(((MIÉRCOLES Carl, el escritor)))

Zoé Valdés

Tengo frente a mí la foto de Carlos Pereira, es venezolano y tiene 19 años. Lo encarcelaron hace dos meses, nadie sabe nada de él. Es un desaparecido más del régimen comunista castromadurista.

Es la foto de un niño zurdo, que escribe despreocupadamente en un cuaderno, mientras detrás de él la desolación se ampara de las calles.

Escribir en un cuaderno, ese es el único "delito" por el que han condenado injustamente a Carlos Pereira, por plasmar en su cuaderno lo que acontecía a su alrededor. Y lo que sucedía en su entorno era el horror, el odio. Pero él sólo escribía, su respuesta a ese rencor era la escritura.

¿Dónde estarán sus cuadernos, dónde sus palabras? Pero lo que más inquieta es ¿dónde estará Carlos Pereira, su persona?

No he oído todavía a ningún escritor de la progresía mundial levantar la voz por este joven cronista. Tampoco veo a demasiados periodistas por la labor. En Twitter su hermano y sus amigos desesperan. Algunos comentarios los secundan, y después el silencio.

En pocos días el violinista Wuilly Arteaga, otro joven detenido, recibió un respaldo descomunal de la prensa y de los activistas políticos internacionales. Hoy se sabe que lo soltaron, tras haberlo torturado salvajemente, debido quizás a esa presión mundial. La ausencia de su música, ese dolido silencio, hicieron al parecer el ruido necesario para que los esbirros decidieran liberarlo.

No ha sido el caso de Carlos Pereira, y sin embargo cuánto necesitamos de sus palabras, que son la observación precisa, inteligente, valiente y esencial para comprender cómo fue dos meses atrás la escalada de la violencia, de la represión, del crimen por parte del régimen en las calles de Venezuela.

No acostumbro a utilizar mis columnas para aglutinar opiniones ni aglomerar personas, pero en este caso, indignada y quebrada por la angustia, ruego a mis colegas escritores, a los periodistas, que alcen su voz y clamen por la libertad de Carlos Pereira, y por la devolución de sus cuadernos, de sus escritos.

Las torturas, las humillaciones, las violaciones de todo tipo, físicas y psíquicas, que están padeciendo los jóvenes venezolanos, ya las conocieron y conocen los jóvenes cubanos. Muchos de ellos jamás pudieron retomar sus instrumentos musicales ni sus plumas para escribir. Fusilados, desaparecidos, nadie reclamó por ellos. Sabemos que los verdugos son los mismos: la miserable canalla castrista.

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Antonio Chao Flores, fusilado a los 14 años en Cuba en 1962
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