Ha muerto un liberal

Santiago Navajas

Ahora que corre la tinta por el pacto entre el PP y Vox, y las críticas se mueven entre la histeria y el postureo de la izquierda más radical (o sea, toda), cabe recordar a Antonio Martino. Recientemente fallecido, el economista, político e intelectual liberal italiano fue uno de los fundadores de Forza Italia y uno de los hombres más cercanos a Silvio Berlusconi, para el que trabajó en diversos ministerios. Martino estudió en la Escuela de Chicago de Milton Friedman, al que siempre veneró, y fue incluso presidente de la Sociedad Mont Pelerin, la más célebre de las instituciones internacionales liberales.

En Italia estuvo al principio vinculado al Partido Liberal, pero cuando este fue barrido –como muchos otros partidos– por el descubrimiento de la corrupción que asolaba la política transalpina Martino fue uno de los liberales que transitó por la vía posibilista y pragmática del populismo personalista de Berlusconi.

Como alumno de Friedman, cabe suponer que Martino había aprendido de su maestro la importancia de aliarse si hacía falta con el diablo, ya fuese el Chile de Pinochet o la China comunista, a la hora de hacer prosperar las ideas liberales, de modo que la libertad y la prosperidad llegasen donde fuera lo antes posible.

Este liberalismo de Realpolitik es el que planteó Martino toda su carrera, con libros como Stato Padrone, en el que resumía su visión liberal, cercana a Reagan pero acompasada al sueño europeo, similar pero no idéntico al americano.

Del mismo modo que fue el liberal Luigi Einaudi el que construyó la Italia post Guerra Mundial según el modelo del Estado de Derecho y una economía de mercado sensible a los problemas sociales, al estilo de lo que Walter Eucken y los ordoliberales estaban haciendo en Alemania, Martino sirvió como fuente de inspiración liberal en un país como Italia, en el que las tendencias estatistas y autoritarias son tan intensas. Los italianos colgaron a Mussolini pero asumieron en gran parte sus tesis nacionalistas y socialistas, la tentación del carisma y la perversión del circo oratorio.

A diferencia de tantos liberales abonados a una escolástica incapaz de superar un complejo de pureza doctrinaria, una jerga periclitada y una fuentes obsoletas, Martino fue más allá de los dogmas economicistas y mecanicistas habituales en los liberales para dotarse de una visión más compleja, política y antropológica, que desarrollase un liberalismo completo.

Nunca fue designado por Berlusconi responsable del área económica, sino de Exteriores y Defensa, donde su inglés con acento de Chicago servía para tejer relaciones, sobre todo, con el amigo americano. Sin duda, su liberalismo económico asustaba a los conservadores favorables al torticero capitalismo de amigotes de Berlusconi, pero ¿qué mejor lugar para influir a la liberal en el poder efectivo, Twitter o un ministerio?

Irónico y elegante, inmune a las críticas más acerbas y la rabia más rastrera, Martino fue el liberal traspasado a la política que necesitamos: alguien capaz de asumir las servidumbres del poder sin convertirse él mismo en un siervo. Parece como querer cuadrar el círculo, pero muestra simplemente que las paradojas son el alimento del liberal, que debe tener siempre una mirada superadora de la partitocracia sin caer por ello en la desidia, la desesperanza o el nihilismo.

Descanse en paz, Antonio Martino (22 de diciembre de 1942 – 5 de marzo de 2022).

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