¡Madre mía, los 'haters' de Mourinho!

Santiago Navajas

Mourinho ha vuelto a realizar una gesta. En su primera temporada en el Chelsea ha sido capaz de llevarlo a las semifinales de la Champions con un equipo con más potencial que realidad efectiva. Lo mismo cabe aducir a favor de Guardiola. Aunque el Bayern de Múnich venía de ser el campeón, como muestra la reciente historia es muy difícil que un equipo mantenga la proporción justa de ansia competitiva, concentración en el juego y, claro, la precisa dosis de suerte para revalidar el título. Por supuesto que en el deporte profesional lo único que cuenta es la victoria. De hecho, el Real Madrid y el Atlético serán tan perdedores como el Chelsea o el Bayern en caso de no levantar la Orejuda. Pero desde el punto de vista analítico, no empañado por simplezas de aficionados ni maniqueísmos de haters (o lovers), hay que reivindicar la labor de Guardiola y Mourinho en estas sus horas bajas, ahora que lo fácil, cómodo y estúpido es hacer leña del árbol caído.

En el caso de Mourinho, además, hay que decir que el Real Madrid flamante finalista le debe mucho por el espíritu competitivo con el que le sacó del hoyo de los cuartos. Si finalmente el equipo blanco lograse el título, el papel de Mourinho sería semejante al de Moisés cuando llevó al pueblo judío a Israel pero él mismo no pudo pisar la tierra prometida: el hombre consiguió parar a un Barcelona que estuvo a punto de marcar el destino futbolístico del siglo XXI. Lo que no quita méritos a la inteligente gestión de Ancelotti de un vestuario complicado en el que su primera decisión fue refrendar la decisión más criticada del anterior entrenador: dejar en el banquillo a Casillas en la Liga, un zas en toda la boca a los haters de Mourinho, que tuvieron que tragarse su mitificación del cancerbero. Cualquier madridista que no tuviese por cerebro un puñado de pipas le estaría agradecido para siempre.

Por lo que respecta a su verdugo, el brillante Atlético dirigido por Simeone, sería una justicia poética que el entrenador que de manera pública más ha reconocido su admiración por Mourinho, su juego directo, veloz y versátil (defensivo u ofensivo, de acuerdo a las características propias y del contrario), pudiese levantar la copa en Lisboa. Su táctica de "partido a partido" es deudora de aquel anuncio en el que Carmen Maura terminaba por comprarse un abrigo de visón ahorrando "tacita a tacita". O del personaje que interpretaba Ethan Hawke en Gattaca, que conseguía derrotar a su hermano mucho más dotado genéticamente porque, le decía, "nunca me reservé nada para la vuelta".

Como es habitual, los mismos periodistas españoles que recriminaban a Mourinho su falta de modales al tiempo que le llamaban "nazi portugués", y de esta manera incitaban a su linchamiento ("Mourinho, muérete"), han vuelto a vociferar como hooligans en lugar de como periodistas. Por ejemplo, Santiago Segurola, el Carlos Boyero de la crónica futbolística, que en una tertulia radiofónica tildó al poseedor de dos copas de Europa con dos equipos diferentes de "chuflas", además de despreciar de manera clasista y machista a Eleonora Giovivo, "becaria que no iba a darle a él lecciones de fútbol", porque la periodista –que, como suele suceder, ha superado al maestro por goleada– defendía que hay diversas formas de plantear el fútbol. Y es que poner a comentar a Segurola una táctica de corte defensivo es como encomendar a Boyero la crítica de una película de Lars von Trier o Abbas Kiarostami. Para los rancios escribidores, todo lo que no sea Oliver y Benji resulta demasiado complicado y aburrido. En ambos casos, de Segurola y Boyero, lo que muestran con sus críticas destructivas a Mourinho y a Miguel Gomes (por referirnos sólo a lusos a los que tienen manía) es su propia ignorancia enciclopédica, su impotencia conceptual, su miseria moral y la limitación discursiva que ocultan tras unos calificativos tan soeces como simplistas.

"Una película no es perfecta si no logra el éxito", era la máxima de Hitchcock. Mutatis mutandis para el fútbol, que tampoco es procedimental. Por ello, seguro que Mourinho está planeando qué tiene que innovar en el Chelsea para terminar ganando la próxima temporada. En el caso de Guardiola, tendría que precaverse de lo que le adulan disculpándolo con un envenenado "ha sido fiel a sus ideas", que no es sino el elogio de la simpleza ideológica, el fanatismo como virtud y el suicidio como una de las bellas artes.

En definitiva, cabe aplaudir a Ancelotti y a Simeone y reivindicar al tiempo a Guardiola y a Mourinho. Simeone le ha dado un baño histórico a Mourinho, sólo comparable al que recibió Guardiola de Ancelotti. El portugués y el español, vidas paralelas. Pero de lo que se trata ahora es seguir el sendero de Kipling,

si puedes experimentar el triunfo y la derrota
y tratar a esos dos impostores exactamente igual,

para, a continuación, como Sísifo condenado a empujar eternamente una roca,

perderlas, y empezar de nuevo desde el principio
y no decir ni una palabra sobre tu pérdida
(…) ¡Resistid!

Como coda: el precio que había que pagar por una final española era una mayoría absoluta de Rajoy de nuevo. Luego no os quejéis.

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