Niños cubanos encarcelados

Zoé Valdés

Desde el 11 de julio pasado, también tras el 15 de noviembre, el régimen castrista ha encarcelado a menores de edad por el mero hecho de que salieron a las calles a protestar pacíficamente. Algunas condenas judiciales han caído ya sobre ellos, van de entre 8 a 30 años de prisión en las terribles ergástulas de la isla. Una isla que, siendo fatalmente lo que es, una isla, cuenta con más prisiones que playas. Las condenas son duras para esos niños que no han hecho más que erigirse en la voz de todo un pueblo al clamar por su libertad.

Todo parece indicar que esos menores no importan a la Unicef ni a ninguna organización internacional de protección de la infancia. Por no importar, tampoco importan a los mismos cubanos, en su avaricia de salir huyendo a las primeras de cambio, protegidos por Gobiernos social-comunistas que se han arreglado con la tiranía para imponer en el extranjero a nuevos líderes del cambio-fraude para Cuba. La arrogancia de estos lidercillos da pavor. A mí no, ya a mí no me asusta nada. Pero algunos compatriotas andan aterrados y airados. Con razón.

Aquí podrán leer y conocer varios de los nombres de esos menores olvidados, tratados como salvajes, a los que al parecer no les asiste ningún derecho humano. El Gobierno de Pedro Sánchez, tan ocupado con sus menas marroquíes, ni siquiera se inquieta por la suerte de los cubanos. Me refiero al Gobierno español actual, pues ha sido ese mismo Gobierno el que ha hecho todo lo que el régimen de La Habana ha querido para sacar a Yunior García Aguilera de Cuba.

El dramaturgo se las trae, no más abre la boca y el hedor ñangareta oficialista de sus palabras y conceptos contamina a quilómetros. Yunior es de los culpables principales de que esos jóvenes estén hoy secuestrados y apresados allá en su archipiélago, aunque caribeño un real gulag. Él no sólo entregó nombres de esos niños a los represores mediante sus listas en las redes sociales, además lideró un movimiento al que traicionó dejando en la estacada a muchos cubanos que confiaron en sus promesas. Yunior recuerda a Fidel Castro en el Moncada, nunca llegó al cuartel, se perdió en el camino, por su culpa asesinaron a varios de sus compañeros; sin embargo, las víctimas fueron muchas más numerosas del lado del ejército de Batista. Un ejército compuesto por jóvenes cubanos que solamente cumplían el deber de defender el hospital que se hallaba adjunto al cuartel.

El caso es que la prensa española tampoco hace mucho más que el Gobierno español. Ni siquiera se ha querido enterar de los jóvenes presos y de las madres cubanas angustiadas e ignoradas. Uno de esos jóvenes, Diubis Lorenzo, fue asesinado el 11 de julio de un tiro en la espalda; su madre desesperada se suicidó. A nadie le importó, pocos lo mencionan. Borrón y cuenta nueva como todo lo de Cuba.

Con todo, menos con el socialista Yunior, que en menos de dos semanas se ha reunido con la crema y nata de la cúpula de los partidos españoles. Como buen socialista, no para de hablar basura y de prometer lo que no puede cumplir, como ya hemos visto con su marcha, que primero iría a hacerse el 20 de noviembre, luego el 15, después el 14, con una rosa blanca, comparándose con José Martí, qué tipo tan descarado… Finalmente apareció teletransportado en Madrid junto a la esposa. Ahora cuenta en la radio anécdotas de su estrambótica huida. De risa. De risa si no estuvieran ahora mismo encarcelados tantos jóvenes debido a su engaño.

Las víctimas aquellas del ejército de Batista guardan cierta similitud con la joven adolescente asesinada y quemada viva hace unos pocos años por una banda de italianos, turistas en Cuba, quienes prostituyeron, drogaron y prendieron fuego al cuerpo moribundo de la joven. Con la ayuda de otros cubanos escondieron el cadáver en unos matorrales. No sé en qué habrá quedado aquel espanto, no sé si hubo juicio, y si los autores del crimen fueron debidamente condenados. La similitud consiste en que nadie se acuerda de los jóvenes soldados que cumplían su trabajo, como tampoco de la adolescente asesinada en manos de unos italianos. Sin embargo, hasta existen quienes, queriendo pasar por opositores, se acuerdan más de aquel italiano que murió accidentalmente por una esquirla de cristal encajada en el cuello cuando un coctel molotov explotó en un hotel habanero, y culpan a los americanos del asunto, con todo el tralalá antiyanqui que ya conocemos.

A mí cualquier turista, de la nacionalidad que sea, que viaje a Cuba a gozar de los hoteles y de las niñas, adolescentes, que las asesina, y hace lo que hacen los turistas en países en los que se abusa de la falta de libertades, de facto me parece responsable de lo que le ocurra a él mismo, y culpable de lo que haga a los demás, incluido el abuso de menores y la prostitución por hambre. Una esquirla en el cuello de un turista me parece bastante poco en más de 62 años de horror tiránico.

Basta ya, resulta demasiado e insoportable lo que hemos aguantado. Ah, y que lo tenga en cuenta el Gobierno español, así como cualquier otro Gobierno: prohibido olvidar.

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