoria ante la escuadra ché, Tiago -el abuelo Tiago- les dio sopas con honda a sus presuntos nietos. Carrasco fue un misil, Gabi un fusil de asalto y un gastador impenitente, Juanfran, como acostumbra, un estilete… Etcétera y etcétera. Cada quién es muy dueño de repartir honores conforme a su capricho o a su particular criterio, aunque lo sustancial, en éste caso, es que todos cumplieron.

No obstante, si un servidor de ustedes tuviera que elegir cuál es la imagen del encuentro con mayor proyección sobre lo venidero, escogería aquella, por lo demás tan poco estética, en la que, a resultas de un despeje atolondrado, un balón cae llovido desde el séptimo cielo y, mientras los defensas duermen, un tal Jackson Martínez, templado a la vez que eléctrico, lo domestica al vuelo y con serenidad, casi con mimo, lo conduce a las redes.

Un hombre que es capaz de mantener la calma en el preciso instante en que otros la pierden, capaz de resistir con el cuchillo a flor de dientes hasta que la ansiedad se desahogue en un feroz relampagueo, ése hombre ahora es alguien que ha pasado una prueba -la del nueve, obviamente- que en Vicente Calderón abre el portón de las leyendas.

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