Freedonia

Zoé Valdés

Lo que está ocurriendo en España y más precisamente en Cataluña es digno de una película de los Hermanos Marx, como en aquella titulada Sopa de ganso (1933), donde Groucho, haciendo como siempre de un raro personaje, llega a presidente de ese país llamado Freedonia, o Libertonia (en su traducción al español). Las mayores locuras acontecen en Freedonia gobernada por Groucho Marx en su papel de Rufus T. Firefly, elevado a presidente por los aristócratas de lugar. El populacho, como es habitual, trafucado y trafucante.

Si no fuera porque la risa se convierte rápidamente en mueca cuando leemos que los bancos más importantes, así como empresas que han enriquecido esa parte de España, y hasta la editorial Planeta, se largan a toda prisa de Cataluña, diríamos que la cosa podría ir de divertimento, y hasta de carcajadas. Pero no, el asunto se pone serio, más bien chungo. Lo que no ha impedido que en varios países europeos los Gobiernos se desternillen de la risa, aunque sea a hurtadillas, por no herir sensibilidades, y para que no crean que se burlan de sí mismos y de la Unión Europea y su moral maniatada ante los ocurrentes hechos.

Lo cierto es que sobre todo los que se han reído de lo lindo del Gobierno de España y de los españoles han sido los del Gobierno catalán y los de la CUP, así como Podemos y toda esa izquierducha catalana y española se siguen arrastrando con la burla, revolcados por el suelo. Porque lo han conseguido, han firmado en otro salón la independencia catalana, mientras Carles Puigdemont hacía a propósito el payaso (sólo le faltaba el bigotón y el tabacón al estilo Groucho Marx) en una conferencia de prensa retrasada por una hora (una hora, señoras y señores, ¿la puntualidad no era una ventaja catalana y desventaja española?) y en la que payaseó todo lo que le dio la gana sin que nadie interviniera para detener semejante bufonada. Pero, ojo, la independencia fue firmada.

¿Y Mariano Rajoy y el Gobierno español en pleno? Nada de nada. Freedonia ya es libre de hacer lo que le venga en ganas con sus peores protagonistas, en este caso al primero que se llevarán en la golilla: Puigdemont.

Mientras escribo esta columna espero a que comparezca el presidente del Gobierno hasta ahora reunido, que no hace más que eso, reunirse y decir bobadas babeadas, a ver si por fin sale con los calcetines zurcidos y los pantalones bien puestos. Porque de lo que sí está claro es que España tiene por el momento un Rey, y poco más.

Pues eso, nada, no ha dicho nada que podamos entender, al menos algo que comprendamos como una defensa de España, algo así como detener el golpe de Estado que hemos venido viendo en ralentí. Nada –o lo que es lo mismo, activar el 155 cuando a lo mejor ya es demasiado tarde–, reitero, Freedonia, o sea Libertonia, está en marcha, sin que nadie haga algo sensato por impedirlo. Hacia el islamocomunismo, que es de lo que se trata, con sus canales de televisión y medios de comunicación adoctrinadores y sus escuelas como patrones ideológicos más que centros del saber y del conocimiento. Tiempo al tiempo.

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