Presidentes y amantes

Zoé Valdés

Con el título que he usado he querido hacer un homenaje –algo tirado por los pelos- a una de mis películas predilectas ‘Cenizas y diamantes’ del realizador polaco Andrzej Wajda quien acaba de fallecer. Pero lo cierto es que hoy trataré de "presidentes" y sus "amantes", y no de cenizas y diamantes, aunque mucha ceniza hay donde amor fogoso hubo y también demasiado derroche de diamantes.

La lista sería extensa si me remontara a la historia, pero sólo quiero recordar a algunos recientes "affaires" que fueron más allá del flirteo y a algo más importante llegaron, aunque ese algo haya sido en ocasiones bastante turbio.

Los amoríos más sonados siguen siendo los de John F. Kennedy y Bill Clinton. Recuerden lo que se ha escrito sobre el romance bastante duradero de Kennedy con Marilyn Monroe, entre otras becarias y mujeres de su entorno. Del supuesto suicidio de Marilyn ríos de tinta han corrido en relación a los Kennedy. Pero de sus amores secretos el que más me impresionó y me sigue impresionando es el de Mimi Alford, que escribió un libro titulado ‘Érase una vez un secreto’ (traducido al español), y en el que cuenta del acoso del presidente y, entre otras cosas de cómo el presidente la invitaba a la piscina de la Casa Blanca y no sólo la obligaba a hacerle felaciones a él, además también la forzaba a que se las hiciera a su guardaespaldas, delante de él. Mimi Alford contaba entonces diecinueve años de edad y había sido contratada por el gobierno estadounidense como becaria.

Sí, es un caso que recuerda al de Bill Clinton con Mónica Lewinsky, la célebre becaria del vestido azul oscuro manchado de semen presidencial, la que Bill Clinton masturbaba con un tabaco cubano en la mismísima Oficina Oval, mientras mantenía a Yasser Arafat esperando en el teléfono. Sin mencionar los varios casos de acoso y violación por los que ha sido denunciado el ex presidente demócrata.

Entre los mandatarios franceses los lances han sido muy también muy numerosos y enrevesados, pero muy bien acallados, meticulosamente silenciados. Aunque la gran mayoría sabía de la joven amante de François Miterrand, ella diecinueve años, él cuarenta y siete, el secreto se mantuvo por décadas. Su nombre Anne Pingeot. Con ella tuvo a su hija Mazarine, quien vivió escondida hasta casi la mayoría de edad. Gallimard publica ahora unas mil cartas de Miterrand a Pingeot bajo el título ‘Lettres a Anne (1962-1995)’ donde se revela que Anne fue el gran amor de la vida del presidente socialista, pese al inquebrantable matrimonio con Danielle con quien vivió hasta su muerte. El día del entierro ambas mujeres se reunieron junto a sus hijos para darle el último adiós.

No olviden, por otro lado, los múltiples secretos del actual presidente francés, François Hollande, en relación a sus mujeres. Hollande, por el contrario, jamás se ha casado, ni con la madre de sus cuatro hijos, la ministra Ségolène Royal, quien antes que él también fue candidata a la presidencia de Francia, a la que engañó con la periodista Valérie Trierweiler, que era íntima amiga de la familia, y a la que a su vez engañó con la actriz Julie Gayet, íntima amiga de Royal. A todas las ha herido de manera brutal, lo que se expone en el último libro que se ha editado y que reúne horas y horas de encuentros con Hollande, titulado ‘Conversations privés avec le président’ de los periodistas Antonin André y Karim Rissouli.

En ese libro Hollande no repara en anunciar que jamás se casará con Gayet, como mismo antes había precisado acerca de las otras, y que prefiere mantenerla en la sombra aunque conoce perfectamente que su comportamiento la hace sufrir. Me recuerda la relación de Fidel Castro con sus mujeres y amantes, pero de él no hablaré porque Fidel Castro jamás fue elegido presidente.

Un documental estrenado hace pocos días por la televisión francesa develó la relación que otro presidente francés, Jacques Chirac, había mantenido con una periodista comunista de 34 años. El libro ‘Jacques et Jacqueline. Un hombre y una mujer frente a la razón de estado’ de Pauline de Saint-Rémy así lo confirma. Jacqueline Chabridon y Jacques Chirac se conocieron durante una entrevista, el flechazo fue mutuo, a pesar de las diferencias ideológicas vivieron un profundo romance, protegidos en un lujoso apartamento alquilado, y viajaron juntos medio mundo. En muchas ocasiones la esposa, Bernardette Chirac, los acompañaba en esos viajes haciéndose la chiva loca. Por fin fueron los colaboradores cercanos al presidente quienes se interpusieron obligándola a ella a desistir en nombre de "La France", pues Chirac ya empezaba a hablar de divorcio. Azar de la vida, en la actualidad Jacqueline está casada con el neurólogo que atiende a un enfermo y cansado Jacques Chirac.

Lo que se considera hoy en día de estos presidentes, sin embargo, son sus políticas respectivas, sus aportes a la democracia y a la política, e inclusive muchos de estos libros que hoy hurgan con razón en sus intimidades lo hacen con un respeto y admiración a mi juicio desproporcionados. Lo cierto es que algunos de estos hombres ya son cenizas, muertos o en vida, y los diamantes que probablemente alguna vez regalaron tal vez fueron revendidos en alguna subasta o su esplendor se apaga hoy en baúles y cajas fuertes. Como mismo se extinguieron las leyendas de sus pasiones.

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