Rezar es delito en España

Santiago Navajas

Corren malos tiempos para la libertad de expresión. Pero no porque haya más censores, inquisidores y bomberos a lo Fahrenheit 451, sino porque hay menos personas concernidas en defender la libertad de expresión de aquellos que no son de su grupo de creencias.

La palma a la hora de arrasar la libertad de expresión se la lleva en la actualidad la izquierda. Además de su odio congénito a la libertad, domina el lenguaje orwelliano para encubrir sus crímenes ideológicos. Ignacio Escolar es el director del ultraizquierdista eldiario.es, pero podría ser el capo del Ministerio de la Verdad de 1984. Fíjese en este titular:

PP y Vox buscan tumbar la reforma que penaliza el acoso a las mujeres que van a abortar.

Donde "acosar" es la tapadera para evitar referirse a rezar y repartir folletos. Con una ley promovida por el Gobierno social-comunista y aplaudida por sus satélites, del PCE a Ciudadanos, la izquierda antiliberal pretende acabar con el derecho fundamental de los antiabortistas para protestar delante de las clínicas abortistas, lo que suelen hacer de manera pacífica, rezando y repartiendo folletos con leyendas tan ofensivas (sic) como "Al abortar, parte de ti también se muere". El relato del "acoso" según el periódico progre es "estremecedor" (sobre todo cuando lo comparamos con la violencia de los piquetes "informativos" que suelen emplear los sindicatos de izquierda):

En ocasiones se apartan y se mantienen rezando durante un día entero "por ti y tu bebé", exponen en las pancartas; en otras interrumpen la libre circulación de las mujeres, "les dicen que les pueden ayudar, que van a cometer un asesinato, que lo que llevan dentro es una vida" e intentan persuadirles y entregarles folletos "contra su voluntad".

Mientras indultan a los golpistas, los socialistas pretenden encarcelar a los católicos. El Estado de Derecho aguanta a duras penas en España. Para los medios de izquierdas, entre los que cabe incluir a RTVE, estar rezando durante horas merece una condena penal de un año. De este modo, el antiguo anticlericalismo de la izquierda más casposa y reaccionaria vuelve a resucitar en España, desde aquellos tiempos de la Segunda República en que los izquierdistas pegaban pedradas a un Cristo durante la Semana Santa, quemaban iglesias ("la que más brilla es la que más arde") y vulneraban el derecho a la educación de los jesuitas, a los que echaron de España por las mismas fechas en las que uno de ellos publicaba un artículo que cambiaba la historia de la cosmología al defender científicamente la existencia de una creación desde la nada, de un Big Bang.

¿Cabe conciliar la ley sobre despenalización del aborto con la libertad de expresión de sus oponentes? La solución es la que ya se ha llevado a cabo en otras partes del mundo: un cordón de seguridad de 150 metros alrededor de las clínicas que permita expresar la disconformidad con los abortos al tiempo que se garantiza la debida privacidad a las mujeres que decidan interrumpir su embarazo (un cordón de seguridad, por cierto, que también se debería imponer a los sindicalistas que pretendan informar a los trabajadores que no secunden las huelgas).

Como coda, cabe constatar que Ciudadanos ha acusado al PP de votar junto a Vox, al tiempo que el partido de Inés Arrimadas se pone de parte de los comunistas, los golpistas y los socialistas. El Ciudadanos que se guiaba por principios y pensamientos en lugar de por consignas y estrategias demoscópicas se habría opuesto a esta ley porque es liberticida y busca el enfrentamiento social en lugar de la concordia civil. Pero el colmo de la iniquidad intelectual, la desvergüenza política y la vergüenza moral se la lleva el PP de Pablo Casado, en el que 79 diputados de 88 votaron a favor de meter en la cárcel a las personas que quieran rezar de acuerdo con sus creencias (¡dicen que se han vuelto a equivocar al darle al botón de votar! Teo García Escudero sabrá de escupir huesos de aceituna, pero de política, ni idea).

Decía que corren malos tiempos para la libertad de expresión, pero son muy buenos para las paradojas: ahora resulta que rezar es un pecado penal, vulgo delito.

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