Cuba: Navidades para ricos

Zoé Valdés

Hace algunos años escribí en una tribuna de El País cómo habían sido las Navidades de mi infancia y las maniobras que había tenido que hacer mi madre para inventar un arbolito navideño con lo que encontró a mano. Cuando aquello las Navidades en Cuba estaban prohibidas. Ahora viene la plagiadora de turno, la putica platanera, y me plagia aquella columna. Pero olvidó algo, olvidó decir que recientemente ella ha declarado que Raúl Castro está haciendo cambios, y olvida también que cada vez que puede se retrata con un personajero del régimen. Aparte este incidente también obvió situarse donde verdaderamente ella está ahora, situada en la clase de los nuevos ricos de Cuba. Y esos nuevos ricos no son precisamente los opositores, aunque los hay. Todo hay que decirlo.

En Santa Clara, un disidente pobre colocó un árbol de Navidad con su nacimiento, lo había conseguido en la iglesia. La policía entró en su casa y le desbarató el pesebre junto al árbol añadiendo que la Navidad era "para los revolucionarios", y que como él no lo era no tenía ningún derecho a ello. Es igual que ser homosexual en Cuba, sólo está permitido para los revolucionarios seguidores de Mariela Castro. De modo que ahora sólo los revolucionarios tienen derecho a celebrar las fiestas religiosas.

Por otra parte, ¿quiénes tienen derecho a poder comprar en las tiendas para millonarios que existen en Cuba? El pueblo no, desde luego. Sólo aquellos que, autorizados por el régimen, tienen entradas en divisas, salarios, derechos de autor. Los demás son pobres.

¿Ha cambiado algo desde el 17 de diciembre del año pasado, tras los discursos de Obama y de Raúl Castro? Nada. Los pobres son cada vez más pobres y los ricos más ricos. Y los ricos son todos los que están cerca del régimen.

¿Cómo viven las Navidades los ricos? Viajando a Miami o dándose la gran vida en Grecia, como hizo hace muy poco uno de los hijos de Fidel Castro. A ellos no les faltará nada. Ellos son los dueños del mambo.

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