Presidentes en el ocaso

Zoé Valdés

A dos años de legislatura Barack Obama acaba de perder el Senado, los republicanos han ganado por franca mayoría. La impopularidad del presidente norteamericano bate récords, tanto, que hasta su esposa es más popular que él, sin hacer nada más que acrobacias, pues siempre que puede se pone a bailar en cualquier parte o situación, a lo Beyoncé. Es todo.

Ni la famosa reforma de la Seguridad Social, el Obamacare, le dieron la popularidad esperada, y según lo que cuentan especialistas en la materia, el Obamacare es otro fiasco, un enredo socialistoide que no funciona ni funcionará jamás háganse las modificaciones que se les quieran hacer.

El caso es que Obama ha perdido frente a los republicanos, ni los mismos de su partido querían de él, apartarse del presidente era la consigna; y perdieron, así y todo. Algo habrán hecho mal, pero no esperemos ni siquiera a que se lo pregunten. Ya sabemos cómo van de sobrados los demócratas, tan perfectos, tan eficaces que se sienten ellos, tan creídos.

Peor que Obama se encuentra Hollande. En Francia 97 por ciento de los franceses piensan que Hollande es un verdadero inútil. Algunos prefieren que sea su primer ministro Manuel Valls quien tome las riendas. De un ridículo a otro, de una miseria a otra, de una metedura de pata a otra, así navega a la deriva el presidente. Ningún otro antes que él ha tenido semejante nivel de impopularidad. Ninguno antes que él ha deslucido tanto como este señor que todavía va con el hocico levantando creyéndose la última Coca Cola del desierto. Y éste sí que no tiene mujer que lo salve. O más bien, todas las que ha tenido lo han hundido, la madre de sus hijos, Segolène Royal, como ministra de la ecología se enfrente ahora mismo a unos problemas insondables con la muerte de un joven militante ecologista y el conflicto del Barrage de Sivens. Valérie Trierweiler, concubina y primera dama, es cada vez más célebre con su libro donde cuenta los desmanes del ex marido. Y Julie Gayet resiste en su mudez. Para muchos el romance ha terminado. Pero con estos políticos y este tipo de mujer nunca se sabe. El amor al poder les puede demasiado.

En cuanto al retorno de Sarkozy, bueno, otro fracaso, mucho ruido y pocas nueces. Mucho "me me, yo yo", en cualquier momento lo llamarán Mimí Yoyó como a cierto intelectual cubano. Nada resolverá su retorno. Entre tanto, Marine Le Pen sigue subiendo en las encuestas. Así nos va la vida, con estos cafres.

Son presidentes en el ocaso, pero en manos de ellos estamos todavía, por unos cuantos años más.

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