De Madrid a Europa

Zoé Valdés

¿Podremos seguir afirmando que de "Madrid al cielo" tal como dice el célebre refrán tras las próximas elecciones?

Siento defraudarles con mi respuesta, no creo que Madrid vuelva a ser lo que era antes de Manuela Carmena, en negativo, como es natural. Manuela Carmena no ha traído más que tristeza y descontento a Madrid, calles picoteadas, extremismo hasta en la forma de conducir y en las de caminar o deambular por una arteria en época navideña. Odio y hedor.

Manuela Carmena es lo peor que le ha podido ocurrir a Madrid, sólo superado por Ada Colau para Barcelona y Ana Hidalgo para París. ¿Mujeres? No. Monstruos del espanto y del esperpento. Odiadoras políticas profesionales. Amigas de tiranos, sustentos del horror.

Entiendo la preferencia de Pedro Almodóvar por esta señora. El prestigioso cineasta cree que vive eternamente dentro de una película propia. Uno de esos filmes suyos que pareciera que va muy en serio y no deja de ser, malgré lui-même, muy a su pesar, y para gusto de ciertos -sus- espectadores, "un decir", otra comedia-autopsia, otra tanatología de la sociedad enferma y muerta que proponen los comunistas y la izquierda en general. Es la razón -supongo- por la que adora a Manuela Carmena, porque desde el nombre hasta los propósitos políticos de este engendro político, todo en esta mujer responde a las características de uno de sus retorcidos y malignos personajes.

Estoy convencida de que si Almodóvar decidiera filmar una película con Manuela Carmena, Ada Colau, y Ana Hidalgo, sin contar otras pajarracas y pajarracos comunistas parisienses y madrileños, daría en el clavo y colmaría el mal gusto de la monumental mediocridad ambiental que nos rodea. Almodóvar sabe como nadie decorticar esos fenómenos, lo que sucede es que mientras más lo hace, más se introduce en ellos, como si el ‘alien’ que los contiene lo absorbiera y le sorbiera la sesera, se lo tragara aliñado de superiores ambiciones y caducas esperanzas.

Y sin embargo, Manuela Carmena no es más que el retrato hablado y cantado del atraso de esa izquierda cada vez más contraria al progreso y al bienestar humano. Manuela Carmena quiere convertir a Madrid, la capital de España (lo que ha logado en buena medida), en una provincia pobre y desdibujada de Europa. De esa Europa inmóvil, cuyas numerosas especificidades empiezan a ser borradas en favor de todos lo que no la aguantan, la desprecian, de los que anhelan, al final, eliminarla mediante el empobrecimiento real y espiritual.

Ese es el proyecto de Manuela Carmena y del bisoño que la acompaña: destrozar una gran capital que tuvo una poderosa personalidad cultural, para al final transformarla en un suburbio desértico y árido, violento y repelente, zombi y gris. En un escupitajo europeo, un gargajo tuberculoso, quoi.

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