Hipocondría, tortura, y Yunior despertó en Barajas

Zoé Valdés

Qué churrosa vida la que nos imponen. No hay un puñetero noticiero en el que no tengamos que oír la monserga del virus del PCCH, la vacuna en su dosis no sé cuánta, el dichoso cambio climático y para colmo, visto que se nos avecinan elecciones presidenciales en Francia, arrecia también la tángana de idioteces contra todo lo que no sea zurdo; o sea, contra todo lo que no venga de la izquierducha más obscena, resentida, plena de odio y de insensatez.

No tengo que preguntarme demasiado cómo serán las nuevas generaciones en este amargado planeta… Serán como las que tenemos en Cuba, formadas después de 1970, que fue más o menos cuando empezó a escasear lo esencial: educación, decencia. No pensarán ni analizarán nada; ya ni siquiera se esfuerzan, más que a través de una ideología que les secuestra el pensamiento y tritura sus ideas con el mortero del silencio.

La impiedad, la falta de compasión, la canallada, son el propósito, o el despropósito, como signo de esta época de simplismos y tecnologías, con gente que se cree inmoralmente inmortal, tontolabos distraídos con su propio ombligo. Revolucionarios, se hacen llamar, aunque muy a distancia de los gulags, de los campos de concentración y de los paredones de fusilamientos reales (existen los verbales de las redes sociales). Me refiero a los paredones con verdaderos asesinos y armamento con balas de las que abren agujeros en la frente o en el corazón, y se sangra hasta morir.

Los teatros, los cines, los negocios no se han recuperado de la crisis de la pandemia, que cuando apareció andábamos ya inmersos en una crisis anterior. Los editores exigen libros adecuados sin respetar la furia, la rebeldía, el ingenio, la repulsión. El apaciguamiento, la anestesia de la acción, imperan. Las letras controladas en una especie orden eclesio-militar, al igual que las imágenes. Nada de desnudos artísticos de grandes artistas y sus magníficas obras de arte, como no sea el porno duro de internet o el porno soft provocado por un torrente de mentiras, por ejemplo, de un tal Pedro Sánchez. Qué tipo tan peligrosamente pornográfico embarrado hasta el tuétano del churre y la sarna social-comunista.

A veces observo a través de la ventana desde donde escribo, y parafraseando una muy mala película documental: por el contrario, no miro mi vida. No distingo mi vida inmersa en ese ejército de enmascarados y encorsetados. Todos caminan hacia una misma dirección, unidos en el mismo rebaño de la corrección política: el social-islamismo, el sino-comunismo, el ruso-putinismo, la castro-sumisión. Todo ese horror en uno, que es, sin embargo, como el jarabe que les aplaca, el jarabe de garrote vil que hasta sabroso encuentran. Directo hacia el único matadero que les ha tocado como final, creen ellos que felices.

Sobrevivimos hipocondríacos y torturados al máximo, a la espera de un milagro. Y de eso saben bastante los serviles cubanos: de espera y de evocar milagros que nunca llegan. En fin, les llegó uno el 11 de julio de este año, pero no tenían plan ninguno. Ni siquiera esa oposición que recibe grants norteamericanos por un tubo y siete llaves y que viven de sus proyectos de humo frito, como diría Kiko Sao, tenía plan. ¿Qué plan van a tener para cuando se termine el castrismo, si es a ellos a los que menos les conviene que el castrismo llegue a su fin?

No contentos con el milagro que por fin Dios les prodigó el 11-J, los cubanos se inventaron un 15-N encaramados en un Archipiélago virtual, porque al parecer el real no les es suficiente. Un 15-N cacareado que ha sido un fracaso total, por crónica de una muerte anunciada. Anunciada solamente no, altamente pregonada a los cuatro vientos y hasta a la ventolera oficialista. Pero, como mismo reaccionan invariablemente los cubanos: para ellos el fracaso es una victoria, siguiendo aquello que afirmaba el Orador Orate en sus discursos interminables: "Convertiremos el revés en victoria".

Sesenta y tres años, dentro de poco, lo que no será nada. Comparado a la ridícula cancioncita de Raúl Torres, cuidado no lleguen por esa vía a esos pronosticados "62 mil milenios".

Pero volviendo al mundo, porque yo vivo en el mundo, y no en Cuba –Cuba es hoy más que nunca un Archipiélago aparente y viralizado en likes y trending topics, fuera del sistema planetario–; sigamos luchando para que el mundo siga siendo mundo, con sus defectos incluidos, y no se deje arrastrar por ese archipiélago maldito situado fuera de la órbita celeste. Por cierto, el líder de diseño de Archipiélago, Yunior García Aguilera, pasó de anunciar que caminaría con una rosa blanca el 14 de noviembre, pese a que había citado para el 15, y no hacerlo ni el 14 ni el 15, a estar todo el día dormido el 15 porque estaba muy agotado de estar posando detrás de unas persianas, a ser liberado por San CheZ, el amiguito de Díaz-Canel. No pudo salir de su casa, pero pudo tomar un avión e irse a Madrid, dejando a sus amigos de Archipiélago en banda, y a un mayor número de presos políticos tras el 15-N. Con salvadores como esos de la patria, ya me dirán…

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