Escohotado y el Real Madrid

Santiago Navajas

Hay dos tipos de lectores prototípicos de La forja de la gloria, el libro de Antonio Escohotado sobre la historia del Real Madrid. En primer lugar, claro, los aficionados del Real Madrid en particular y del fútbol en general. Hay quien busca sentido a la vida en la religión, el amor o la política, pero hay que incluir entre las fuentes de significado al fútbol (el culé Vázquez Montalán dixit). Y si la religión tiene en el Vaticano su centro neurálgico, o el amor en Platón a su teórico más excelso, no hay discusión posible en que nada representa mejor al fútbol que el Real Madrid, rey soberano de la Champions League y cuyo estadio, el Santiago Bernabéu, es el kilómetro cero de todas las competiciones futbolísticas.

Pero también hay un segundo tipo de lector para la prosa inconfundible de Escohotado, precisa y hermosa, ya que La forja de la gloria se puede leer como un apéndice de su obra magna, Los enemigos del comercio. Dado que el Real Madrid ha sido objeto perenne de envidia y resentimiento por parte de los adversarios de la excelencia, el éxito y la meritocracia, es legítimo leer el ensayo futbolero de Escohotado como un estudio de caso en el que el Real Madrid simboliza y encarna el comercio, la propiedad privada y, en suma, el capitalismo como fuente de prosperidad y empoderamiento de lo humano que defendía el filósofo recientemente fallecido.

Escohotado ha visto jugar a Zarra y a CR7, a Di Stéfano y a Puskas, a Pelé y a Cruyff. Los sistemas con cinco delanteros del primer Real Madrid imperial, el fútbol total de Rinus Michels, el catenaccio de Helenio Herrera y la escuadra invencible de Sacchi en Milán. Estuvo en Maracaná en 1950 cuando España venció a Inglaterra, y jugó en la arena de Copacabana con Luis Molowny. De ahí llegó a probar en los alevines del Real Madrid. Como en el caso de Julio Iglesias y la canción, lo que perdimos como futbolista lo ganamos en filósofo, sociólogo e historiador. Si Holanda era la Naranja Mecánica, Escohotado era el Pensador Dialéctico.

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Esa capacidad dialéctica hizo de Escohotado el más indicado para escribir esta breve historia del Real Madrid, alejada de los habituales tics y mantras que acompañan a la prosa deportiva, ya que es necesario una mirada tan poliédrica como la suya para descifrar un equipo que es un mito envuelto en una fábula dentro de una leyenda. Desde sus orígenes catalanes a la pérdida de la realeza durante la Segunda República, pasando por sus años de sequía durante el franquismo más duro, la gloria europea y los años de barbecho hasta culminar en la Edad de Platino con Florentino Pérez, Escohotado sabe definir al Madrid como el equipo que, al igual que Jano, tiene dos caras, la cosmopolita y la cañí, la global y la de barrio. Y tiene más razón que un santo al comparar al Real Madrid con Sísifo, el titán de la mitología griega condenado a subir repetida y eternamente una gran roca a la cima de una montaña.

Decía Albert Camus que había que sospechar que Sísifo, después de todo, era feliz cumpliendo su tarea. No cabe duda de que el Real Madrid es feliz jugando finales de Copas de Europa, fiel a su destino. Tampoco tengo la menor duda de que Escohotado fue feliz escribiendo sus crónicas deportivas sobre el Real Madrid en Libertad Digital y La Galerna. Precisamente el director de este último medio, Jesús Bengoechea, complementa el ensayo de Escohotado con el escrito "El detalle de la gloria", que pone el microscopio sobre el Real Madrid como Escohotado pone el telescopio. Por último, es su hijo Jorge Escohotado el que culmina el libro con un "Manifiesto madridista". Lo que, por cierto, nos ilumina sobre un posible tercer destinatario del libro: los hijos de todos aquellos madridistas que quieran hacer partícipes a sus herederos no sólo de sus propiedades sino de su principal bagaje espiritual.

Aunque cabe lamentar que Escohotado no haya vivido lo suficiente para contemplar el nuevo Santiago Bernabéu en todo su esplendor, sí pudo recibir en su casa de Ibiza al presidente que tanto admiraba, Florentino Pérez, con quien aparece en una fotografía en la contraportada, y escribir esta declaración analítica de amor al Real Madrid, que, como él mismo y en sus palabras, se caracteriza por el "afán de excelencia". El mismo afán de excelencia que era el signo de la distinción de Escohotado. Descanse en paz el filósofo, y gloria eterna a su memoria.

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