La mala idea

Zoé Valdés

Leo en un diario oficialista cubano de internet que Mick Jagger, de The Rolling Stones, se encuentra en La Habana con uno de sus hijos. Tanta gente presa por oír música de los Rolling Stones y ahora resulta que Mick Jagger visita la isla como si nada. Sigo leyendo y me quedo adormecida.

Estoy en una playa. Esa playa es Varadero. Llueve a cántaros y la arena está repleta de cadáveres que extrañamente pareciera que sonríen. Aparece una mujer, con un tubo ensangrentado entre las manos. "¡Yo los maté a todos!", exclama orgullosa.

Advierto más allá, a lo lejos, un alboroto. Me dirijo hacia allí. Han colocado una tarima, por aquí también hay muertos regados por doquier. Un hombre prueba un micrófono. Es un militar. Toca varias veces con la uña de su dedo índice el micrófono para comprobar que funciona: "Un, dos, tres, probando", dice.

Paró de llover, sale un sol fulgurante, los cadáveres siguen tirados en la arena, la gente que se acerca a la tarima les pasa por encima. De pronto aparece Castro II y todo el pueblo aplaude. Sí, porque en unos minutos se ha congregado el pueblo. Castro II se agarra del micrófono y presenta airoso al líder del grupo de rock inglés. Todos nos reímos. Hasta yo, que se supone que estoy dormida.

Mick Jagger sale al escenario, pero dice que no cantará porque se encuentra afónico, y añade que además encuentra bastante indecente el espectáculo de todos esos cadáveres sin que nadie les preste atención. "Ah, esos muertos están ahí para que cunda el pánico, y se me respete", espeta Raúl, más maricón que nunca.

La mujer del tubo en la mano se acerca dando tubazos al primero que se le cruce en el camino, la gente cae muerta como mosquitos. "La mala idea, por mala idea", va susurrando.

"¡Usted tiene que cantar porque yo se lo ordeno, como he ordenado a tantos otros en este país que canten y así lo han hecho!", continúa airado el pajarón en jefe.

Mick Jagger se excusa alegando que ha venido solo, o sea con su hijo, pero que no lo acompaña su grupo y que así no podrá cantar nada.

"¡Da igual, hombre, desgañítese ahí con lo que sea!", grita la pargaza con grados de general.

Mientras tanto más gente va muriendo bajo los tubazos de la cruel mujer vestida de gris, pero todos caen sonrientes, como si murieran contentos de morir por la patria, que es vivir. La veo venir hacia mí: "Mala idea, mala idea", musita.

Es entonces cuando me doy cuenta que estoy otra vez soñando que sigo atrapada en la isla maldita, acorralada en una pesadilla. Intento escapar en el mismo instante en que Mick Jagger se dispone a entonar "Satisfaction".

A continuación