Movistar y el Real Madrid

Sergio Valentín

El sábado, en la Asamblea de socios compromisarios, Florentino Pérez se quejó del trato que recibe el club que preside por parte de Movistar. Solo hubo que esperar un día, a que jugara su equipo, para que los hechos le dieron la razón. Me siento incómodo al cuestionar a cualquier compañero, a mí lo que me gusta es comentar fútbol, pero tampoco me sentiría bien conmigo mismo si censuro mis pensamientos. Y mi cuerpo, el mismo que se levantó sorprendido e indignado del sofá al escuchar las preguntas de Isabel Forner tras la victoria del Real Madrid al Granada, me pide que no me calle.

Movistar, operador que posee los derechos de televisión de LaLiga en España, tiene una responsabilidad mayor que el resto de medios de comunicación. Sus periodistas son las personas que inician el relato de lo que ha sucedido y, por lo tanto, de lo que luego se hablará en la calle y, aunque sea complicado, deben intentar ser justos e imparciales. Tras una exhibición del Real Madrid, con un 1-4 final, la crónica del partido debería versar sobre el poderío del Madrid, de la exhibición de Vinicius o la falta de recursos del Granada, salvo por Luis Suárez, para competir en dicho partido. Pues no es así. Un partido que pudo terminar fácilmente 1-7 desemboca en el inicio de un relato ajeno a la realidad, totalmente distorsionado. A Germán, defensa del Granada, y a Marco Asensio le preguntaron si tenían la sensación de que el árbitro había beneficiando al Real Madrid o, aún peor, si la expulsión de Monchu se hubiera señalado igual si no fuera el Real Madrid. En otras palabras, Isabel Forner, tras un 1-4 y una tarjeta roja bastante clara, preguntó si los árbitros pitan deliberadamente a favor del Real Madrid. Eso es intentar manchar la exhibición del Real Madrid. Eso es distorsionar el relato de la realidad. Siembran la duda en el espectador, que ahora se preguntará si era tarjeta roja y si se pita así porque es, simplemente, el Real Madrid. Por eso Movistar tiene más responsabilidad que el resto.

La cuestión ahora es si lo hacen de manera intencionada o no. Yo creo que no hay una orden interna, pero, para ser justo conmigo mismo, yo peco a veces de ser demasiado ingenuo. Sigo pensando en la neutralidad y las buenas intenciones de los árbitros y hace unos días Clattenburg nos contó, entre risas, que los Reyes Magos no existían. Sin información, no puedo profundizar sobre si Movistar tiene un propósito, pero sí me vienen a la cabeza dos apuntes al respecto que sí puedo y debo compartir. El primero es una comparación. Este pasado sábado, el Barcelona venció al Espanyol por un gol de penalti. No fue un 4-1. Fue un 1-0 y con un tanto que para muchos —entre los que me incluyo— no es penalti. ¿Se insinuó, se comenzó a construir desde Movistar el relato de que el árbitro había beneficiado al Barcelona y sí se hubiera pitado si no fuera el Barcelona? No. Nadie. Y por eso la comparación es muy llamativa. Y el segundo apunte tiene que ver con Javier Tebas, quien afirmó en una entrevista en la Cadena COPE algo que para mí es una salvajada, que controlarían las preguntas de los periodistas de Movistar tras los partidos porque había que seguir la línea editorial que marcan desde LaLiga. Si esto es así, yo le pregunto desde aquí a Javier Tebas si se va a permitir que se insinúe, desde Movistar, que los árbitros pitan intencionadamente a favor de un club, el que sea, en este caso el Real Madrid. Usted, al parecer, tiene ese control.

Dicho todo esto, sólo añadir que al igual que se reclamaba con Leo Messi, también hay que pedir que se proteja a Vinicius. Hay pocos futbolistas por los que merezca pagar una entrada de fútbol y más con estos precios. Hay pocos y, por cierto, cada vez menos en LaLiga. Uno de ellos es Vinicius. Es una maravilla verle jugar, seas del equipo que seas, es un futbolista con el que disfrutas y, si eres del Madrid, es como ver crecer a tu hijo. Hace dos días estaba caminando y ahora está en la Universidad. Hace dos días Vinicius era objeto de burla y ahora todos le temen. El niño del madridismo crece a pasos de gigante. Ya es mucho más que un extremo que crea peligro desde la banda. Está ensanchando rápidamente sus registros para ser un futbolista total. Tiene cada vez más recursos, ha ampliado sus zonas de influencia y es definitivo en el área rival. Ha mejorado la puntería, pero también su lectura de juego. Lleva 8 goles en 13 partidos, pero leí a Carlos Carpio que ha disparado sólo 18 veces a portería o, lo que es lo mismo, marca un gol cada 2,25 disparos. Dirán sus retractores, si es que queda alguno, que el que anotó ante el Granada lo marca cualquiera cojo. Ahí es donde tenemos que fijarnos en el otro factor que he citado, la lectura de juego. Fíjense en que Vinicius ya se mueve sabiendo lo que va a suceder en los próximos segundos. Él observa que Modric corre por detrás de él y hace el desmarque hacia adentro para arrastrar a su defensor, dejar la zona libre y le indica con su dedo a Benzema que tiene que pasar a Modric para, a continuación, correr hacia la zona del futuro remate. Eso es coeficiente futbolístico. Raúl González era un superdotado y por eso marcó tantos goles a placer como el de Vinicius ante el Granada. Quiero ver el crecimiento de este futbolista, tengo mucho interés. Intuyo que se está transformando algo en Neymar, un jugador sobrenatural que era incapaz de estar anclado en una banda, alguien que desafía con éxito a sus rivales con continuos regates. Alguien que es feliz hasta cuando recibe patadas (si no acaba en lesión), como la Monchu, porque aprecia la impotencia que genera en sus rivales.

El partido, a nivel colectivo, fue un recital del Real Madrid y, lo más importante, es de los pocos equipos que está haciendo buen fútbol, de los que te atrapan como espectador y de los pocos que, de vez en cuando, ganan partidos con relativa facilidad, como pasaba en la época de Zidane y Cristiano. Hay momentos en los que parece que pueden conseguir victorias rutinarias y esto puede ser determinante en una Liga que a priori parece muy igualada.

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