Lady Ayuso

Santiago Navajas

"La derecha española no está sobrada de líderes, y sí, en cambio, plagada de mequetrefes" decía El País cuando dimitió Fraga. Las loas al líder conservador por parte del periódico progre no eran sino la aplicación del refrán "A enemigo que huye, puente de plata". Por supuesto, hizo lo que pudo el panfleto de Cebrián para que en la derecha española prosperasen mequetrefes: cobardes intelectuales, adocenados ideológicos, acomplejados culturales. En esto llegó Aznar y mandó parar. Un tiempo. El que tardó en rendirse, mediante expolio de Antena 3 por parte de Prisa, al poder fáctico decisivo desde la Transición. Lo que culminó colocando a Rajoy, un registrador de la propiedad que no poseía una sola idea significativa, más allá de chascarrillos de casino de pueblo, y que acabó su vida política reducido a bolso de Soraya Sáenz de Santamaría, a la que había designado como sucesora con la misma desidia e incompetencia habitual. Finalmente, la candidata del Ibex 35 y amiga de golpistas no pudo llegar a tomar las riendas del PP, pero porque se cruzaron en su camino quienes eran todavía más mequetrefes que ella, Pablo Casado y Teodoro García Egea.

En contraposición, Isabel Díaz Ayuso es una líder que causa pavor entre los pijos de la izquierda caviar, los nacionalistas de ocho apellidos xenófobos y, sobre todo, los petimetres de la derecha meapilas. No es de extrañar esta conjura contra ella dentro de su propio partido por parte de necios, emasculados y traidores. La felonía es una tradición en la derecha como pudo constatar Manuel Fraga en su discípulo, siervo y secretario general, Jorge Verstrynge. El temor que despierta Díaz Ayuso entre nacionalistas y socialistas sólo es comparable al de sus propios compañeros del PP. Algo que ya le sucedió a Cayetana Álvarez de Toledo, vilipendiada por la habitual manada de golpistas, terroristas, feministas de género, socialistas de clase y demás ralea que en España pasa por lo políticamente correcto. El problema de la dupla Pablo-Teodoro es que son dos hombres sin atributos. O, mejor dicho, Casado tiene ideas pero no tiene carácter, mientras que García Egea tiene carácter pero no tiene ideas. Ambos, demediados, envidian en la dupla Isabel-Cayetana esa entereza de la personalidad política.

Con Vox como herederos de la AP de Fraga (gaullista, populista y socialdemócrata) y el PP naufragando en el desideologizado centro centrado, Isabel Díaz Ayuso se ha convertido en la abanderada de una derecha liberal reformista e innovadora. El PP clásico está tan preocupado de ser la linde ideológica del PSOE, no vaya a ser que los tachen de "ultraderecha", que Díaz Ayuso, proponiendo un cambio de paradigma en valores y en políticas, los ha dejado fuera de juego.

Lady Godiva es un personaje de leyenda inglesa. Aristócrata compadecida de los sufrimientos de sus siervos, a los que su marido esquilmaba con impuestos abusivos, se solidarizó con ellos. Se paseó desnuda por Coventry como requisito exigido por su marido para bajar los impuestos. Los habitantes se encerraron en sus casas para no mancillar su desnudez. Se non è vero, è ben trovato.

¿Por qué esa inquina a Isabel Díaz Ayuso? En toda la izquierda y, ojo, en gran parte de la derecha (la centrista, tecnócrata, estatalista, partidaria del acomodaticio statu quo). La cuestión de fondo se centra en una palabra: libertad, y en una ideología: liberalismo. Como decía, primero fueron a por Cayetana… El liberalismo es la gran amenaza contra el consenso progresista-nacionalista que consagra dos asimetrías: entre territorios, lo llaman "derechos históricos", y entre ciudadanos, lo llaman "perspectiva de género". Sólo el liberalismo se atreve a reírse de estos dogmas progres.

Díaz Ayuso, Lady Godiva de Madrid, resulta tan odiada no solo por bajar impuestos, sino por bajarles los humos a los que detestan a España (todos los nacionalistas y demasiados a la izquierda) y a la libertad (todos los nacionalistas, casi todos los socialistas y buena parte de la derecha).

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