¿Vox o Ciudadanos?

Santiago Navajas

Rajoy tuvo un arranque de lúcido coraje, por una vez en su vida, y desafió a conservadores y liberales a que montasen su propio partido fuera del PP. Fue hace diez años y en este tiempo tanto Ciudadanos como Vox se han erigido como alternativas en el campo de la derecha a la inercia del PP a contemporizar con el marco de valores de los socialistas y a ceder ante las exigencias materiales de los nacionalistas.

La última muestra de que el PP es un partido, hoy por hoy, imposible de votar para alguien liberal-conservador fue la claudicación de Pablo Casado en el debate realizado por las mujeres de cada partido. El PSOE tiene representantes femeninos del calado de Carmen Calvo y Adriana Lastra, así que enviar a un debate de mujeres a María Jesús Montero es hacer de la necesidad virtud. Pero el PP mandó a Ana Pastor y relegó a Cayetana Álvarez de Toledo, lo que es peor que un crimen: un error.

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Ana Pastor es la muestra de que votar al PP es votar a una socialista de derechas. Dijo Pastor que el Estado de las Autonomías es lo mejor que nos ha pasado a los españoles. Que podría haber sido verdad si no fuese por la pereza y la cobardía de políticos como ella o Rajoy, que no supieron enfrentar la deslealtad constitucional de los nacionalistas y se dejaron arrastrar por el oportunismo cortoplacista de los socialistas. Por ello, el PP no puede liderar el proceso constituyente que hay que llevar a cabo en España para reconducir el Estado de las Autonomías hacia lo que debió ser en un principio: un Estado integral con transferencias a las regiones por motivos de eficiencia racional y no de sentimentalidad identitaria. Tanto el proyecto rupturista de Vox como el reformista de Ciudadanos apuntan en la buena dirección: a romper con el dogma de que hay que someterse obligatoriamente a los chantajes de los nacionalistas –porque si no, dan un golpe de Estado (lo van a dar de todos modos)- y de los socialistas –si no ganan ellos, se van de España en el primer avión (nunca se van)–.

La pereza y la cobardía son las dos causas de la minoría de edad intelectual, según estableció Kant en ¿Qué es la Ilustración? Es decir, los dos rasgos que han caracterizado al PP desde que Rajoy tomó el relevo de Aznar. Fue muy cómodo para el perezoso Rajoy dejarse llevar por el tsunami ideológico socialista, que impuso la Ley de Violencia de Género o la Ley de Memoria Histórica, y por la marea nacionalista, que con la inmersión lingüística vulnera los derechos de los ciudadanos que querrían elegir el español como lengua de educación. Y la cobardía es lo que llevó a Soraya Sáenz de Santamaría a convertirse en la política favorita de El País y a Feijóo en el lehendakari de Galicia.

Dejar a Cayetana Álvarez de Toledo fuera del debate es la señal de que el PP es incapaz por sí solo de presentar una alternativa liberal o conservadora a los socialistas y a los nacionalistas. Votar liberal es votar a Cs, votar conservador a es votar Vox. Votar al PP es votar a la derecha progre, es decir, cobarde y acomplejada, al estilo de Soraya Sáenz de Santamaría y Feijóo. Así que hacedle caso a Rajoy y votad, liberales, a Inés Arrimadas y, conservadores, a Rocío Monasterio. El resto es socialismo.

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