"Fascista" sí, "bruja" no

Zoé Valdés

Se ha armado la de San Quintín en el Congreso de los Diputados porque un diputado de Vox llamó "bruja" a una diputada del PSOE. El tema se amplifica desde el momento en que el diputado es de Vox y la diputada pertenece al PSOE, que si fuera a la inversa no correría tanto enojo ni tanta tinta, y mucho menos semejante chanchullo.

A mí que me llamen bruja me gusta cada vez más, quizás porque… ¡miren que he tenido que aguantármelo! De hecho, me han llamado de todo: loca, bruja, vieja, flaca, gorda, en fin, de todo como en botica… Ah, claro, olvidé también lo de facha, apócope de fascista, que a cada rato me lo escriben en letras gritadas, o sea en mayúsculas, por Twitter y por doquier. Como si a mí me importara a estas alturas.

Francamente, yo no hubiera llamado bruja a la diputada del PSOE, es que hasta para ser bruja hay que merecerlo y llegar a una cierta altura. Lo de ser bruja se trabaja, y mucho. Yo le habría llamado lo que es: comunista.

No sólo le habría llamado comunista, sino que además se lo hubiera largado en la cara, así, a pocos centímetros, tal como le hicieron a Macarena Olona hace poco, escupiéndole saliva en la mejilla, aunque a ella por el contrario la tildaron de fascista; aquello ocurrió y no pasó de ahí, ni tanta tinta ni tanto enojo, y ni una pizca de chanchullerismo. Y eso que el acto se hizo con un nivel de odio y de histeria que daba dentera. Pero, claro, como se trataba de una diputada de Vox, ya lo señalé al inicio, como si la matan en medio de la sesión. Ni caso…

Y, como estamos frente a una supuesta luminaria del PSOE, algo así como un bibelot de colección, una de esas cosas raras de porcelana delicada del socialismé; pues ahí sí que hay que sentenciar y expulsar, condenar y perjudicar; incluso si la falta no está contemplada como causa de expulsión del hemiciclo, incluso si el "bruja" usado como epíteto en otros casos sonara a piropo. Ay, no, que el piropo empeoraría el asunto

Pero. Se trata de uno de Vox que le ha dicho "bruja" a una socialisté del PSOE, y ya sabemos que estos son como de un oro fino, de un raro caviar iraní, o algo muy por el estilo, que no se puede ni tocar ni con una pluma de ganso.

A mí toda esta gente de la izquierda me resulta ya tan melindrosa y cansina que me pregunto cómo pude yo en el pasado no sólo apoyarles a algunos, además sonármelos y hasta oír y creerme sus falsas y mentirosas diatribas.

La gravedad del problema radica en que esta gente contagia rápidamente a toda la sociedad. En cuanto agarran el poder contaminan sus extrañas peculiaridades, y los más imbéciles, que son la gran mayoría de políticos, sean de la tendencia que sean, empiezan a regirse por la vara con la que estos sinvergüenzas miden a los demás. Ahí es donde el desastre ya no tiene marcha atrás.

Los peores son los adocenados de la prensa, los cada vez más mamertos. Por eso no me queda de otra que aplaudir a Macarena Olona, quien al ser increpada por una periodistucha se dio la vuelta, regresó marcando actitud (me encanta marcar actitud) y le preguntó a la pobreta si había reaccionado de la misma manera cuando días atrás otra bruja comunista la trató de fascista a pocos centímetros de su rostro, escupiéndola con la saliva de la ira comunista.

Aplausos y ovación para la diputada de Vox.

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